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El viento era fuerte, las hojas de los árboles volaban por los aires, me estaba despertando, mis ojos se abrían lentamente.

—Mm... ¿Qué...? —Susurraba tranquilo.

Tenía un fuerte dolor de cabeza, traté de levantarme del suelo, pero el dolor no me dejaba. Cuando logré hacerlo, me había sorprendido, enfrente de mí había un incendio. Estaba asustado, miré a todos lados y a mi derecha había una puerta semi-abierta. Me quedé mirándola por unos segundos hasta que decidí entrar: estaba dentro de una casa, caminando por los pasillos. En uno de ellos había un rasguño hecho por un cuchillo.

—Pero... ¿Quién pudo haber hecho esto? —Mi mente tenía miles de preguntas, teorías y rumores.

Seguía caminando, hasta que paré en la puerta del baño. Algo en esa habitación me llamó mucho la atención, me encontraba nervioso en ese momento y asustado. En el espejo había escrito con sangre unas palabras que hicieron que explotara y que mi mente tuviera miles de preguntas por igual que antes. Tenía una frase que decía "Esto es un sueño". Me asomé a la ventana, cuando vi el reflejo de mi rostro, miles de imágenes pasaron por mi mente, en ese momento me dio un fuerte dolor de cabeza.

Seguía caminando. Entré en una de las habitaciones, y me quedé sin palabras. Pude ver los cuerpos de mis padres, mis pupilas se dilataron y lágrimas se empezaron a formar en mis ojos.

—N... No... Es... Es imposible...

Había dado algunos pasos hacia atrás, no me lo quería creer, pero era verdad.

—¡Es imposible!

Empecé a correr lo más rápido que pude. Ingresé a la otra habitación y pude ver el cuerpo de mi mejor amigo, tirado en la cama; me paralicé, y comencé a llorar. Miré mis manos... Y estaban llenas de sangre...

—N... —No pude terminar la palabra.

En ese momento, escuché una voz... Sentía que con cada palabra me mataba.

—Finalmente, ¡jeje! Finalmente, ¡jajaja! —De repente, me dio un muy fuerte dolor de cabeza.

Empecé a recordar. Pude ver mi rostro riéndose como una persona que perdió su cordura.

—¡No! ¡Detente! ¡No puedes matarnos! —Gritaban mis padres asustados.

—¡No! ¡Yo los voy a salvar! ¡No traten de detenerme!

No me lo podía creer, me rehusaba a creer que fui yo, pero ya lo vi todo. Los cuerpos. La sangre. El desastre. Grité y grité... Seguía recordando, escribí esas palabras en el espejo...

—¡¿Dónde están tus salvadores ahora?! ¡Jajaja!

Yo le gritaba a mi mejor amigo. En ese momento, tenía una chaqueta roja de cuero, unos pantalones largos color piel, una camiseta blanca llena de sangre, y unos zapatos oscuros...

—Esto... No es real... —Dijo mi amigo.

Y yo, con un gran cuchillo ensangrentado en mis manos, lo coloqué frente a él y...

—No... Esto es un sueño...

Lo maté... Asesiné a todos y vivo con esa culpa desde entonces. No sé lo que me sucedió en ese momento. Me volví loco. Me enojé, en realidad, no tengo idea y ahora estoy enfrentando las consecuencias de mis actos en la cárcel. Desde ese momento, vivo con ese trauma y con el miedo de que vuelva a suceder.

¿Sabes? Yo no fui el asesino, fui el sobreviviente...