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Responderé a tu pregunta en solo un minuto.

Pero primero, déjame explicarme…

Soy una estudiante de 16 años. Supongo que debo de parecer normal, pero sufro una extraña enfermedad llamada Trimetilaminuria (no te preocupes, yo tampoco soy capaz de pronunciarlo). En resumen, mi cuerpo emite un olor horrible. Empecé a sufrirla cuando alcance la pubertad.

El olor es muy pronunciado y es imposible de enmascarar.

La gente que camina a medio metro de mi lo huele al instante. Los otros estudiantes me esquivan. “Maggie, la apestosa” me suelen llamar. La gente se niega a sentarse a mi lado en clase o en la cafetería. Incluso una vez un chico derramó su vaso entero de limonada sobre mí y dijo en alto “¡Aquí tienes! ¡Tal vez así huelas mejor!”.

Los médicos me prescribieron diferentes tipos de pastillas, cremas e incluso jabones. Nada funcionó. Me ducho tres veces al día. Y las veces que me froto con más fuerza, sangro. Incluso he pensado en suicidarme.

Mi compañeras, supongo que cansados de mi olor, decidieron encargarse del asunto ellas mismos. Me metieron a la fuerza en las duchas tras las clases de educación física para limpiarme. Me vendaron. Trajeron cubos con todo tipo de productos de limpieza, pero fue la lejía lo que acabo conmigo. Es difícil de describir, así que se paciente.

Algo salió de mí… desde abajo.

Lo sentí como una experiencia fuera de mi cuerpo. No podía verlo porque estaba vendada pero recuerdo el dolor mucho peor que el más horrible de mis periodos, como si mi interior se estuviera desgarrando.

Las chicas gritaron. Sabía que estaban siendo destrozadas porque podía oír el sonido de la carne arrancada y el crujir de los huesos.

Luego, de repente, la ducha quedo en silencio. Incluso la ducha dejo de escupir agua.

Levante la venda y ahí estaba. Se parecía a una serpiente gigante, pero segmentada, como un gusano. Su cabeza era tan solo una mandíbula enorme abierta como un loto florecido. Cada pétalo era una hoja serrada goteando sangre. La cosa se había movido rápido porque todas mis compañeras estaban muertas. Trozos enormes de sus cuerpos faltaban. Una de las chicas aun tenía espasmos pero la muerte la alcanzo pronto.

La cosa se deslizó hacia mí, rodeándome como una cobra. Por cómo se movía su mandíbula, parecía que estaba disfrutando de su carnicería y su libertad. Luego miro hacia mi entrepierna y luego hacia mí… estaba esperando que la invitara de nuevo.

Hice lo único que podía hacer. Cerré mis ojos y abrí mis piernas.

Sé que suena terrible, pero era amable conmigo y aprendí a controlarla mejor. Incluso una vez que se alimentaba, no olía tan mal. La considero una parte de mí.

Ahora contestaré a tu pregunta.

“Porque es mejor ser el monstruo que la víctima.”