FANDOM


He enmarcado la foto. Está colocada en mi escritorio en el mismo lugar que ha ocupado durante los últimos dos años. Es un recordatorio para mí para trabajar más duro. Un recordatorio de todo el dolor que causé por ser demasiado lento.

Diecisiete niños desaparecieron ese verano. Arrebatados de sus habitaciones sin dejar rastro de quién lo había hecho. Este caso me impactó más que cualquier otro antes. Cada día, otro padre venía a mí y me preguntaba:

“¿Por qué no has encontrado a mi hijo todavía?” Y yo respondía “Estoy en ello. Lo prometo.”

Después de la decimosexta desaparición, recibimos una foto por correo. Detrás de ella había algo escrito. Tres palabras.

"El Reloj Avanza.”

Si no lo supieras realmente, podrías pensar que la imagen era hermosa. Es de un viejo camino de grava que serpentea delicadamente por una colina. La imagen se toma desde el centro de ese camino, la lente apunta a la distancia. Un lado de la carretera está bordeado por una alfombra de brillantes hojas de otoño que parecen haber caído recientemente. Las hojas se enmarañan ligeramente, como si hubiera caído una fuerte lluvia. En el centro de la carretera hay una pequeña canasta.

La cámara está inclinada para que no se pueda ver lo que hay dentro de ella. A ambos lados de la carretera hay gigantescos pinos que proyectan sombras entrecruzadas.

Nuestra oficina fue capaz de encontrar esta ubicación, pero no había pruebas. No había ni rastro del canasto en el camino. Nada en el bosque. Se descartó como una pista falsa, pero algo sobre la foto me llegó. Lo guardé en mi escritorio durante todo el año, tratando de averiguar lo que significaba. Tan solo quería decirles a esos padres lo que les pasó a sus hijos. Había algo fuera de la imagen. Algo que parecía realmente antinatural. Lo pensé todo el tiempo.

La cesta. Las hojas. Los pinos. Entonces un día caí en ello. Hojas caídas y pinos. Los pinos no tienen hojas. Tienen agujas. Las agujas no cambian de color y no caen en el otoño. El montón de hojas no era natural.

Después de un año de mirar la foto, un año de decirle a los padres que no podía encontrar a sus hijos… finalmente lo averigüé. Cavé un agujero donde las hojas estaban en la foto. Había una cesta enterrada debajo de la tierra. Tenía el cráneo de un niño. Los registros dentales coincidían con Michael Blasters. Uno de los pequeños que desaparecieron.

Pedí una excavación de la zona. Los otros niños fueron enterrados cerca.

Sólo se encontró un esqueleto completo. Era una niña que desapareció sólo unos días antes de que recibiéramos la foto. A diferencia del resto, su cuerpo estaba en un ataúd. Había una nota pegada sobre su vestido. La misma letra que la foto.

“48 Horas de Aire. Podrías Haberla Salvado.”