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Ya que era un amante de la naturaleza, Omar había estado planeando toda la semana en pasear por el bosque; visitaría un retirado y solitario, pero hermoso lago. Como aquél domingo el Sol radiaba con intensidad, Omar se dirigió al bosque. El camino era de tierra y estaba rodeado por árboles. Debido a numerosas desapariciones de personas en ese lugar, Omar había escogido las horas de la mañana para pasear; tendría empero cuidado.

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Todo transcurría con normalidad; mientras la luz solar se colaba por entre las ramas y hojas del espeso bosque, Omar escuchaba música, relajado. Había, sin embargo, dos misteriosos hombres en la ruta hacia el lago. Al ver que se aproximaba el auto de Omar, intentaron detenerlo. No obstante, Omar aceleró, pensando que lo atacarían.

—¡Oiga! ¿Qué hace? ¡Deténgase! —le dijeron, al pasar junto a ellos.

«¡Por Dios! ¿Piensan aquellos tipos que me detendré?»

Omar los dejó atrás. Después de otro par de horas de conducir, llegó al lago. Era un lugar tan hermoso como esperaba. Estacionó su vehículo al borde del camino junto a unos matorrales, y se acercó al lago. Al otro lado de las aguas, había una mujer que vestía un traje blanco, cuyo rostro no podía ser admirado por la lejanía. Parecía vigilar a Omar, desde dicha distancia.

Omar le hizo señas con las manos. Mas la mujer no reaccionó. Omar, sin darle importancia, ingresó al lago. Aquella mujer se desvistió y al igual que Omar, entró a las aguas.

«¡Vaya! Parece que este paseo resultará mejor de lo que he pensado»

Omar se alegró de verla meterse al agua; pero ella, en lugar de nadar, caminó hasta sumergirse. Omar nadó sorprendido hasta el centro del lago, pensando que, quizá, la mujer se ahogaba; a pesar de buscarla, no la vio sino hasta que, en el fondo del lago, una mano femenina lo sujetó. Omar nadó asustado y desesperado hacia la orilla; solo pensaba en regresar.

Al salir del agua, Omar levantó la mirada; allí estaba aquella mujer, en efecto, desnuda. No obstante, era un cadáver; su pálido rostro, el cual se encontraba podrido, brotaban gusanos, no era otro que el del mismo Omar. El semblante de Omar se empezó a desfigurar, y gusanos comenzaron a brotar de él. Cuando sufría y gritaba, la mujer lo arrastró al fondo del lago.

Los gritos de Omar fueron tan fuertes que los tipos que lo habían intentado detener corrieron hacia dicho lugar. Pero sólo encontraron el auto abandonado de Omar.

—Mira. Este es el auto de aquel tipo; pero no lo veo por ninguna parte.

—Espera, José. Mira allí en la orilla. ¿Son aquellos sus pies? Vamos a sacarlo.

Mientras su amigo fue con prisa a sacar el cuerpo de Omar del agua, José vio, al otro lado en la orilla, a una mujer mirándolos.

—Espera, Manuel. No lo toques, ni veas su rostro. ¿Ves aquella mujer?

—Sí ¿Quién es?

José, con mucho cuidado, empujó del cuerpo de Omar dentro del lago, cuidando no poner ni un solo pie dentro del agua. Luego, tomó del brazo a Manuel y caminó de espaldas sin quitar la vista de aquella mujer.

—¿¡Qué sucede, José?! ¿Por qué has hecho eso? ¿No lo ayudarás?

—No, Manuel. No podemos hacer nada. Por eso, lo quería detener cuando lo vi. Nadie se debe bañar en este lago. Este lugar es de aquella mujer sin rostro. Nunca pensé verla. Jamás, Manuel, pero jamás, pongas un pie en este lago. Si no, ella te mostrará tu muerte.

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