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Aquel era un día lluvioso. El agua caía tranquilamente, las nubes estaban espesas y grises, y se sentía el clásico olor de la tierra mojada, entrando por la ventana; cada tanto caían rayos, el rugir de éstos resonaba por todo el cielo. 

Estaba en la cocina, cortando zanahorias para poder prepararle el almuerzo a mi esposa e hija, mientras miraba la lluvia. 

Fue entonces cuando mi pequeña vino y se acercó a mí. Me tocó la pierna buscando mi atención, la miré.

-Papá, ¿a ti no te asustan los rayos?- Preguntó.

Su pregunta me extrañó, ¿por qué quería saber eso? No era común que preguntara cosas así.

-¿Por qué quieres saber eso?- Cuestioné.

-Es que, aveces veo los rayos, y de verdad me asustan- Dijo-. ¿A ti no?

Entonces entendí, era simple miedo infantil. Me agaché y la miré a los ojos, le di una sonrisa cálida y dije:

-Linda, no deberías preocuparte por los rayos. Por lo general solo caen en antenas y metales- Aclaré-. Además, estás adentro. No creo que debas preocuparte.

Ella se alegró, y todo miedo se esfumó de su ser. Me agradeció con un abrazo y se fue a jugar a su habitación.

Varios minutos después, ya había terminado de preparar la comida.

-¡Linda, Liz!- Exclamé, llamando a mi familia.

Liz, mi esposa, acudió a mi llamado, sin embargo, la pequeña no estaba. Volví a nombrarla, pero no vino. Le pregunté a mi mujer si la había visto, pero me dijo que no, que no había estado con ella. La buscamos por los interiores de la casa, ya que no creíamos que se hubiese ido afuera, debido a la incesante lluvia.

En un momento, se nos dio por mirar por la ventana que daba al patio trasero, y allí la vimos, Linda estaba jugando felizmente bajo el agua, usando su camperón y sus botas, riendo, saltando, desparramándose por los charcos de barro. Rápidamente, Liz abrió la puerta corrediza que daba al patio y comenzó a llamarla para que entrara, pero mi hija no la escuchaba, el sonido de la lluvia era bastante fuerte y ella estaba demasiado concentrada en su juego. En seguida di unos pasos afuera de la casa, exponiéndome al agua cayendo, y le grité:

-¡Linda, ven para acá!

En ese instante, se dio cuenta de nuestra presencia. Se volteó alegremente, pero, al verme enojado, su expresión cambió a una de vergüenza. Comenzó a caminar hacia mí, apenada.

Un paso de mi hija, su otro pie viniendo detrás. La expresión de alivio de Liz. Mi enojo inofensivo. Una gota cayendo sobre su hombro, muchas más empapándonos. Una descarga que resplandece en el cielo. Un mal presentimiento. Yo diciéndole a Linda que se apure, ella acelerando el paso.

Una descarga que sale disparada desde las nubes. La cara de impacto de mi esposa. Mi enojo pasando a horror total. Un estruendo ensordecedor esparciéndose por todo el lugar. El cuerpo de mi hija siendo electrocutado y quemado, para luego caer al suelo, sin vida... 
Rayo

Autor: ZackAvatarZackEl verdadero Eyeless Jack

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