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Era una tarde muy oscura. Recuerdo que estaba volviendo a casa después del insti. Me habían castigado y me tuve que quedar hasta más tarde.

De camino a casa, iba pensando, acerca de los deberes que me quedaban por hacer. Menudo coñazo.

De repente, noté un ruido. Alguien me seguía. Me di la vuelta, pero no vi nada. Pensé que eran imaginaciones mías. Entonces lo escuché otra vez, pero mucho mas cerca. Me estaba empezando a poner nervioso. ¿Qué diablos estaba pasando? Aquello ya era preocupante. Otra vez sonó, pero ahora justo detrás de mí. Me giré, pero seguía sin ver nada. Y otra vez mas se oyó ese ruido.

A punto de estallar de miedo grité ordenando a mi perseguidor que se detuviera, pero no había nadie. Quedé como un estúpido. Para mi sorpresa el ruido se detuvo.

Caminé un rato más tranquilizado por que ya no volvía a escuchar ese ruido tan estresante.

Llegué a casa e hice todos mis deberes. Después estuve un rato viendo la tele hasta la una de la mañana y finalmente, me dormí mientras la veía.

Y de repente, algo se me apareció en sueños. Una figura oscura con una sonrisa macabra se hallaba ante mí, y una montaña de calaveras se alzaba detrás. Era horrenda. Tenía dos ojos saltones, pero no tenía nariz. Además, en su espalda había dos alas, como de un cuervo.

De repente se empezó a reír. Su risa era aterradora. Entonces, con una voz ronca me dijo: <<¿Te gustó el agradable paseo de esta tarde?>>. Me estremecí. Aquella cosa era lo que me había estado siguiendo. 

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Entonces volvió a hablar: <<Ven, vamos a dar otro paseo>>. Sin saber muy bien por qué, yo acepté. Había algo en él que me impulsaba a ir.

Ahora, ya no estábamos en la montaña de calaveras. Era un día lluvioso. Estábamos en un cementerio. Entonces la criatura señaló una tumba. Llevaba mi nombre. Aquello era demasiado, así que, aterrorizado, desperté.

Estaba oscuro y apenas podía ver mi cuerpo. Intenté mover mis articulaciones, pero no podía. Hice un esfuerzo por mirar hacia abajo.

Y en aquel momento me di cuenta. Había gusanos devorándome, y yo no podía hacer nada. Estaba muerto.