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¡Hola! Sé que sentirás un escalofrió cuando leas esto. Quizá quieras cerrar el libro y olvidarlo, pero te será imposible, eres un humano y la curiosidad te pillara y continuaras.

¡Felicidades! Eres un ser humano…

Bueno en todo caso lee atentamente, antes que nada quiero advertirte que esta hoja una vez pasada se borrara, así que comprende la lectura que harás a continuación. De seguro te estarás preguntando en tus pensamientos ¿Qué clase de broma es esta?  Sólo te pido que no cierres este cuaderno.

Te preguntare algo. ¿Por qué piensas que algunas personas escriben en diarios todo lo que hacen en un día? ¿No lo sabes? ¡Hahaha! te diré que, yo alguna vez fui una de esas personas, si, así como lees, alguna vez fui un humano, ¿no me crees? ¿Y porque no habrías de creerlo?

No te espantes, sólo quiero que comprendas mi situación. Como te he dicho yo fui un humano que poseía un diario. Yo escribía toda lo que hacía porque sentía una liberación y porque me ayudaba a recordar momentos que alguna vez me hicieron feliz o triste. Pero sabes algo… escribir en ese pequeño cuaderno todo lo que me ocurriese fue… ¡¡¡EL ERROR MAS GRANDE DE MI VIDA!!!...

En mi memoria aún quedan fragmentos donde puedo observar a mi madre dándome una pequeña caja envuelta con un papel muy decorativo y un gran lazo rojo. Recuerdo la emoción que sentí al tener ese pequeño pero significativo obsequio. Juro que ese día pensé que sería un pequeño vehículo de juguete o quizá una figura de acción, ya sabes, la ilusión de un niño de solo 10 años.

Cuando rasgue el papel y abrí la caja, me encontré con un cuaderno color café con unas cuantas franjas doradas y un pequeño lápiz a un lado, con una punta muy afilada que a la vez parecía frágil, mi semblante de felicidad cambio un poco a desilusión, agradecí por el presente y pregunte inocentemente que podía hacer con él. Mi madre sonrió abiertamente y dijo.

“Esto querido hijo es un diario, en el puedes escribir de manera privada todo lo que te ocurre.”

“¿Y para que haría eso yo?”

Mi madre volvió a sonreír.

“Supongamos que tienes un problema que no puedes contarme a mí o a tu padre, bueno es ahí donde entra el diario, puedes escribirlo como método de confianza en ti mismo” exclamó mi madre.

“Ya veo” Le sonreí  falsamente, para ser sincero no me causaba emoción.

“Cuídalo bien hijo, perteneció a tu abuelo”

Subí rápidamente a mi alcoba y me recosté en mi cama. Tome el pequeño obsequio y lo abrí cuidadosamente. ¿Sabes lo que me encontré escrito? Algo bastante familiar, un déja vu.

22 de marzo de 1911

“Hoy he recibido este pequeño obsequio, un pequeño cuaderno marrón, justamente en este estoy escribiendo, es muy divertido escribir en el”

23 de marzo de 1911

“Mi padre ha traído a casa un pobre hombre golpeado y desangrándose. Intente acercarme a él, pero mi padre me ha apartado. Al alejarme escuche el sonido de una bofetada.”

24 de marzo 1911

“Mamá ha preparado la cena, el pobre hombre está en un cuarto de la casa, se le fue asignado por mi padre. Quise ir a avisarle sobre la cena, pero mi madre me detuvo y negó con la cabeza.”

25 de marzo 1911

“No he puedo dormir, me duele  cabeza. Esos ruidos de dolor provenientes del cuarto donde aquel hombre reside son muy agudos. Quizás tenga hambre, pues no ha comido nada desde que llego. ¡Ya sé! Le llevare algo.

A si había varias entradas hasta la fecha en la que mi abuelo falleció,

9 de junio 1971

“Mi letra es borrosa… quizás se entienda un poco… mi mano es temblorosa. Ahora me doy cuenta del grave error que cometí, es una pena que mi vida no le fuese interesante. Recuerdo lo que me dijo aquella noche… recuerdo aquella sonrisa… él…él tiene la culpa… jamás creí en tal atrocidad… el método para tener una segunda oportunidad de vida él lo sabe… tengo que apurarme a escribir como lo hace… él utiliza el método a través de….”

Fueron sus últimas oraciones, supongo que fueron pensamientos imaginativos de un pobre hombre que ya no le quedaba cordura, no obstante, para él era divertido escribir en el cuaderno toda su vida. Quise intentarlo y comencé a escribir todo lo que hacía durante la jornada del día.

5 de junio 1987

“Conocí a una linda chica, tez blanca, ojos claros como la miel, boca pequeña y una hermosa cabellera marrón”

6 de junio 1987

“Decidí hablarle a la chica de ayer. He descubierto que se llama Lorena. Hemos quedado para salir hoy en la tarde”

7 de junio 1987

“Ayer fue la peor cita, me entere que Lorena tiene novio, me utilizó para darle celos. El tipo casi me mata a golpes”

Se fue haciendo costumbre, ya no solo era por día, sino también por hora.

18 de mayo 1988

10:00 am

Mamá me preparó el mismo desayuno, panque de pasas con fruta picada y una taza de té.

11:00 am

Termine mi desayuno

11:30 am

Mamá aceptó dejarme salir a jugar con Carlos, mi vecino.

12:00 pm

Carlos está enojado, me está diciendo que deje de escribir en mi patético diario.

12:20 pm

Carlos me quitó mi libreta y la había arrojado lejos, me levante y lo golpee

1:00 pm

Mamá me ha regañado, los padres de Carlos han venido a quejarse, pues le he roto la nariz”

A los 35 años de edad, yo seguía escribiendo en mi diario, por raro que suene, las hojas de la libreta  nunca se escasearon. Mi esposa me preguntaba que tanto escribía en ese cuaderno, yo nunca le respondía ya que era algo confidencial.

Un sábado por la noche me disponía a escribir mis sucesos de la mañana, abrí la hoja y note un texto que yo no había escribido. ¿Sabes que decía? ¿Tienes idea de lo que decía?

El texto decía…

“Ahora se todo de ti… Eres muy interesante”

Un escalofrió recurrió mi espalda, cuando mi cuerpo comenzó a convulsionar, la vista se me nubló y sentí como la libreta me atraía ella, adentrándome en él, a la vez dejando salir una sombra que jamás pude ver su forma. Sentí mis huesos quebrantándose y pegue un grito de dolor, que al parecer nadie escuchó, pues nadie acudió a mi rescate.

Mis ojos fueron cortados por las hojas. Mis músculos fueron estirados y doblados. Se escucha imposible, pero te diré, yo me estaba convirtiendo en el diario.

Esa sombra tomó la libreta o más bien dicho me tomó a mí y proclamó “Ahora seré tú, gracias por contarme como serlo” Y lentamente cerró el cuaderno.



Fue entonces que descubrí la manera de tener una segunda vida. Ahora que sabes esto… Cuéntame ¿Qué has hecho hoy?

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