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Son la una y media de noche y este muchacho se encuentra frente a su computadora, buscando en la web los vídeos más aterradores. Es un tipo sin descaro, no puede evitar su hambre de miedo, mira algunos vídeos entre asustado y divertido.

Su cuarto es cuadrado y lleno de tonterías, se encuentra a oscuras, solo él y la luz de la máquina. Él busca más vídeos, no se sacia hasta que encuentra un vídeo en youtube titulado “el vídeo más aterrador del mundo”. Sonríe ante la originalidad del autor, su curiosidad le impulsa a verlo, lo deja cargando, espera a que cargue totalmente y mientras tanto chatea con sus amigos, habla de tonterías con ellos, mira sus páginas pornográficas y de vez en cuando chequea si el vídeo está cargando. Tarda bastante, el chico se impacienta, el vídeo finalmente carga completamente y el chico se queda mirando la pantalla. Cuando se siente listo, reproduce el vídeo.

Este vídeo se desarrolla desde el punto de vista de la cámara que recorre la ciudad. Es de noche en el vídeo, la cámara casera graba las calles de la ciudad con tranquilidad, calles desiertas. La cámara se tambalea un poco, de fondo hay un ruido como el de un quejido, como un siseo. El chico que ve el vídeo se queda mirando en silencio, prestando suma atención. El vídeo continúa así por un buen rato, la cámara sigue avanzando por las calles vacías, el ruido parece fantasmal, el chico se siente asustado y se aleja un poco de la pantalla, pensando que es uno de esos vídeos en los que el maldito bicho salta a la pantalla gritando y blandiendo un cuchillo. Trata de mirar de reojo la pantalla para no asustarse si algo sale de golpe. 

La cámara sigue recorriendo las calles y, de pronto, al pasar cerca de una tienda cerrada, la cámara voltea un poco para verse reflejada en el vidrio de la tienda la figura de un ser extraño, cuyo aspecto apenas puede captarse, pero las retinas del chico no lo olvidan. Sabe que es horrendo y que está vacío en donde debería estar reflejada la cámara, es como si lo que ve la cámara es lo que ven los ojos del monstruo, pero no hay cámara.

La imagen vuelve a enfocar la calle y el chico, asustado porque la expectación aumenta y el siseo también, quiere ponerle pausa al vídeo, trata de cerrar la página y no puede. Se da cuenta de que el vídeo muestra calles familiares, lo que sea que está grabando lentamente avanza hacia su casa.

El muchacho entra en pánico. Apaga su computadora, se desespera en extremo. Se acerca dudoso a su ventana, mira de reojo a la calle, no ve nada. Se queda inquieto esperando hasta que ve cómo una figura sale de la esquina frente a su casa, tambaleándose, acercándose. Afuera un grito extraño, helado, le estremece, luego el silencio... Segundos después, una respiración agitada y fría le da de lleno en la nuca.