FANDOM


12 meses pasaron hasta que a Cristóbal le otorgaron la libertad desde la institución mental juvenil. Esta vez comenzaría una nueva vida a cargo de una familia adoptiva.

La comisión médica y penal que estaba a cargo de su evaluación estaba al mando del Dr. Orlando Baudilio, quien se entrevistó con él horas antes de declarar su salida.



-Entonces, Cristóbal… ¿por qué estuviste recluido en este lugar?- preguntó el doctor.

-Por asesinato…- contestó el chico dejando escapar un suspiro.

-¿A quién asesinaste?

-A mi mejor amigo y compañero de clases llamado Gabriel.

-Y… ¿cómo sucedió?- preguntó el doctor observando al muchacho por encima de sus anteojos.

-Fue después de clases, ya se habían marchado todos en la escuela y Gabriel me pidió que le acompañara a una sala de clases vacía. Nos sentamos en el suelo y él sacó una tabla ouija… de esas que dicen sirve para comunicarse con los muertos…  me dijo que iba a intentar comunicarse con una ex alumna ya fallecida llamada Amelia, y… no lo sé, algo me pasó…- Cristóbal bajó su mirada y clavó su vista en los papeles que habían sobre el escritorio.- creo que fueron celos, no sé… me enfurecí y con un lápiz lo ataqué. Se lo enterré en su garganta varias veces y lo asesiné.

-Perfecto, Cristóbal… ahora dime ¿Qué pasó con la otra versión de la historia que mantuviste al llegar aquí y que repetías los primeros tres meses?

-… No sé de que habla, Dr. Baudilio.

-Te refrescaré la memoria.- dijo el médico y acto seguido comenzó a leer una declaración escrita-: “Al interrogarme me contaron que Gabriel había sido apuñalado con un lápiz, el mismo lápiz con el que estaba anotando cosas de la ouija en su cuaderno ¡pero yo no lo hice!



Sé que yo no lo hice, fue ella… fue Amelia… ella quiere hacer parecer que asesiné a mi amigo por “celos”, eso es lo más absurdo que he oído… hasta encontró una forma de poner mis huellas digitales en el lápiz… la muy maldita. Estoy recluido en una institución juvenil y nadie me quiere creer… Amelia me va a utilizar… ella viene por las noches, se sienta en la ventana de mi cuarto y me habla, me cuenta todos sus planes, la veo en mis sueños burlándose… la maldigo, maldigo su nombre una y otra vez… nadie me cree, pero Amelia no está muerta…”

El facultativo se quitó los anteojos y observó a Cristóbal detenidamente. El muchacho meneó suavemente la cabeza.

-Eso… eso fue realmente absurdo- dijo de pronto Cristóbal.- no hay más verdad que la que yo le acabo de contar. Fui encerrado de forma justa en este lugar porque asesiné a mi amigo de forma cobarde en una solitaria sala de clases hace 1 año atrás…



Alejandra terminaba de ordenar los platos en la mesa para la cena de bienvenida de Cristóbal. La joven chica de pronto oyó el auto de su madre estacionándose afuera en la entrada.

-¡Joaquín, mamá ya ha llegado!- gritó de pronto Alejandra a su hermano menor quien se encontraba encerrado en su cuarto en el segundo piso escuchando música a todo volumen. Joaquín escuchó a su hermana, pero se hizo el sordo y subió aún más el volumen de la radio. En ese momento la puerta de entrada se abrió y entró Beatriz, la madre de Alejandra y Joaquín, y unos pasos más atrás venía Cristóbal trayendo entre sus brazos un bolso con sus pertenencias.

-Vaya, que rico huele. Traigo mucha hambre y estoy segura que Cristóbal también.- dijo la mujer dejando su abrigo sobre el perchero ubicado junto a la puerta.- Cristóbal te presento a mi hija Beatriz.

-Es un placer, bienvenido a la familia.- le saludó Alejandra cortésmente besándole en la mejilla.

-Gracias, estoy muy contento de estar aquí con ustedes.- contestó Cristóbal con una sonrisa.

-¿Y tú hermano?- le preguntó la mujer a Alejandra.

-No lo sé, está arriba en su habitación… le avisaré que baje, ya es hora de cenar.

La cena en esa casa fue particularmente extraña. Beatriz hablaba mucho intentando hacer que las cosas fueran lo más normales posibles, pero se esforzaba tanto la situación a veces se volvía muy incómoda. Alejandra fue muy generosa con Cristóbal, le ofrecía más jugo y le animaba a charlar y a sentirse como si estuviera con su verdadera familia. Joaquín en cambio, permanecía callado y observaba de reojo a Cristóbal. Ambos chicos tenían la misma edad, pero Joaquín sentía algo raro hacia su nuevo “hermano”, algo le inquietaba sobre él y no sabía que era y tampoco podría saberlo pues, Beatriz procuró ocultarle la verdad a sus dos hijos sobre el muchacho y su asesinato.

Una vez terminada la cena Beatriz condujo a Cristóbal hacia su cuarto.

-De aquí en más esta será tu habitación.- le dijo la mujer.- siéntete como en casa. La mandé a pintar color celeste… no sé si te agrada.

-Me encanta, está muy linda.- contestó Cristóbal sentándose en el borde de la cama.

-Puedes poner fotos y posters si quieres, ya sabes, de videojuegos o bandas de rock… cosas que a los chicos les gusta.

Cristóbal solo sonrió y asintió con la cabeza. La mujer se sentó junto al muchacho y le tomó de la mano.

-Ahora somos una nueva familia. Puedes contar conmigo y con los chicos para lo que sea, ¿bien? El pasado es solo eso… pasado.

-Gracias, Beatriz.- contestó Cristóbal, y se fundió en un abrazo con la mujer.

Mientras tanto en la cocina Alejandra lavaba los platos de la cena ya finalizada y a medida que se los pasaba Joaquín los iba secando.

-Dale una oportunidad…- le dijo de pronto Alejandra a su hermano quien permanecía pensativo.- mira, ponte en su lugar… perdió a su madre mientras él estuvo encerrado en esa institución, no tiene a nadie…

-Lo sé, es solo que… es raro… desde que papá nos abandonó siempre nos la hemos arreglado bien los tres, ya sabes, tú, mamá y yo… siempre los tres. Y ahora llega él a quien ni conocemos y… mamá lo trata como si fuera su hijo.

-Pero dale tiempo. Ustedes dos tienen casi la misma edad. Estoy seguro de que tienen un montón de cosas en común… como esos videojuegos de “niño-rata”.- bromeó Alejandra.

Joaquín en respuesta salpicó un poco de agua a su hermana.

-Y es seguro que tendremos que ir a la escuela juntos, a la misma clase de hecho…- sentenció el chico.

-A mí no me molestaría haberlo hecho, es más, Cristóbal es bastante guapo…- contestó Alejandra.

-¿Quée?, estás loca si piensas así… le llevas por casi 7 años y además viene siendo tu hermano o hermanastro.

Finalmente ambos salieron de la cocina bromeando y discutiendo de forma amigable mientras que arriba ya en su habitación se encontraba Cristóbal recostado sobre la cama contemplando la nada misma que le ofrecía el techo. Quiso cerrar los ojos por unos segundos y así lo hizo. Sabía que no podía apagar la luz, pues durante su reclusión en la institución mental había desarrollado cierto grado de nictofobia.

Allí, recostado y con sus ojos cerrados permaneció varios minutos hasta que de pronto un leve ruido proveniente de la ventana que da al exterior llamó su atención. Cristóbal comenzó a respirar agitadamente, pero no quiso abrir los ojos en ningún momento, tenía miedo…

Luego, nuevamente algo llamó tres veces a la ventana…