Wiki Creepypasta
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Las calles estaban adornadas con calabazas, murciélagos, gatos negros, todo alusivo a Halloween, ya los niños comenzaban a pedir dulces en las casas de la cuadra, a pesar de ser una fiesta popular a muchas personas suele no gustarle la fascinación a esta celebración así como la señora Tons, una viuda sin hijos que vive encerrada en su casa, no es una persona amargada solo que es poco sociable.

Esto no le agradaba mucho a Erick y su grupo, estos chicos siempre se meten en cualquier tipo de problema debido a sus travesuras, y esta noche no sería la excepción.

– Erick que haremos esta noche, no crees que ya estamos grandes para pedir dulces – Dijo Billy

– Para nada, a mí me gusta comer dulces pero te aseguro que no me disfrazare para nada, además me gustaría quitarle los dulces a los tontos de los gemelos Gómez – Dijo Erick muy relajado

– Pienso que no deberíamos quitarle los dulces  a unos niños Erick no seas así, vamos a pedir nuestros propios dulces yo creo que no habrá problema, además quien no querría darle dulces a tres chicos adorables como nosotros – María arrastro a sus amigos a pedir dulces cada por cada.

A pesar de tener ya 12 años a las personas del vecindario no les importo, llenaron sus bolsas de suficientes dulces como para pudrir sus dientes en solo una noche, todo iba bien hasta que llegaron a la casa de la señora Tons.

– Detente Erick, a la señora Tons no le gusta el Halloween nuestros padres nos lo han dicho – Dijo María tratando de convencer a su amigo.

– Patrañas, vamos esa vieja bruja debe tener dulces guardados –

Llamo a la puerta y efectivamente estaba la señora Tons, no muy complacida por la interrupción

– En que epodo ayudarte jovencito – Dijo la señora sabiendo la respuesta que le esperaba.

– ¡Dulce o truco! – Dijo Erick fuertemente

– Déjenme en paz o llamare a sus padres, muchachos groseros – Dijo la señora Tons aventando al puerta.

Los chicos se alejaron del lugar para contar sus dulces en la plaza donde había muchos niños jugando y corriendo por el lugar.

– No debiste hacer eso, ahora esa vieja nos acusara con nuestros padres y me castigaran – Dijo María muy molesta.

– Esa vieja no sabe con quién se metió, como no quiso jugar con nosotros pues vamos a darle su travesura de la noche – Dijo Erick levantándose de la acera.

Los tres chicos buscaron huevos y papel higiénico, hicieron un completo desastre que les valdría un castigo de por vida pero estaban dispuesto a correr ese riesgo.

– Saben que entremos a su casa, parece estar durmiendo, ya que no se ha despertado con todo el ruido que hemos hecho – Sugirió Billy

– Entremos de una vez – Dijo María tomando de su cabello un gancho el cual utilizo para forzar la cerradura.

Una vez dentro los chicos fueron a hurtadillas hasta la cocina y comenzaron a sacar todo de la nevera, comenzaron a romper los huevos, abrir las cajas de comida congelada, derramaron el jugo, tomaron harina de trigo y esparcieron por los mesones.

– Esta vieja tacaña tiene de todo para hacer galletas pero es tan tacaña que no las hace para no compartir – Dijo María vertiendo la leche en el suelo.

– Saben que es raro que esa vieja bruja no nos haya oído, vamos a despertarla – Dijo Billy dirigiéndose a la sala a encender la televisión – Chicos no enciende que raro pero hay electricidad –

– En realidad solo un bombillo es el que esta encendido el resto de la casa está a oscuras – Dijo maría observando la casa mucho mejor.

– Bueno chicos creo que es hora de irnos – Dijo Billy asustándose un poco, se dirigió a la puerta, intento abrirla pero fue en vano – No abre – Su cara se llenó de pánico

– No seas idiota, déjame a mí – Dijo Erick apartando a su amigo, intento abrir la puerta pero no lo logro.

– Chicos, Las habitaciones no abren tampoco, es como si fueran de concreto, no se sienten como puertas comunes – Dijo María Asustada

–  Miren por la ventana, esa no es la señora Tons – Todos se asomaron y vieron a la señora hablando con los padres de Erick, a plena luz del día.

– No los vi luego de que vinieran a pedir dulces, les dije que no celebro este tipo de celebración pero en compensación les di 10 dólares a cada uno – Dijo la señora Tons muy conmovida.

– Muchas gracias Guillermina, cualquier cosa que sepas de los niños nos puedes informar por favor – Dijo Endry el padre de Erick.

– No se preocupen, seré de ayuda en lo que haga falta, me ofreceré de voluntaria para buscarlos también –

– Se lo agradezco mucho señora Tons, con todo mi corazón, ahora nos tenemos que ir, tenemos que visitar otras casas y ver quiénes fueron los últimos en haberlos visto, el resto de los padres nos están esperando afuera – Dijo Rocío la madre de María.

– Descuiden, me comunicare de inmediato a penas sepa algo – Dijo Guillermina Tons despidiendo a sus invitados.

Tons cerró las puertas y ventanas de su casa, tomo su plomero y comenzó a sacudir el polvo de sus muebles, realizaba sus quehaceres de forma normal, sin prestarle atención a nada pero lucia bastante feliz, demasiado para ser ella.

– Sé que pueden verme mocosos insolentes, espero disfruten de su nuevo hogar, algo acogedor, aunque me disculpo por la decoración es que como se imaginaran no esperaran que les de comodidades aquellos que arruinen mis días – dijo Guillermina tomando asiento en su sofá

– Espero aprendan la lección por ser tan idiotas, no me gustan que molesten cuando hago mis hechizos en noche de Halloween, ustedes solo fueron víctimas de su imprudencia, ahora la pagaran encerrados en mi casa pero sin vivir realmente en ella, espero distribuyan muy bien sus provisiones ya que les tiene que durar hasta el siguiente Halloween cuando la puerta puede ser reabierta – Estallo en risas

– ¡Cómo es posible! – Dijo maría entrando en pánico

– Chicos miren ahí al lado del televisor – Dijo Billy muy asustado señalando

– Espero el olor del resto de los niños no los moleste ya que muchos han querido molestarme pero terminan muriendo como las sabandijas que son, muy probablemente ustedes terminen así – Dijo Guillermina estallando nuevamente en risas.

Los chicos comenzaron a llorar, empujaron la puerta tan fuerte como sus brazos le dieron, pero por más que patalearon, por más que lloraron, la puerta nunca se abrió.

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