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Nota: Antes de comenzar me gustaría hacer un experimento. Éste relato se escribió en un ambiente totalmente distinto al que seguramente rodea al lector. Así que me gustaría mucho que, antes de escribir alguna opinión, intentaran leerlo inmersos en un entorno diferente: el típico cuarto oscuro iluminado solo por una vela o una pequeña lámpara. Quizá así pudiesen entender más el espíritu de esta narración. De ante mano gracias y espero sus comentarios. Ahora si:

...

¿Por qué me asusta la oscuridad? Estoy seguro de que deduces ya una respuesta, y sin embargo me lo preguntas. ¿Es que algo ocurre en tu cabeza? Puedo verlo en tus ojos. En fin, si aún así quieres saberlo:

No sé bien como ni cuando comenzó, pero al día de hoy, podría jurar que ya ha pasado una eternidad, es como si cada noche, después de apagar la última luz en mi habitación, el tiempo se fuera deteniendo, pues puedo sentir como el conteo del reloj se hace más y más pesado hasta casi extinguirse. Y es, en aquella profunda oscuridad, donde habitan ellos.

A veces, a plena luz del día, cuando estoy en total soledad también acuden a mí, pero apenas y se dejan ver. En cambio, la ausencia de luz parece ser su señal, pues salen de todos lados y en todas direcciones. No creo que aquel que no los haya visto, pueda entender el horror de presenciar aquello, pues no hay forma ni figura alguna en su rostro amorfo.

Cierro mis ojos queriendo ignorarlos, apretando fuertemente mis párpados, pero mis demás sentidos me traicionan. Suaves voces dicen mi nombre, invitándome a mirar sin miedo, asegurándome que ya todo terminó. Pero es solo una estafa que noche tras noche me hace ceder, y cuando levanto mi quebrada vista, me encuentro con mi temor personificado. Todos mis demonios juntos en uno solo: Una mujer, de pie junto a mi cama me mira con sus cuencas vacías, lanzando susurros lastimeros desde su boca eternamente abierta por su dislocada mandíbula, y una enorme lengua que parece muerta colgando de ella. Su descarnado rostro se pierde en instantes tras su largo y despeinado cabello, negro, como la noche que nos rodea.

Sin quitarme la vista de encima, se sube a mi cama, donde yace mi cuerpo paralizado. Avanza poco a poco, acurrucando su helada piel entre la mía, acercándose a mí, hasta que puedo sentir su respirar en mi cara. Levanta sus manos y las pone en mi cabeza y lentamente comienza a presionar. El dolor se funde con el miedo. Quiero gritar pero mis labios están muertos, y justo ahí, la conciencia parece tener compasión de mi y me permite cerrar los ojos y desprenderme de mi cuerpo. Muchas veces, algunos de ellos me siguen hasta aquel reino del sueño, pero no ocurre muy a menudo.

Cuando al fin despierto, no hay rastros de todo aquello. Solo un rasguño cicatrizado en mi cara hace estremecer, pues se bien quien lo dejó ahí. Y una vez más, trato de olvidar todo y de convencerme de que quizá, esta noche, todo eso desaparezca al fin, y me deje en paz.

Y bien. Pude notar tu mirada mientras te hablaba. Ahora se porque preguntaste… También te han visitado no es así? Más tu rostro se ha tornado en duda cuando te hablé de su apariencia, pues tu solo los has sentido y oído, pero nunca los has visto. Pues ahora recuerdo como fue que comencé a verlos. Alguna vez alguien me habló de ellos y su apariencia.

¿Porqué te ves asustado? Acaso crees que esta noche los verás? Bueno, se ha hecho tarde desde que empecé el relato y ya está oscuro. Pronto vendrán por ti y por mí y creo que ahí los sabrás.

¿Que cómo era ella? ¿La mujer? La sabrás distinguir cuando la veas, aunque, si de algo sirve, se parece mucho a la que esta de pie justo detrás de ti…