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Jamás pensé que ocurriría esto.

-¡Me ha ganado!

Mi existencia se comprime a tan sólo unos segundos en ese estrecho pasillo entre la vida y la muerte. Luché lo más que pude.

-!Lo siento!

Todo empezó un sábado 17 de febrero del 2001, la puesta del sol caía en sus tonos anaranjados, mientras la oscuridad levemente comía el último resplandor de la estrella gigante.

Observando ese bello avistamiento desde mi balcón, mi mente viajaba y se perdía en los pensamientos más profundos de mi ser. El tiempo corría y se esfumaba como el humo delicado del tabaco en mi paladar.

DING DONG

Sonó el timbre, mi reflexión salió de su órbita y un breve gemido se emitió desde lo más profundo de mi esfínter, Sonreí abrumado. Me dispuse a abrir la puerta sin antes verme al espejo de mi habitación, sacudir mi saco y arreglarme levemente el cabello. Bajé las escaleras velozmente y llegué hasta la puerta delantera. Tomé la perilla que curiosamente estaba helada y la giré. Perdí el conocimiento...

Mi corazón latía a una velocidad similar como al terminar de correr, mi manos sudaban y mi cuerpo permanecía paralizado del miedo.Tembloroso del pánico intenté gritar pero de nada sirvió.

-¡Tranquilízate, tranquilízate!

Me grité a mí mismo. Enderecé mi cuerpo e intenté recordar lo que había pasado, ¡pero nada! no recordaba nada. Mis miedos más profundos empezaron a apoderarse de mí, mi razonamiento rebotaba como bola de ping pong. La ansiedad iba comiendo cada cordura que me quedaba como una enfermedad mortal destruyendo tu última célula sana. Mis manos empezaron a acalambrarse, la mandíbula se tensó como una pinza, mis pupilas se dilataron, y en ese momento tan agobiante escuché una voz dentro de mi: "Asesina a todos".

Una tras otra, en gritos sollozantes.

-¿Quién eres? - grité con euforia.

Mi boca se secaba, sentía un fuerte dolor en el estómago, levanté delicadamente la parte inferior de mi camisa, mi vientre lucía una cicatriz enorme, desde el pecho en línea vertical hasta el ombligo, de la cual evacuaban un montón de tentáculos negros, viscosos y despedían un olor a putrefacción que me embriagaba toda la habitación.

Cerré los ojos e intenté no pensar en lo que acababa de ver, las voces a un clamaban en mis oídos, sentía insectos dentro de mí, los escuchaba zumbar. Me desgarraban y me comían por dentro. Sus heces infectan mi cuerpo. Me dispuse a morir,quería morir, no aguantaba más. El sufrimiento era muy elevado, mis pensamientos me traicionaban. Estaba a punto de perder la cordura.

Corrí hacia la cocina y tomé el cuchillo más grande y empecé abrir la cicatriz en el abdomen. La sangre era negra pastosa. Al hender empezaban a salir pequeños insectos que jamás había visto, el dolor era inmenso, con cada puñalada un desgarrador grito salía desde mi alma. ¡No pude más! ¡Quería sacarlos a todos! Mi cuerpo se fue agotando hasta ya no resistir más, la sangre brotaba de todo mi cuerpo y me inundé en un sueño del que jamás iba a despertar.

Hola, mi nombre es Arturo Lara. Tengo 34 años de edad. Sufro de Trastornos de ansiedad, trastorno de pánico y trastorno psicótico.

“Quizá la verdadera meta en este mundo es poder lidiar con tu mente y en el ser que vive dentro de ti”.

MI OTRO YO A GANADO.