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Hace un par de años atrás, recuerdo perfectamente lo que ocurrió aquella tarde, en un invierno del 2004.

Estaba en casa, como de costumbre, jugueteando y metiéndome en el armario de mi madre, me probaba su ropa, y me calzaba sus zapatos.

Ya se habían hecho las 4:30 de la tarde, me cansé.

Subí a la cama de mis padres, estaba ubicada en el segundo piso, ellos habían salido a comprar alguna cosa para comer.

Pensaba en cómo sería una vida, con todas las muñecas que quisiera, claramente uno de los sueños de toda niña, en especial el mío ya que, tenía en ese entonces 4 años.

Cuando de repente siento un ligero cosquilleo en mi brazo, simplemente lo ignoré, creía que se trataba de alguna mosca molesta, seguía pensando en mi vida con muñecas, peluches o tener a mis amigos cerca, pero… Sin embargo, volví a sentir ese cosquilleo, y decidí mirar. Quedé perpleja, no sabía qué hacer, había empalidecido del susto.

Era una araña, claro ustedes dirán, ah claro, una araña, no es gran cosa.

Pero para mí era algo monumental mente monstruoso, ya que se trataba nada menos que una araña de rincón, sí, de esas que se encuentran en las esquinas de las casas, o en sitios oscuros, no sabía qué hacer. Me quedé inmóvil, miré hacia la pared de enfrente, ubicada a la derecha del baño matrimonial, en esa pared, venían bajando lo que serían unas… 30 arañas pequeñas por lo menos. Comencé a gritar frenéticamente por ayuda, pero nadie respondió.

Estuve 15 minutos gritando, inmóvil, mi brazo se había paralizado ya que, no lo quería mover por miedo a la araña. Comencé a llorar, pero en ese momento llegó mi tía a ayudarme, tomó una billetera cercana y la araña subió en ella, esta la aplastó vigorosamente contra la pared, claro, una menos, faltaban 30, pero por suerte llegó mi salvador y mejor amigo, “El veneno para insectos”. Mi tía lo roció sobre ellas, mientras yo las veía agonizar. Y es por eso y desde ahí que les temo a las arañas.