FANDOM


Voy a ser breve. Si quieres creer en esta historia, hazlo, y sino, no te voy a juzgar. Esta es la historia de un chico normal, yo.

Mi nombre es Ale, tengo 17 años y un relato que, a pesar de ser tan increíble, ocurrió.

Yo era como todo chico de 17 años: me gustaba salir, hablar con mis amigos. Le tenía mucho cariño a mis padres y a mi hermano mayor al que admiraba mucho. Todo iba perfecto en mi vida, yo no podría haber cambiado nada más.

Hasta que un 25 de noviembre, camino a mi hogar, ya que habían acabado las clases, con muchas ganas de llegar a casa para probar unos videojuegos que me habían recomendado unos amigos, tomé un atajo, el que siempre tomaba para llegar más rápido. En una de las paredes, sin embargo, y como irrumpiendo abruptamente en mi mente, vi una sombra de muy extraña forma, como si fuera un gigante. Como todo joven, soy muy curioso. Simplemente me acerqué y me dije:

-¿Qué voy a perder?

Al acercarme, pude notar una figura de ojos tan rojos como las llamas del infierno, tenía los dientes más grandes que un animal y manos del tamaño de su cara. Puedo describir su cuerpo como una sombra de oscura tan malvada que despertaba escalofríos tan solo al verla; en ese preciso momento, escuché murmullos: “Hoy morirás”.

Asustado, corrí lo más rápido y lo más lejos que podía. Mi corazón estaba tan acelerado que pensaba que me daría un infarto.

Cuando llegué a casa, esas palabras se hacían más y más fuertes en mi cabeza. No podía calmarme, esa figura era tan espeluznante. Pensaba, empero, que si podía dormir un rato, olvidaría lo ocurrido, como si todo hubiera sido un simple sueño.

Fue la peor equivocación de mi vida. Cuando desperté, me encontré en una habitación sin nada más que rayones en las paredes con mensajes de muerte y huesos putrefactos por todo el suelo, pero lo que más me llamó la atención fue que entre todos los mensajes había uno muy interesante y muy perturbador: “Si quieres vivir, haz todo lo que te pida”. Como no tenía más alternativa, accedí.

Después de un rato, se apareció la figura, pero esta vez con forma humana y me hablaba en un lenguaje que yo lograba entender sin saber cómo. Había palabras que sonaban como latín antiguo: “Este es tu reto, tu nueva forma de vida; si quieres salir de aquí, debes tomar decisiones que podrían llevarte a tu salvación o a tu muerte”. Apenas dijo eso, me puse pálido. No podía hablar.

Lo primero que me pidió fue matar un animal y dárselo como tributo. Yo quería vivir. En ese momento, salió de la nada una persona atada, golpeada y con varías hemorragias.

La Figura me dijo: “Este es un pedófilo y un asesino, violó a más de 10 niñas, las mató y las arrojó al frente de su casa”. Era una persona a pesar de todo, pero ya me había decidido, tenía que matarlo, era él o yo.

Me dio un machete. Tenía que cortarlo en pedazos muy pequeños para aquel monstruo, con lágrimas en mi cara y resuelto, lo hice. Lo asesiné. Nunca había matado a nadie en mi vida. Me sentí poderoso, pero a la vez débil… La Figura se sintió complacida con su tributo: “Buen trabajo”.

3 días después, se volvió a aparecer. Me dijo: “Esta es la fase 2 de las 3 que tendrás que realizar, la siguiente víctima es una mujer que le fue infiel a su marido con más de 20 personas, hasta con los hermanos de su marido, y él nunca se enteró”.

Vi a la mujer amordazada, tenía varios cortes muy graves. Podía morir sin que la tocara. Pensé que, a pesar de haber engañado a su marido con más de 20 hombres, esa mujer no merecía la muerte. Pensé en ese momento en mi madre, cómo estaría en este momento, qué me diría… Pero no quería morir.

“Libera a los perros, tienen muchas ganas de follarse a esa perra, además de tener mucha hambre.”

Me asquearon las palabras de ese sujeto, pero no tenía más alternativa. Mientras liberaba a los perros, empecé a vomitar como nunca. Vi cómo la violaban y la comían a la vez, sus restos en todas partes, sangre salpicando las paredes de la habitación. Fue la imagen más traumática de mi vida.

Cuando terminó todo, vi cómo su cuerpo, además de ser devorado por aquellos perros, entró en un periodo de putrefacción tan inmediato que los gusanos salieron de sus ojos, otros de su boca (o lo que quedaba de ella) y de cualquiera otra parte de su cuerpo que pudiera estar descubierta. Los siguientes días no pude dormir.

Aquí es donde la historia se pone más siniestra. Estaba feliz de que, al fin, saldría de su infierno viviente. Apareció como siempre el monstruo en el mismo lugar con sus instrucciones.

“Esta es la fase 3, seguro que estás feliz diciéndote a ti mismo que ya saldrás de aquí, pero esta es la prueba final, donde se decidirá si vivirás o morirás ardiendo en el infierno, como si a alguien le importara…”

Lo siguiente que apareció fue un campo de batalla medieval. Había espectadores que parecía que no tuvieran vida propia, como zombis. No tenían ojos y sus extremidades se caían.

Todo se decidía aquí, este era el final, pero me perturbó bastante ver a alguien muy parecido a mi hermano mayor, pero no podía ser él. Entonces, lo vi más de cerca, era él… Mi hermano.

No sabía por qué estaba aquí. Su cara de rabia, como si quisiera matarme, además de las lágrimas que caían de sus ojos. De repente, cayeron 2 armas del cielo, una para él y otra para mí. El monstruo pretendía que peleáramos entre los 2, pero yo no quería pelear con él, era mi hermano, lo admiraba muchísimo, era mi héroe.

Él gritó: “¡¿Por qué lo hiciste?!”.

Yo estaba perplejo, no sé de qué hablaba, hasta que supuse que se refería a la muerte de aquel hombre y aquella mujer, pero sabía que todo estaba bien, ya que era para salir de allí.

“¿Al menos sabes a quiénes asesinaste? ¡Esos eran nuestros padres!", me dijo furioso.

Sentí un vacío que me comía por dentro: ¿mi padre un violador y mi madre una zorra? No lo podía creer, sentí que mi mundo se destruía poco a poco.

“No me importa que seas mi hermano, vengaré a mis padres”, me dijo.

Quería seguir viviendo. Luché con él, fue una ardua lucha. En un descuido suyo, ataqué matándolo. Le corté la cabeza y los brazos, me sentí como la misma mierda.

Todo había acabado. El monstruo había disfrutado muchísimo el espectáculo.

“¿Eso es todo? Qué aburrido”, dijo.

Yo le exigí que me dejara ir, ya que era suficiente sufrimiento, y él complació mis deseos.

En estos momentos, esta es mi carta de despedida, voy a suicidarme, no tengo nada por qué vivir, pero acaso...

“¿Eso es todo?”