Wiki Creepypasta
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Toda la vida te dicen lo que está bien que sientas y hagas, y lo que no...Pero, ¿quiénes son para decirnos que hacer con nuestro corazón?

Siempre que llego a mi escuela me invade la misma sensación de temor, pero esta vez fue distinto. No solo siento que algo está mal, yo lo sé. Me sobresalto al oír a alguien llamándome. Volteo y veo a un chico de pelo rubio acercarse hacia mí. Cuanto más se acerca más brillan sus ojos azules. Mi corazón late aceleradamente y lo saludo.

-Oye Nate, ¿y si entramos a clase?-Me pregunto Leo con una sonrisa.

Asentí y caminamos juntos hasta el salón.

Pero cuando me senté, vi como  una chica se acercaba a Leo y le susurraba algo en el oído. Esto por si solo basto para molestarme, Leo era demasiado popular entre las chicas, lo cual hacia aun mas difícil que se llegara a fijar en mi.

Esta vez fue distinto porque mientras hablaban voltearon a verme, la cara de Leo era de asombro puro y la de la chica era de... ¿asco?

Sé que no soy la persona más atractiva de la escuela, pero no soy tan feo como para darle asco a la gente. Lo que más me sorprendió fue que la chica que me miraba con tanto asco era la misma que hace unos días me invito a salir. Tal vez se molestó porque la rechacé.

Sentí un ligero escalofrió recorrerme la columna, pero lo ignore y seguí con lo mío.

Cuando salimos de clase todos me miraban raro y se alejaban, incluso Leo estaba mucho más distante de lo normal.

Estaba a punto de hablar con Leo cuando una chica se acerco a nosotros, sus ojos me miraron de arriba abajo y me hablo con desprecio.

-No sé por qué sigues en la escuela

La mire confundido, ¿a qué se refería?

Pareció notar mi confusión así que se alejó un poco y elevó la voz.

-Todos conocen ya tu secreto...me das asco.

No podía referirse a eso, nunca se lo he dicho a nadie...

-¡Ya todos saben que eres un marica!

Esto último lo dijo gritando y sentí como mi corazón se detuvo por un instante...y se me calló el alma a los pies.

Voltee a mi alrededor asustado, todos me miraban con asco y desprecio, confirmando lo que la chica dijo. Miré a Leo pero el esquivo mi mirada.

-Y-yo no...

Me entro el pánico y salí corriendo.

Mi corazón latía demasiado rápido y no me detuve hasta llegar a mi casa. No había nadie así que corrí a encerrarme en mi cuarto.

Cerré la puerta con llave y aventé mi mochila, agarre con fuerza mi cabello y apreté los ojos.

No puede estar pasando esto, no puede, no puede.

-Créelo, está pasando.

Me sobresalte y mire el lugar de donde venía la voz. De las sombras emergió un muchacho que aparentaba puede que unos 17 años. Tenía puesta ropa normal, nada extraordinario, excepto por una brillante cadena plateada que colgaba de su cuello, colgando de ella había una especie de guardapelo negro en forma de medio corazón. Su ojo izquierdo lo tapaba su largo cabello negro, el otro ojo era de un color negro muy profundo. Su cara era totalmente inexpresiva. Tenía la piel muy pálida.

-¿Cómo entraste?

Me acerque a la ventana y busque una pequeña navaja que ocultaba en el marco de esta.

-Que importa...pero hay algo que te está molestando mucho

Lo dijo con una voz totalmente vacía de emoción o sentimiento.Lentamente aleje mi mano de la ventana y le preste atención.

-Toda tu escuela conoce tu secreto.

-Lo sé-De alguna manera hablar con él hizo que mi corazón se calmara.

-Pero eso no es lo que te molesta

-Sí, pero...no es solo eso.

-Odias algo

-Me odio a mí, por ser así...

Sentí una punzada en el pecho y unas cuantas lágrimas se me escaparon.

-¿Por ser cómo?

-Marica, un maldito marica

Volví a sentir otra punzada en el pecho, pero esta vez después del dolor vino un poco de paz.

-Odio ser asi, me odio.

Otra punzada. Un poco de paz.

Cerré los ojos y trate de calmarme.

-…lo entiendes

Al escuchar su voz abrí los ojos, pero ya se había ido.

-¡Nathaniel! ¡Baja de inmediato!

Oí la voz de mi mama llamándome y me dirigí hacia el piso de abajo.

Cuando baje vi a mi mama y a mi papa sentados en la sala, mirándome fijamente. Qué raro, según yo no deberían haber llegado hasta dentro de unas horas...

-Nathaniel-Hablo mi mama-Dime porque recibimos una llamada del director diciendo que saliste corriendo de la escuela.

-Yo...

-Nathaniel, tenemos una reputación que mantener, si alguien se entera de que te escapas de la escuela, ¿qué dirán de nosotros?-Dijo mi papa con un tono serio.

Mire a mi papa, no puedo creer que este diciendo esto.

-Lo siento, no volverá a suceder...

-Ya lo creo que no-Dijo mi papa mientras se ponía de pie-Estas castigado, nada de salidas por un mes.

No importa, después de hoy no me quedaran muchos amigos.

Asentí levemente y me dirigí hacia mi cuarto. Me detuve a mitad de la escalera. Mis papas estaban hablando.

-Ya estoy harto, primero su pelo largo de niña, luego se niega a entrar al equipo de futbol de su escuela y ahora se escapa...esto no puede seguir así...

-Dale tiempo, es solo una etapa...

-¡Esto no es una etapa!-La voz de papa subió de volumen-¡Esto es más que eso! ¡Ese chico tiene que entender de una buena vez que no puede hacer lo que le plazca! ¡Oíste lo que nos dijeron, es un marica! ¡Es una deshonra para la familia!

No quise escuchar lo demás y me encerré en mi cuarto. Me cubrí con las sabanas y apreté los ojos con fuerza hasta dormirme.

Soñé que estaba en medio de una sala circular, la mitad del cuarto era negra y la otra de un rojo sangre muy brillante. Tenía una atmósfera muy tétrica por alguna razón. Empecé a caminar hacia el lado oscuro del cuarto, pero me detuve al notar que el suelo parecía...latir bajo mis pies. Me agache y pase mi mano por el suelo, no era liso como había creído, estaba hecho de lo que parecían varias rocas extrañas apiladas unas encima de otra. Tomé una con la mano pero de inmediato la solte. Estaba muy suave pero eso no era lo que me había asustado, sino que la roca parecía latir muy débilmente.

Retrocedí lentamente hasta que sentí algo viscoso bajo mis zapatos. Me encontraba en el lado rojo del cuarto, hasta que estuve cerca no note que las paredes parecían derretirse, del techo escurría un líquido viscoso, el piso estaba totalmente cubierto por este.

Empecé a sentir náuseas y trate de alejarme pero de inmediato el líquido empezó a cubrirme. Traté de gritar por ayuda pero de mi boca no salió ningún sonido. Cuando ya estaba casi totalmente cubierto note un extraño sentimiento de paz en mi pecho...y todo se volvió oscuro.

Desperté con el maldito ruido del despertador. Lo apague y mire a mi alrededor, estaba en mi cuarto, no en aquella sala, no había rastro de aquel liquido viscoso ni de esas rocas escalofriantes.

Me vestí rápidamente y baje a la cocina con la mochila colgada del hombro. Mi papa se encontraba en sentado en el comedor, tomando el desayuno.

No me moleste en preguntar por mama, ella solía salir muy temprano por la mañana. Tomé una tostada y me dirigí hacia la puerta.

-Nathan-Me di la vuelta al escuchar a mi papa-Tu mama salió, se bueno y prepárame algo.

Sentí un escalofrío y volví a la cocina, saqué algo de pan, mayonesa y jamon. Me apresure a preparar un emparedado, pero cuando lo estaba acabando mi papa empezó a hablarme.

-Pareces una maldita chica con esa ropa y ese pelo, deberías cortarte.

Me pare en seco.

-¿Q-qué dijiste?

-¿Acaso estas sordo? Dije que deberías cortarlo. Como sea, deja mi almuerzo en la mesa cuando acabes.

Salió de la cocina y al cabo de un rato escuche como encendía la televisión.

-Deberías cortarte

Voltee y detrás mío estaba el mismo chico de antes.

-Es lo que dijo él. ¿Lo harás?

Mire a mi alrededor, al alcance de mi mano había uno de los cuchillos que mi mama solía usar para picar la verdura.

-Quieres sentirte mejor, ¿no es así?

Estire mi mano y toque la punta del cuchillo, pero me sobresalte al escuchar un golpe sordo desde la sala. Retiré la mano rápidamente, haciéndome un diminuto corte en la punta del dedo. Voltee de nuevo hacia atrás, pero ya no había nadie.

Tome el emparedado y lo deje encima de la mesa y salí corriendo hacia la escuela.

Al llegar todo me lanzaron unas miradas cargadas de odio y asco, nadie me dirigió la palabra.

Vi la cabeza de Leo más adelante y me apresure a alcanzarlo.

-Leo, hasta que te encuentro, pensé que...

Me calle cuando me volteo a ver. Sus ojos reflejaban un asco total hacia mí, en ese momento unas chicas pasaron por nuestro lado y él les sonrió amablemente. Sentí otra punzada de dolor en el pecho, pero esta vez no sentí nada de paz después.

-Leo que pasa...

-Mira Nate yo...no soy...marica ¿sí? Así que por favor déjame en paz.

Lo trate de tomar el hombro cuando el empezó a alejarse, pero se zafó con brusquedad y se unió a las chicas que acababan de pasar junto a nostros. Tomo a una por la cintura y se fueron caminando.

-Leo que...

Al principio no sentí nada, pero al instante siguiente sentí como si alguien hubiera clavado un puñal en medio de mi pecho, me lleve una mano al corazón por el dolor  y camine rápidamente hacia dentro. Corrí hacia los baños y me encerré dentro de uno. Sentía como si mi corazón fuera a explotar del dolor. Me concentre en respirar lo más lento que pude y después de un rato el dolor había disminuido, pero seguía ahí.

Al cabo de unos minutos más me anime a salir del baño y me dirigí hacia la clase que se suponía que me tocaba, como era de esperarse me castigaron.

Estuve muy cansado el resto del día y durante el cambio de salones para la última clase apenas podía mantenerme en pie.

Cuando pase frente al baño de hombre sentí como unas manos taparon mi boca y me jalaron dentro.

Me encerraron en un cubículo y pude ver que se trataba de cuatro chicos de tercero. Uno tapaba mi boca con su mano y otro escondía algo detrás de su espalda. Otro de ellos se acerco y me amarro un pedazo de tela en la boca para que no pudiera hablar. Traté de gritar, pero no salía sonido alguno de mi boca.

-Amigos-Dijo el que me había tapado la boca-Creo que nuestra mariquita necesita un corte de pelo ¿no creen?

Todos se rieron y el que escondía algo revelo que se trataban de unas enromes tijeras filosas. Traté de escapar pero dos de ellos me sujetaron mientras que el que parecía el líder le hizo una seña al de las tijeras. El asintió y se acercó a mí con una sonrisa macabra. Cerré los ojos cuando sentí como mi cabello empezaba a caer. Con cada chasquido de las tijeras sentía algo caer sobre mis hombros o mi regazo. Los otros tres no pararon de reir. Cuando finalmente se detuvo abrí los ojos y vi el piso lleno de mechones de mi cabello.

-Bueno ahora, ¿qué les parece si pasamos a algo más personal?

El líder empezó a desabrochar su pantalón y entre en pánico. Empecé a retorcerme tratando de soltarme al mismo tiempo que trataba de gritar en vano.

-¡Quieto!

Sentí un golpe contra mi mejilla y todo se puso oscuro durante un momento. Al instante mi visión volvió a la normalidad y pude ver que ahora trataban de bajar mi pantalón. Me retorcí pero no servía de nada. Cuando ya estaban a punto de lograrlo, sonó una campana a lo lejos.

-Tienes suerte-Dijo el líder abotonándose de nuevo el pantalón-No nos perdemos el ensayo de las porristas por nada del mundo.

Escupió en mi dirección y los cuatro salieron del baño. Unas lágrimas corrieron de inmediato por mi cara y me quite la tela de la boca, empeze a sollozar.

No puedo creer que esto me pase a mí. ¿Por qué tengo que ser así? Leo seguiría siendo mi amigo si yo fuera normal, todo es mi culpa, todo. Yo soy el maldito problema...

Sentí una punzada aún más fuerte que las anteriores, seguida de una sensación de paz total.

Respire hondo y salí de cubículo. Me mire en el espejo, me habían dejado el cabello hecho un desastre. No tenía forma y no quise mirarlo por más tiempo. Centré mi atención en algo que habían dejado en el lavabo.

Deberías cortarte

Mi papa dijo eso, y el chico también. Tal vez si lo hago una vez... Tomé lentamente las brillantes tijeras que descansaban sobre el lavabo y las dirigí hacia mi brazo. Las abrí y recargue el filo de uno de sus lados en mi brazo. Presioné suavemente e hice un corte.

Por un segundo mi piel siguió igual y al instante siguiente empezó a salir un poco de sangre por el corte. Sentí otra punzada de dolor en el pecho, pero seguida de una sensación placentera. Corté una y otra vez ambos brazos, disfrutando del la sensación de placer que ocurría después del dolor.

Cuando termine, me enrolle los brazos en papel y me salí del baño, no me moleste en recoger mi mochila.Camine afuera de la escuela y me dirigí a mi casa.

-Todo esto...así lo pediste

Asentí, era el mismo chico de las veces anteriores, esta vez caminaba a mi lado. Tal vez deba hablar con el...

-Ya veo que seguiras, todos los que conoces ahora saben el secreto de tu corazón. Tú detonante.

-Cada uno de ellos-Respondí-Soy marica, soy el único culpable aquí.

Sentí otra punzada, seguida de la misma paz.

-Dilo de nuevo

-Soy un maldito idiota, odio todo de mí.

Mientras entraba a mi casa note la misma punzada seguida de la ya conocida paz.

Seguí caminando hacia mi cuarto. Al llegar, entre y me encerré.

Me senté en mi cama y de inmediato sentí que mi corazón pesaba mucho. Jadee y me agarre el pecho, dolía mucho. Las lágrimas se escurrieron por mis mejillas. Ya no quiero sentir esto. Quiero que se vaya.

-Quiero que se vaya...

-¿De verdad quieres que se vaya?

Voltee, era la misma voz, pero esta vez el chico tenia puesta una larga gabardina oscura. Debajo de ella usaba una playera gris con capucha, ligeramente ennegrecida del centro. Usaba un pantalón negro con unos tenis del mismo color. De su cuello colgaba el mismo guardapelo que las veces anteriores, pero en esta ocasión parecía emitir un leve resplandor rojizo. Su cabello negro seguía tapando uno de sus ojos, pero no alcanzaba a distinguir bien el otro. Una bufanda gris oscuro cubría su boca y su nariz.

-¿Quieres que se vaya?-Volvió a preguntarme

-Quiero que se vaya...quiero...desaparecer

De inmediato sentí una punzada enorme en el pecho y solté un pequeño grito, esa si me dolió mucho.

El chico se acercó hasta estar a solo un paso de mí.

Levanto la vista hacia mí. Una ligera sombra había aparecido debajo de su ojo.

-Tu corazón...

-Lo odio-Respondí

Sentí otra punzada de dolor.

-Tu cuerpo

-Lo aborrezco

Otra punzada más intensa que la anterior

-Dilo

-Quiero desparecer, quiero dejar de sentir...

Su guardapelo empezó a emitir con más intensidad el resplandor rojizo. Me miro directamente a los ojos y lentamente llevo su mano a su cara, y se colocó su cabello detrás de la oreja, rebelando un intenso ojo rojo con una pupila felina.

-Tu corazón...no lo mereces

Señalo hacia mi pecho. De inmediato sentí un dolor intenso que parecía envolverme por completo, trate de gritar, pero de mi boca no salía ningún sonido.

-Pobre...lo has apuñalado sin cesar...era tan hermoso y tan brillante...te envidiaba mucho. Un corazón tan maravilloso desperdiciado en alguien como tu...solo lo hiciste sufrir.

Llevo su mano a su guardapelo y lo apretó suavemente.

-No todos tenemos tanta suerte...

Se colocó enfrente de mí y coloco su mano en mi pecho. No podía moverme, estaba paralizado.

-Te destrozaste a ti mismo...espero que lo hayas disfrutado...

Empujo mi pecho y de inmediato sentí un vacio. Luego algo ascendió por mi garganta y me arrodille en el suelo para vomitar.

Pero en lugar de vomito salieron litros y litros de un líquido rojo. Al final escupí con cierto trabajo lo que parecía una de esas piedras de mi sueño. Me sentía vacío por dentro.

Él se inclinó y agarro suavemente la piedra bañada de mi sangre.

La limpio con su manga y me volteó a ver. Observé la piedra y me estremecí al notar que tenía una forma muy familiar...

-Tu corazón, en eso lo convertiste...y pensar que era tan brillante... ¿vez todas estas marcas? Parecen dolorosas, ¿Por qué te harías algo así?

Soltó una risita.

-Hacia mucho que no me reía...supongo que tu corazón aún tiene algo de vida...

Lo apretó con su mano y al instante pareció endurecerse totalmente.

-¿Qué te hace sentir esto?

Nada, absolutamente nada. No puedo ni hablar ni moverme, solo puedo observarlo.

Metió lo que solía ser mi corazón en un bolsillo de su gabardina y se inclinó hacia mí.

-Creo...que debo agradecerte,…si no hubieras entrado en tanta desesperación...ni siquiera con mi excelente vista podría haber detectado tu hermoso corazón.

Me empujo suavemente y caí al suelo, encima de mi propia sangre. Lentamente mis ojos se van cerrando, pero no siento temor o dolor. Lo último que me parece oír es su voz, tan carente de emoción como siempre...

-No te merecías sentir nada...así que no te sientas mal por esto…

Los padres de Nathaniel Redwood encontraron a su hijo “durmiendo” en el piso de su alcoba. Cuando no despertó por más que lo llamaron informaron a las autoridades locales. Se creía que el chico murió sin una causa aparente, hasta que después de la autopsia se les informo que carecía de sangre y corazón, sin ningún corte en su cuerpo. Otro chico llamado Leonard Stone fue hallado en condiciones similares varios días después.

Y tu... ¿qué tal cuidas tu corazón?




LookBehindYou 02:33 22 oct 2018 (UTC)

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