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Dátos Básicos.
Nombre: Victor Engel Douglas
Edad: 22
Nacionalidad/procedencia: Franco-Italiano
Sexo: Masculino.
Ocupación: Bandersnatch Proxy.
Peso y estatura: 167 centímetros. 49 kilogramos (Peso bajo/ expediente medico desconocido, inexistente o privado)
Orientación sexual: no definida 

Breve Historia Editar

A las afueras de Francia, en un hospital de mala muerte, el 15 de abril de 1996, nació un saludable y hermoso bebé de mejillas regordetas y cabellos oscuros. Sus ojos destellaban pureza y vida en un azul casto. Fue nombrado según su inocente apariencia, Víctor Engel Douglas.

Hijo de Richard Douglas y la desgraciada Julien Marcceleti, quien cometió el grave error de enamorarse de tan alta escoria. Siendo tan solo una inexperta joven de 18 años sumida en los vicios, Richard pensó en asesinarla a ella y al bebé, sin embargo por su cabeza de cruzó la idea de que tal vez ese niño era lo único de este mundo que podría cuidar y atesorar sin echarlo a perder y pudrirle la existencia. De esta manera a las pocas semanas de haber nacido, Víctor fue trasladado junto con un cargamento de cocaína a una alejada ciudad de Italia.

Llevaban ya algunos meses viviendo en aquella ciudad,incluso podría decirse que comenzaba a sentirse parte de un lugar. Una tarde de verano, después del colegio, Víctor estaba hincado en la tierra,en un parque cercano a su colegio, lugar que por cierto estaba abandonado, con la hierba alta y los juegos oxidados e inutilizables. Unos niños sujetaban su cabeza y abrían su boca mientras otro dejaba caer en ella la sangre y restos de viseras del gatito bebé que habían matado por diversión, el cual por cierto era la mascota del pequeño azabache.

Se burlaban de él, mientras lo golpeaban, intensos dolores agudos cubrían su cuerpo, finalmente un golpe en su cabeza le hizo perder el conocimiento. Despertó llorando y teniendo arcadas de asco mientras miraba horrorizado el diminuto cadáver de aquel inocente animal, era tarde ya, estaba adolorido y cubierto de sangre. Volvió a casa decaído y con los ojos hinchados, subiendo directamente a su habitación.

Por la mañana su madre se percató de todos los cardenales que tenía, el ojo rojo gracias a un derrame, los labios rotos y la mirada deprimida, grande fue su falta de comprensión al darle una bofetada, que por defecto terminó de herirlo, consiguiendo que sus brackets se incrustaran en sus labios y mejillas, haciéndolo sangrar. Después de insultarlo y reclamarle por ser tan inútil, reacia de tenerlo cerca le mando a hacer las labores de la casa mientras ella se encerraba en su habitación a consumir drogas. Cuando llego la hora de la comida Víctor se rehusó a probar bocado, acción que enfureció a su madre, quien en un ataque de ira le tomo por el cabello antes de obligarlo a abrir la boca y tragar lo que le estaba dando a la fuerza, nuevamente el pequeño niño con las mejillas empapas en lágrimas trataba de no ahogarse con sus mocos y la sangre que salía de sus comisuras con pequeños desgarres por la fuerza aplicada en ellas.

Al llegar la noche la madre fue a contarle todo al padre, cuando este volvía del trabajo. El hombre era muy extraño para poder demostrar algo de afecto, había días en donde pretendía que no tenía ningún hijo, y otros en donde hasta salía temprano de su despacho para ir por él al colegio. Afortunada o desafortunadamente ese era uno de esos días donde se mostraba como el mejor padre del mundo, quien al escuchar la atrocidad que había hecho la mujer y verlos moratones y las marcas en la boca de su adorado hijo, no dudo un segundo en soltarle un golpe seco en la cara a la demacrada mujer antes de gritarle, tomándola del cabello. “—No te atrevas a tocar a mi hijo, es tu puta obligación hacerlo feliz, y si no le gusta tu mierda, pues le cocinas algo que a él le guste ¡¿Te quedo claro?!”

Pasada esa noche hubo mucha tensión en aquella casa. Surgió una invitación de un vecino suyo para ir a dormir con él en una pijamada. Esa misma tarde alguien ya rondaba la casa de los Douglas con un fin en particular.

Entrada la noche aquel que acechaba, entró por una de las ventanas siendo sigiloso de subir por las escaleras. Se escuchó un disparo, gritos y un segundo disparo. Varios vecinos ya habían llamado a la policía. El bullicio provocó que el sueño ligero de Víctor se desvaneciera, haciéndolo asomar por la ventana notando las luces de su casa encendidas. Tenía curiosidad, así que salió de casa de sus vecinos con mucha cautela para poder llegar a su propia morada, no había nadie en el salón aunque las luces estaban encendidas, subió hasta el segundo piso y fue allí donde miró los cadáveres de sus padres.

El asesino le había disparado al padre de Víctor en su estudio, la mujer al escuchar eso, subió corriendo, forcejeando un poco antes de tener el mismo final en el pasillo. Y con tan solo seis años, el pequeño Víctor Douglas, había quedado huérfano.

Por la impresión del momento, no tuvo espacio ni para llorar, solo supo salir huyendo de allí hasta encontrarse en la calle, donde la madre de su amigo ya le buscaba. Al ver a la mujer con el menor a pocos metros de la “escena del crimen”, dos policías la interceptaron, a lo que ella respondió que había escuchado los disparos y salió a ver qué pasaba. Víctor fue llevado con su amigo y el esposo de la mujer al interior de la casa con la promesa de que todo estaría bien. Al caer la mañana, todo el vecindario estaba atestado de oficiales de policía, forenses, detectives y periodistas, desde la ventana del segundo piso le pequeño azabache miraba todo con ojo crítico. Los policías habían reportado todo como un suicidio, el padre mató a la madre y después se mató él. Claramente encubriendo el verdadero hecho, el chico sabía que los habían matado, aunque su padre perdiera los cabales de vez en cuando, no sería capaz de destruir a su familia. Mientras un extraño resentimiento crecía en el menor, abajo en la sala la mujer madre de su amigo hervía en preocupación al escuchar a los guardias decir que faltaba un integrante de la familia, y que lo seguirían buscando.

No les tomo mucho al par de esposos decidir que se irían de allí con Víctor como su hijo adoptivo, y de ese modo se escabulleron por la puerta trasera solo con los esencial en mano, partiendo rumbo a una ciudad vecina, a una casa muy alejada a nombre de sus abuelos, donde de momento no correrían peligro.

En total pasaron dos años más, los padres habían conseguido trabajos cerca de la zona, mientras sus dos hijos eran educados en casa. Todo parecía perfectamente funcional. Víctor jamás mencionó ninguna palabra, pretendía haberlo olvidado para no hablar de ello, pero en el fondo sufría un dolor y padecimiento constante por todo lo sucedido, no dejaban de ser sus padres por muy disfuncional que fueran. Una noche como cualquier otra, el azabache se infiltro a la habitación de sus “padres” y tomo una de las pastillas para dormir que guardaban en el cajón, llevaba haciendo eso desde hacía ya un tiempo, a veces la tomaba el, o se la dosificaba a su hermanastro en la comida, solo porque le divertía verlo quedarse dormido en todos lados y que lo regañaran por eso. Bajó hasta la cocina, sin embargo al pasar por el salón, encontró a su “padre” dormido en el sofá con el televisor encendido.

“Hablando del caso del famoso traficante de drogas Richard Douglas, y de cómo mató supuestamente a toda su familia, se tienen nuevos testimonios anónimos de que esa noche había una cuarta persona encargada de matar a los tres integrantes, dejando dos cuerpos y uno desaparecido. Estas confesiones han salvado el caso de ir al archivo y retomar las investigaciones necesarias para dar con el responsable.”

¿Significaba que al él ya lo daban por muerto? Finalmente habían dicho que fue asesinato y no suicidio, oficialmente había un responsable. La sangre de Víctor hirvió en ira y sin pensarlo mucho se dijo a si mismo que buscaría al culpable y le haría sufrir tanto, que suplicaría la muerte.

Sin pensarlo mucho tomó una figura metálica exhibida en una mesita, más como un trofeo y golpeo insistentemente la cabeza del hombre con ella hasta dejarlo inconsciente, acto seguido subió hasta su habitación donde sigilosamente tomo una almohada y la coloco sobre el rostro de su odioso hermanastro asfixiándolo a los pocos segundos. Fue sorprendido en el acto por su madrastra quien intento acercarse a él.

“—¡Voy a hacer sufrir a quien mató a mis padres!”

“—P…pero si ya sabes que fue suicidio, Nicky” intentó calmarle la mujer llamándolo por su nuevo nombre Nick Haller, a lo que el menor le miro iracundo y con los nervios perdidos.

“—¡Crees que soy idiota, si te interpones, te mato igual!”

Dicho aquello rebusco en sus cajones algo de ropa y tomo sus tenis antes de salir corriendo de aquella casa, atravesando algunos metros de bosque antes de llegar a la carretera. Como pudo se fue vistiendo mientras caminaba hasta la ciudad más cercana aproximadamente a un kilómetro de allí.

Pasaron un par de días, estaba solo y hambriento, vagaba por ahí tratando de no ser visto por nadie, hasta que una buena tarde, lo llamaron por su nombre real, era su madrastra quien se veía feliz de poder encontrarle, aunque tenía la mirada ida y se miraba desaliñada. Claramente estaba desesperada, al final su esposo había muerto por traumatismo y su hijo biológico por asfixia. Lejos de desear venganza contra el niño, perdió la cordura y solo deseaba poder atesorarlo y no perder a nadie más.

“—Cielo, no vuelvas a irte así. Si querías venir, yo te traía. Ven conmigo”

Víctor estaba demasiado débil como para replicar, la mujer le llevo a un pequeño apartamento donde le dio de comer, lo baño y lo llevó a dormir. De ese modo transcurrieron alrededor de dos meses.

El azabache solía salir por las noches a caminar simplemente para despejar su mente, solía subir a los tejados de las casas y sentarse allí a dormir un rato. Aquella noche no fue la excepción, aunque se podría decir que no corrió con suerte. Alguien había llamado a la policía al ver movimiento sospechoso, por lo que una patrulla estuvo allí pronto y se lo llevaron arrestado por supuesto vandalismo, sin embargo al comprobar su nombre y sus huellas de registro natal, se dieron cuenta de que no era más que el hijo perdido del traficante Douglas. Antes de ser marcado como evidencia viva, una importante empresa farmacéutica que se encargaba de pruebas y estudios epidemiológicos, pidió su cuerpo para sacar diversas muestras. Prácticamente fue vendido por los policías a aquel importante instituto médico.

Al llegar al lugar, el estómago le dio un vuelco por todo lo que allí había, personas deformes, sin extremidades, con cosas de más saliendo de su piel, atadas a sillas o con camisas de fuerza.  No era más que un pabellón de pruebas, y todos allí eran los conejillos de indias. la razón por la que estaba allí, ahora atado a una silla, era que sería la prueba para una vacuna que buscaba inhibir el hambre de los presos en las cárceles, para ahorrarse algunos millones en comida.

Un hombre, seguro el doctor entró a la habitación junto con otros jóvenes que le ajustaron las cintas con las que estaba atado mientras el sujeto con la bata hablaba a un espejo frente a él, seguramente un vidrio con efecto reflectante que hacía de ventana a otra habitación.

“—Bitácora número uno.”

Le fue inyectada una sustancia que de primer momento no le hizo sentir nada, hasta que de pronto comenzó a vomitar todo, y aun cuando estuvo vacío, las arcadas no se detenían. Al siguiente día, sin poder haber dormido nada, el doctor volvió a entrar con otra inyección, esta vez al menos no sintió absolutamente nada, y de a poco fue quedándose dormido.

“— Bitácora número dos.”

Al despertar sus muslos ardían, y cuando los vio quedó horrorizado, tenían cortes rectangulares cubiertos por trozos de piel que evidentemente no era la suya. Le habían puesto injertos de piel animal.

En total pasaron cinco años, cinco años de tortura, estaba demacrado, acabado, frito. Pero su corazón aún latía y eso era bueno. Los últimos dos años habían sido los peores, no solo le inyectaban cosas, si no que le hacían comer carne cruda hasta atascarlo y luego lo hacían vomitar todo, lo metían en maquinas, le daban electrochoques, le ponían injertos animales tanto fuera como dentro de su cuerpo. Aquella tarde nuevamente era llevado a “su” silla de pruebas donde fue atado y asegurado, mientras unas bandas imantadas le eran colocadas en todo su cuerpo. Las luces se apagaron y varias esferas metálicas a sus costados comenzaron a producir ondas electromagnéticas de forma sintética, las cuales su cuerpo absorbía, se sentía como si alguien tomara sus órganos y los apretujara, mientras sufría de taquicardias y dificultad respiratoria. De su espalda se sentía como si algo fuera a brotar, mientras los huesos de sus piernas le dolían horriblemente como si se quebraran. Entonces perdió el conocimiento.

Un día…

Tendido en una plancha metálica, atado de manos y pies sus dientes eran removidos uno a uno, con pinzas, de forma salvaje y descuidada. Cuando no hubo quedado ni uno solo, lo intubaron, la manguera llegaba hasta su estómago, allí el tubo dividido en dos partes, una para respirar y otra donde pasaban carne de diferentes especies, toda molida, hecha una papilla, directamente hasta su cuerpo, al punto en donde su estómago se abultaba de lo lleno que estaba.

Mientras hacían esto otros sujetos abrían su vientre y llevaban los cortes a lo largo de sus piernas como su abrieran un camino y así sacar su esqueleto, tocaban su carne, sus órganos. Mientras sus alaridos de dolor eran acallados por los tubos en su garganta, las lágrimas se mezclaban con la sangre que escurría de su boca. De esa manera lo mantuvieron cinco días interminables.

De alguna manera todo su cuello y su barbilla estaban llenos de pedazos pequeños de la carne que le obligaban a engullir, también había sangre proveniente de esta y sus encías ya no segregaban nada. Fue entonces cuando prestando atención al interior de su boca, notaron que el tubo estaba perforado, sobresalían puntas blancas en toda la parte trasera de su boca y filos delgados en la parte delantera que agujeraron el tubo y permitieron la filtración de la carne y sus jugos. Cuando retiraron todo de su boca ocultar su sorpresa fue casi imposible. Todos y cada uno de sus dientes habían vuelto a crecer, y parecían no solo más blancos, si no también más filosos y puntiagudos.

Esto hizo crecer la curiosidad de los médicos, aún más cuando al revisar los puntos que le habían dado en las largas incisiones por su cuerpo, se percataron de que la piel ya estaba pegada y cicatrizando, como si no hubiese sido hace apenas unos días que le habían abierto.

Una vez más, retiraron todos sus dientes, pero esta ocasión Víctor apenas y hacía expresiones de dolor o quejidos. Sus ojos permanecían quietos, en un punto fijo mientras las lágrimas escapaban. Mientras los doctores lo intubaban, esta vez con una manguera que abarcaba toda la amplitud de su boca, hecha de un material metálico y poco flexible, la máquina que marcaba el pulso del azabache se detuvo, como si estuviese sufriendo algún paro cardiaco, pero él seguía moviéndose y parpadeando de manera lenta y rítmica. Las horas pasaban, su pulso había desaparecido, pero seguía de alguna manera “vivo”.

Tan solo dos días pasaron antes de que el tubo que apresaba su boca cayera al piso en un ruido molesto. Estaba mordido, Víctor termino por cerrar su adolorida mandíbula y cortar el tubo con dos hileras de dientes aún más filosos que habían resurgido. Pero ¿Dónde estaba es resto del tubo? Con impaciencia realizaron los estudios correspondientes solo para darse cuenta de que la otra mitad del tubo se había desintegrado en su interior. No había más que un pequeño trozo como única evidencia de que allí hubo algo más que su propia carne.

Sus piernas cambiaron, como si fueran las de un animal, sus articulaciones se invirtieron, de su espalda brotaron algunas púas de materia ósea mientras sus manos se alargaban. Se liberó de aquello que lo apresaba y de algún modo desprendió la silla del piso y la hizo levitar estampándola una y otra vez contra el espejo hasta romperlo, entrando a la sala detrás de este, devorando a todos los allí presentes. Logro escapar antes de que seguridad llegara, corrió y corrió sobre los techos y las callejuelas, no tenía idea de nada, no sabía quién era, solo sabía que debía huir, huir y ocultarse.

Al final llegó a una zona boscosa, detrás de un parque de diversiones abandonado. Estaba cansado y asustado, nuevamente sintió perder el conocimiento y dejándose caer, se quedó allí tendido entre la maleza. No supo cuánto paso antes de despertar, pero ya no estaba en los laboratorios, y no recordaba nada, estaba en una cama, con una ropa cómoda, estaba limpio y calentito. Se incorporó observando todo a su alrededor, había posters en las paredes, un computador, muebles con ropa y algunas envolturas tiradas. Por la puerta entro un joven de cabellos rubios, vestido con una sudadera que tenía un logo similar a uno de los posters.

“—Al fin despiertas bello durmiente”

“—¿Quién eres? ¿Dónde estoy?”

“—Me llamo Constantine, y yo te salvé, te encontré hace dos días detrás del parque, mi amigo quería violarte cuando te vio allí desnudo”

Resulto ser un joven drogadicto con algunos problemas mentales, quien se autoproclamó su novio. De este modo Víctor tuvo su primera e insana relación, este joven le alimentaba con mucha carne, y también lo introdujo al mundo de los vicios.

Pasados dos años de aquel amorío, el azabache aún tenía una misión, por lo que “escapo” unos días de su hostigoso novio para viajar a su ciudad de infancia, en donde había ocurrido todo, creyó que si volvía a la calle donde vivía se sentiría un poco mejor, pero en su lugar sintió asco y los malos recuerdos afloraron en él. Tal vez fue casualidad o karma lo que sucedió aquella tarde, pues en su camino se cruzaron tres chicos, tres mejores amigos, mismo que le habían obligado a comer a su pequeña mascota cuando era más pequeño. La ira y el odio se hicieron visibles en sus ojos, e iracundo se aproximó hasta ellos, comenzando a golpearlos para dejarlos inconscientes.

Cuando los jóvenes despertaron estaban atados de manos, colgados de un tubo en algún despacho abandonado no muy lejos de allí, Víctor había conseguido algunos cuchillos, y estaba dispuesto a hacerles pagar. Sin decir nada comenzó con el primero, el más tonto de los tres, rebanando un pedazo de su muslo mientras este chillaba de dolor.

“—Di, ahhhh”

Musito el azabache abriéndole la boca con unas piensas a otro de los chicos mientras introducía la carne a la fuerza en su boca haciendo que se la tragara. Los tres jóvenes estaba aterrorizados, y uno a uno fue haciendo que comieran partes del otro, a uno le dio un infarto, fue el primero en morir y aprovecho para sacar sus vísceras y hacerles comer a los demás.

“—¿Verdad que están ricas?”

Les pregunto con odio mientras suplicaba su perdón. Se estaba aburriendo, así que solo optó por terminar de matarlos y marcharse. Aún no sabía quién había matado a sus padres, pero estaba demasiado inestable como para seguir buscando.

Una extraña criatura humanoide corría a una velocidad no registrada en ninguna persona "normal", saltaba de techo en techo, de balcón en balcón. Silenciosa y muy ágil. La luz de la luna solo dibujaba su silueta de un blanco tenue mientras se apreciaban sus ojos azules, brillantes y resplandecientes como si de estrellas o destellos de tratase. Daban la impresión de dejar una estela de luz, azul tenue conforme avanzaba. Se escuchó un ruido sordo. Un libro cayó del escritorio debajo de la ventana, las cortinas blancas, adornadas con pequeñas hojas verdes impresas en la tela, ondeaban en el interior de la habitación, gracias a la brisa nocturna. Parado en el travesaño de madera, imponente, a contra luz se encontraba aquel ladrón de noches, el asesino de sueños. Quien sigilosamente se acercó al muchacho que dormía plácidamente. Su boca salivaba, mientras algo de espuma se asomaba entre sus filosos dientes, sus ojos azules resplandecían aún más. Con sus manos gélidas y sus largas uñas tomó al muchacho por el cuello, quien se despertó de inmediato alterado, pataleando y gimiendo del susto. En el pasillo se escucharon voces y la puerta de la habitación se abrió de golpe. Un matrimonio ya de edad junto con un pequeño niño se visualizaron alumbrados por la luz cálida de afuera. El hombre sujetaba una pistola que no dudó en disparar al ver a tan horrible criatura, quien de pura furia al ser herida, emitió un alarido ensordecedor, como el rugido de algún animal de mala muerte. La mujer desesperada le suplicó que no matara a su hijo, que se la llevara a ella.

 "—A mi muchacho no le hagas nada, por favor, te lo suplico. Mátame a mí."

 La boca de la criatura se deformó rápidamente en una amplia sonrisa llena de burla y descaro, mientras de su garganta salía una fuerte risa, estridente. Proveniente de la parte más oscura de su existencia, mientras los veía a todos sin soltar a su joven víctima, se doblaba del dolor que le producía reírse y poco a poco se fue calmando antes de entornar la vista al muchacho que sostenía y alzarlo un poco más, ejerciendo tal presión en su cuello, que logró romperlo, y así sin vida y aún vestido, comenzó a engullir aquel cadáver fresco. La familia estaba impactada de tal atrocidad, tanto que no les dio tiempo alguno de poder reaccionar antes de que aquel monstruo los atacara y de un zarpazo arrancara el rostro del hombre y perforara los órganos de la mujer quien protegía a su hijo más pequeño. El niño solo recibió algunas heridas profundas no mortales. El menor fue el único que sobrevivió, pero al despertar en el hospital le fue imposible pronunciar palabra, en sus ojos se miraba el terror de la noche anterior repetirse una y otra vez, mientras su garganta se cerraba. Nadie sabía con certeza si el shock pasaría algún día y podría relatar su vivencia.

 La mañana llegó luminosa y cálida, la ciudad continuaba su ritmo y Víctor ya habiendo comido se dispuso a encontrar un rumbo. Anduvo un rato hasta una tienda de segunda mano, donde consiguió algo de ropa limpia y volvió a la ciudad vecina con su “novio”.

Estaba cansado de esa relación, no sentía nada por el chico, lo único placentero era quizá el sexo, pero aun así, no sentía que fuese justo para ninguno de los dos. Al llegar al apartamento, Constantine comenzó a cuestionarlo a lo que Víctor no dijo nada. Entrada la noche la joven pareja dormía junta, sin embargo Víctor ya ideaba algo. Sacó de uno de los cajones un arma pequeña que tenían para emergencias, y con algo de pena, le disparó al joven, atravesó su mandíbula y su nariz, creyó que era suficiente para haberlo matado, jamás se percató de que el rubio seguía respirando, pero por lo deforme de su rostro, supuso que moriría de alguna forma.

Comenzaba a vagar solo, cometió la estupidez de no comer nada durante varios días, lo que ocasionó que la bestia que alojaba en su interior se mostrara una vez más produciendo que sus ropas se rasgaran, dejándolo totalmente desnudo. En un ataque de frustración solo supo volver a transformarse y correr, correr hasta que sus piernas no pudieran más. Llegó a la frontera francesa y anduvo por la línea divisoria, avanzando de noche y ocultándose de día, había robado algo de ropa, y solía comer personas desprevenidas que atrapaba por las madrugadas. Y después de algunas semanas se encontraba ya rondando las frías costas alemanas.

El día estaba nublado, la larga camisa que había robado, ya no era suficiente, pues aunque su resistencia al frio fuera grande, estaba bastante descubierto. Se podían ver los caminos de sus cicatrices trazadas en sus piernas, las marcas de las correas en su cuello, incluso había una parte que nuca pudo cicatrizar y aún supuraba algo similar a la sangre. Sus largos cabellos enmarañados le caían sobre el rostro mientras avanzaba sobre las piedritas de la orilla con sus lastimados pies. Se estaba dirigiendo a una zona sin salida, al frente solo había una gran pared de roca y a un lado las aguas profundas con piedras filosas. Sin más opción se las arregló para escalar por aquella barranca hasta poder llegar arriba, lo que parecía una planicie boscosa. No tenía ya mucho que perder, así que se adentró en la espesura de la hierba y los árboles.

No supo cuánto tiempo transcurrió, siquiera sabía si se dirigía a algún lugar en particular. No fue sino hasta que las hierbas salvajes se fueron disipando y se volvieron hojas secas y cortos pastos, frente a él había una gran casa, despintándose, como si se cayera a pedazos.

Un ruido proveniente de entre los arbustos le hizo ponerse alerta, por lo que no dudó en comenzar a mutar quedándose en su forma semi humana, gruñendo un poco mostrando los dientes. Escuchaba susurros, pero no percibía latido alguno.  De la hierba salieron dos niños pelirrojos, se miraban extraños, como amarillos y su piel se veía de una textura extraña, pero lo más raro sin duda eran los artefactos que sustituían a cada uno un ojo, como lentes de cámara.

—Bist du auch besonders? (¿También eres especial?- pregunto uno de los niños, a lo que Víctor hizo un gesto de desconcierto, él no hablaba ese idioma. —Wir sind die Kinder des Weizens, wir sind die Kinder von Bandersnatch.(Somos los niños del trigo, somos los niños de Bandersnatch)

No importaba cuanto dijeran, Víctor no lograba entender nada, poco a poco volvió a su forma humana, mientras miraba desconcertado a los dos pequeños.

—Sie können auch ein Kind von Bandersnatch sein, weil Sie wie alle hier besonders sind. (Tambien puedes ser un niño de Bandersnatch, porque eres especial como todos aquí)

Dicho eso ambos pequeños le tomaron de las manos y lo llevaron al interior de la casa, donde los recibió un joven con una extraña y larga cabellera bicolor.

—Wer ist er?(¿Quién es él?)- pregunto el joven que observaba con curiosidad a Víctor.

—Es ist etwas Besonderes, rufen Sie Bander an. (Es especial, llama a Bander)- susurraron antes de sonreírle a Víctor.

El joven de cabello bicolor subió las escaleras, los pequeños le dijeron que guardara silencio con un gesto de sus manos que supo interpretar. A los pocos segundos se escucharon pasos firmes y pausados caminar y bajar las escaleras hasta donde se encontraban, sintió sus rodillas temblar un poco, una criatura sin rostro terriblemente alta se acercó a él. En reflejo retrocedió, pero “eso” sacó un tentáculo de su espalda y lo sujetó para evitar que se marchara.

“Mi nombre es Bandersnatch, no voy a hacerte daño. Puedo curarte, se lo que eres, se lo que le ocurre a tu cuerpo. Pero me gustaría saber quién eres y que es lo que te ocurrió”

Escuchó aquella voz en su cabeza, que de momento le aterró hasta que cayó en cuenta de que era la criatura quien se comunicaba con él, y en su idioma a través de su cabeza. De a poco se relajó, más no dijo nada y la criatura se acercó un poco más, tocó su rostro, sus cicatrices, sus brazos, llevó uno de sus tentáculos a tocar las magulladas rodillas de Víctor y bajar hasta sus heridos y ensangrentados pies.

Le extendió una de sus grandes manos invitándolo a ir con él, con duda acepto dando pasos temerosos.

“Te haremos ropa especial, vas a estar bien, vamos a estar bien”

Volvió a hablar en su cabeza, y sintió tranquilidad.

El tiempo pasó, se enteró que aquella criatura era un ender, y que había muchos más como él, solo que se presentó como uno “enfermo” diciendo que el no pudo concretar su formación, por eso era necesario que aprendiera el idioma. Eventualmente le fue enseñado como cazar, no le prohibirían alimentarse de humanos, pero si le hicieron consciente de cuando, cuando y como alimentarse de ellos.

 Actualmente con 23 años de edad, Víctor se alimenta de humanos, acechando por las tardes en los callejones y entrando por las noches a las casas. En algún punto su frustración creció al no poder dar con el asesino de sus padres, así que decidió que todos sufrirían igual que él. Matando sin piedad a niños o a los padres de los niños en presencia de otros miembros de su familia mientras se ríe descaradamente al borde del desquicie. Su lado más salvaje se ha mostrado algunas veces, pero siempre termina asesinando a los testigos, actualmente solo hay un vídeo de mala calidad que circula en una pagina alemana de mala calidad de una criatura humanoide saltando por los techos. Nadie sabe si es real o no, nadie conoce la verdadera apariencia de Víctor, quienes viven para recordarlo, se quedan demasiado traumados para hablar de eso o simplemente son asesinados con el tiempo. Lo único que se sabe es que come humanos, posee un rostro angelical que se deforma al punto de generar traumas y una voz que produce una risa espantosa.

Hasta ahora solo se queda como una creepypasta urbana para adolescentes, una serie de asesinatos “misteriosos” y cuento de terror para los niños que no se van a la cama temprano. Conocido como el asesino de los sueños, por su estridente risa le apodaron Happy Happy.

Personalidad Editar

Víctor, mejor conocido como Happy Happy, el asesino de los sueños, es en realidad un muchacho sereno, serio. Alguien con un trato bastante impersonal, tiene como muletilla usar el sarcasmo, especialmente cuando se trata de conversaciones o preguntas que a su parecer resultan estúpidas. Víctor en general no posee intereses románticos genuinos, solo gustos superficiales, ya que nunca ha intimado con alguien de verdad, y en cuanto a preferencias, tiene inclinación por los hombres, pero también a lo largo de su vida a sentido curiosidad por las mujeres. Sin embargo cuando se le pregunta cómo se visualiza con ambos, preferiría tener algo serio con un hombre, y algo casual con una chica.

En si tiene cambios de humor constantes, volviéndose muy malhumorado, incluso grosero, altanero, mostrando su lado ególatra y llegando en ocasiones a la violencia física. Eso sucede únicamente bajo mucho estrés, exceso de estímulos en su ambiente por un tiempo prolongado. Esto se debe a su alta irritabilidad*1 generada por su condición, misma que al tiempo de hacerlo impersonal y despreocupado, le llega a hacer dependiente de alguien que esté al tanto de su modo de alimentación, ya que, aunque él mismo trate de regularse, es casi imposible con tan primitivos instintos de caza. La persona encargada de verificar sus porciones de alimento, deberá cuidar que no coma de más, ya que no posee un sentido de la saciedad como cualquier otra criatura, su cuerpo no manda señales al cerebro cuando se encuentra satisfecho, por lo que Víctor, podría seguir comiendo, y comiendo hasta implosionar por exceso de capacidad.

Constantemente trabaja en su concentración bajo irritantes o distracciones, para mejorar el uso de sus capacidades al cien por ciento, y poder actuar en cualquier situación que lo amerite siendo acertado y sin fallas.

Por otro lado cuando se encuentra en “su otro yo”, una personalidad oculta, que solo ha sido mostrada únicamente tres veces, dos en los laboratorios, y por las noches cuando sale de cacería , siendo esta última presenciada por sus víctimas, las cuales devora sin dejar ningún testigo real, quedando así como una historia de terror más, sin saber realmente como luciría tan despiadado asesino. Estando en ese estado de trance, su juicio se ve completamente nublado, actuando únicamente a través de instintos básicos, guiándose de sensaciones. Su visión se ve afectada, como si una fina tela cubriese sus ojos, no será capaz de reconocer rostros, aunque sean familiares, sería más fácil hacerlo entrar en razón a través de voces o sonidos que le resulten conocidos o tranquilizadores, ya que su oído se ve altamente enriquecido para poder encontrar las venas y arterias principales de sus víctimas, escuchar sus latidos a cierta distancia o inclusive sus respiraciones. Volviendo a su yo humano, es casi incapaz de recordar lo que ha hecho durante su “trance” teniendo recuerdos borrosos, inciertos o nulos. En su estado salvaje gasta tanta energía que podría quedar inconsciente durante días, además que usar el resto de sus habilidades por tiempos prolongados bajo mucho estrés causa daños notorios físicamente, como sangrados nasales, hemorragias internas, fuertes migrañas, daños en la memoria a corto plazo y problemas en reconocer su entorno.

*1: Irritabilidad- Véase como la capacidad de los seres vivos de reaccionar a estímulos externos que alteren su estado neutral. Estos pueden ser positivos o negativos y propician la evolución y adaptación según la especie.

Habilidades Editar

Telekinesis: Puede mover cualquier objeto, hasta personas, pero entre más pesado, más esfuerzo mental y tienen repercusiones físicas si ocupa mucha energía.
Mimesis: adquiere las vibraciones de los objetos para pasar desapercibido, como plantas, animales, o cosas.
Forma de bestia:En esta forma es completamente ciego, aunque conserve sus iris azules, los cuales brillan de una manera muy intensa, como si avisarán del peligro a quien los mira.
Solo es capaz de emitir gruñidos y alaridos además de su estruendosa y clásica risa, la cual le dio el nombre.
Es capaz de moverse libremente, gracias a la alta sensibilidad que posee, la púas en su espalda se mueven y captan las ondas de los objetos, vibraciones como los latidos de un corazón y el pulso de una vena o arteria, por lo que es casi imposible que un ser vivo se oculte de el. Es capaz de diferenciar un humano de un animal, incluso un niño de un adulto, o anciano. 
En este punto podría decirse que ademá de caníbal su manera de comer se vuelve "liquivora" (está palabra existe únicamente en la fantasía y ficción, no aplica para la vida real y fue extraída en un texto de ciencia ficción sobre universos múltiples) esto funciona gracias a su saliva, que posee la función de un ácido capaz de disolver hasta media tonelada de carne. Gracias a esto, puede engullir humanos enteros y conforme entran en contacto con su saliva, comienzan a disolverse de una manera veloz, hasta terminar como una masa viscosa e irreconocible.

Es muy difícil hacerlo entrar en razón, sin embargo volverá a su forma original cuando se haya comido lo suficiente. Existe una manera pacífica de captar su atención y hacerlo razonar, a través de sonidos y voces familiares, que le resulten tranquilizadores. 
A estas alturas, Víctor ya tiene la capacidad completamente desarrollada de ir y venir entre su forma de bestia y la humana a voluntad.
El tiempo estimado que Víctor puede permanecer en esta forma va desde los 20 a 60 minutos, esto depende de las causas que le hayan orillado a tomar esta forma, ya que generalmente, es el hambre, el tiempo es mínimo hasta haber comido. Sin embargo si se trata de combates cuerpo a cuerpo, suele extender eso, y en ocasiones exceder el límite, causándole daños severos.
Presencia: puede percibir las ondas electromagnéticas de los cerebros y determinar de qué especie es y que fuerza tiene. Se vuelve especialmente difícil con los enders, entidades o fantasmas ya que su atracción electromagnética es negativa y distorsiona su absorción. Puede saber cuántas personas hay en un rango de diez metros en lugares cerrados, y veinte en lugares abiertos, pero generalmente no usa esta habilidad.
Hiperflexibilidad: puede estirarse más que el máximo registrado sin lastimarse o dislocarse ya que sus huesos son porosos, ligeros y su carne es muy blanda. De igual forma gracias a la doble articulación oculta de sus piernas (es visible únicamente en su transformación) puede correr más rápido gracias a la ligereza de sus huesos y el impulso extra de la doble articulación.
Cuando se transforma su fuerza aumenta considerablemente, aun así por su modificación genética, tiene un poco más de fuerza que el humano promedio.
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Suiggy Plant.