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Fecha: 20 de diciembre, 1996Editar

Por: “Zuc”

El hospital Amelia II, originalmente llamado Hospital Italo-Inglés No. 11, es un lugar del que nunca esperarías violencia o conflictos verdaderamente graves. Se encuentra en un terreno plano con pastizales llenos de granjas, de familias pobres pero educadas, y vacas. Los pocos locales cercanos son manejados por personas adiestradas en el arte del cuidado y atención al cliente. Todo se gobierna a partir de los morales católicos y parece ser el único lugar del mundo donde aquello no ha llevado a disgustos. Sino todo lo contrario, al orden y la paz.

Tengo que ser sincero: ha superado todas expectativas laborales. Mis compañeros son competentes y amigables; los pacientes son muy dóciles y, a veces, le enseñan una o dos cosas a quien se supone sabe más que ellos.A pesar de todo esto, veo necesario ver sus habilidad en casos más complicados. Nunca había estado tan ansioso en el trabajo.

También, he mejorado mi sociabilidad y empatía. Hoy he hecho un nuevo amigo. Lo conocí mientras rondaba cerca del oratorio. Su nombre es Guido. Es un adulto joven, de pelo negro y piel blancuzca. Seguidor fervoroso de Jesucristo. Fue ingresado por un derrame cerebral que milagrosamente se pudo parar. Me ha enseñado varias de las doctrinas de su Dios, las cuales me han encantado escuchar.

Fecha: 23 de diciembre, 1996Editar

Por: “Zuc”

Han llegado al hospital unos verdaderos monstruos. El primer paciente se arrastraba usando sus codos, mientras que los muñones de sus piernas amputadas manchaban el piso con una asquerosidad verde. Ninguna empleada de limpeza se digno a limpiar después.  El segundo fue un loco que trajo en mano la cabeza decapitada de un mono. Una enfermera intento quitarselo. El paciente, al sentirse amenazado, le dio tremendo puñetazo que le torcio el ojo izquierdo. Esa tarde fue llevada a un hospital cercano. No pudieron salavarle el ojo. Volvió usando un parche de pirata y ahora cariñosamente la llamamos Dina la pirata. El tercer llego con un pañuelo amarrado en el brazo. Unos pedazos de un material no identificable en su boca se me hicieron sospechozas. Ordene que le abrieran la boca. De ella saque dos dedos. Los metí en una bolsa negra y los bote. Durante todo el proceso el goloso se me quedo viendo con los ojos llorosos.

Y ahora me pregunto, ¿de donde han salido semejantes sujetos? No recuerdo tanta miseria en mi vida. Tendré que conversarlo con mi jefe cuando tenga tiempo libre.

Fecha: -- de --, ----Editar

Por: “(nombre no insertado)”

Lo he visto.
Lo he olido.
Lo he tragado.
Estaba llorando.
Estaba ensangrentado.
Ciertas voces me dicen que haga ya el trabajo.
Yo me niego y les respondo:
Aún no es hora de la última cena.

Fecha: 27 de diciembre, 1996Editar

Por: "Zuc" 

He comprado un nuevo diario con llave. Aún sigo en busca del gracioso que ha escrito en mi diario semejante asquerosidades.

Fecha: 1 de enero, 1997Editar

Por: "Zuc" 

Hoy sacamos a los pacientes que van en la mitad del proceso de recuperación al aire libre. La tranquilidad y la paz llegaron y se apoderaron de todo. Nos sentamos en el pasto e hicimos variadas actividades. En cierto punto me aleje para fumar un cigarrillo y encontré, escondido detrás de unos arbusto cerca de la entrada, dibujando en la pared con un pedazo de carbón, a Guido, paciente de la 250. Le salude. Este, apresuradamente, tapo su dibujo. Le pregunte que dibujaba. Me respondió que nada. Dándole una sonrisa de confianza, lo retire de la pared y allí se hizo presente, en todo detalle, la caricatura de un hombre cargando una cruz. Le pregunte si era ese Jesús de Nazaret. Inesperadamente, me respondió que no estaba dibujando a Jesús, sino a otra persona. Como leyéndome la mente, se levanto del suelo y me susurro:

"Detrás suyo, en el lejano árbol donde duerme Jerónimo."

Me voltee y no vi nada flotando en el árbol. Solo a un perezoso Jerónimo que roncaba con fuerza. Guido, con cierto nerviosismo, se rió de la broma. Reí con él para no empeorar la situación.

Después de varias horas, volvimos al hospital. Había un alboroto en la zona de cuidados intensivos. Todo el equipo que se encontraba allí estaba alrededor de un paciente que gritaba del dolor. Al revisarle, todos los dedos de sus mano no estaban y los trozos restantes expulsaban sangre en abundancia. Pregunte a todo mundo. Todos me respondieron lo mismo: nadie había ingresado ni salido. El paciente solo empezó a gritar. Nunca llegamos a una conclusión concreta. Todos tenían su propia teoría. La más divertida, irónicamente, fue la de Guido: una bestia, que solo él conoce y ve, ataco al paciente porque encontró sus dedos apetitosos. Hasta el pobre se digno a describirnos la bestia: una criatura parecida a una araña. Tenía cinco patas y la boca la poseía en la parte inferior del cuerpo.

Fecha: 3 de enero, 1997Editar

Por: “(nombre no insertado)”

Oh,
Gran fortuna.
Tantas delicias aquí,
Tendidas e indefensas.
Se cortan como el papel blanco.
No pueden contra mis afiladas garras.
Las bestias vuelan.
Las grandes carnívoros se comen a los pequeños.
Y yo, pequeña alimaña,
Me quedo sobre las ramas de los árbol viendo.
La gran cena se acerca,
Y no puede esperar más,
esas tiernas piernas.

Fecha: 4 de enero, 1997Editar

Por: “(nombre no insertado)”

Me han robado la llave y han escrito más estupideces. A este paso me tocara llevar las notas escritas en papel y llevarlas a todos lados.

Fecha: 10 de enero, 1997Editar

Por:  "Zuc"

Me he acostumbrado al llanto de un niño al que le dan la noticia que va a morir pronto. He soportado ver a una mujer a la que se le pudre el feto dentro del vientre. Pero el robo y el secuestro son cosas que nunca seré capaz de soportar.

El primer caso fue el robo de unos anillos de oro a una señora de edad que vino a ver a su nieta, hospitalizada en el 174. Ayudamos a la dama revisando por todas partes. Viendo que nuestros intentos eran en vano, el director del hospital contrató mas seguridad. Poco sirvió al darse la noticia del descubrimiento del ladrón. Resulta que un guardia ingresó al baño, escucho ciertos murmullos extraños en el último cubículo. Al abrir la puerta, vio a Guido con una de las sortijas en el dedo meñique y escribiendo en una hoja rasgada de mi diario. Le he visitado y he intentado entablar una conversación con él. Se ha negado y me ignora. Me sentí tan triste que no comí en todo lo que quedó de día.

Segundo, el secuestro, asesinato y descubrimiento del cadáver de Mike, paciente de la 88. La historia es así. Hace nueve días se reporto la desaparición de este paciente. La policía intervino e hicieron una extensiva investigación que termino en nada. Esto se debió a una simple cosa: el individuo desapareció de repente, sin que hubiera acción alguna de terceros. En pocos días perdimos toda esperanza. En la tarde de hoy, una mujer encontró su cadáver dentro del techo del baño. Resulta que la señora entro a uno de los cubículos y se sentó. Una gota de asquerosidad le cayó en la mejilla. Levantó la vista y vio que el techo lentamente se tornaba azul. Sacaron el cuerpo y encontraron en la punta de la lengua de la víctima otra de las sortijas. Imputaron más cargos al plebeyo.

La jaqueca de todos estos eventos no me esta dejando dormir.

Fecha: 13 de Enero 1997Editar

Por: "(nombre no insertado)"

Hoy, en esta noche.
El undécimo hermano se sienta.
Al lado de sus compañeros.
Y el maestro de ceremonias levanta su copa.
Todos le siguen.
Y todos alaban.
Al reloj en el cielo.
El cual ya casi marca las doce.

Fecha: 24 de enero, 1997Editar

Por: "(nombre no insertado)"

Al llegar del almuerzo he encontrado en mi diario un extraño poema. ¿Lo habré escrito sin darme cuenta? No hay otra respuesta lógica.

Fecha: 10 de febrero, 1997Editar

Por: "Zuc"

El Apocalipsis empezó siendo un símbolo en mis sueños. Un reloj gigante, antiguo, que giraba por si mismo en el cielo de un mundo desierto. Sin ningún aviso, cayó y se insertó de una forma perfecta en la tierra, como se inserta una moneda a un maquina de dulces. La tierra se partió en dos y de ella emergieron aberrantes criaturas infernales. Todas surcaron los cielos y lo contaminaron con gases oscuros. En un árbol antiguo, uno se postro. Y con una voz grave se rió de mi. Corrí hacía una cueva cercana. Allí escape de tales demonios, pero encontré otros mucho más terribles. Un festín de carne humana. Once personas sentadas alrededor de una mesa redonda. El del centro se levantó y los otros hicieron lo mismo. Levantaron sus copas, y de forma despectiva hacia mi persona, gritaron: “¡victoria!”.

El verdadero caos, el que yo viví, sucedió en una medianoche con luna llena. Un olor a ceniza me despertó. Al salir de la cama de hospital, encontré la puerta del quirófano abierta y ciertas luz verde neón que iluminaba el pasillo. Cuando me precipite a la puerta, escuche unos rápidos pasos hacía mi posición. Con el rabillo del ojo veo una persona en llamas corriendo. Esta paso de largo y choco contra la ventana del fondo.

Recorro varias estancias. Todas las puertas de mantenimiento cerradas y varios quirófanos cerrados. Todos los pacientes que logro encontrar se encuentran durmiendo. Me acercó a la zona de cirugía cuando la sombra de una persona tirada en el suelo capta mi atención. Al estar unos pocos metros de distancia, reconozco al cadáver: es Dina la pirata.Ya no tenía su parche de pirata y su ojo hundida la hacía horripilante a la vista. Pero hay que detallar esta pista para nada involuntaria: los brazos de la enfermera extendidos y puestos el uno sobre el otro, señalaban a un rastro de gotas de sangre que llegaba al quinto piso. Seguí el rastro y subí varios pisos más. Las gotas me llevaron a un almacén en el penúltimo piso.

De la puerta provienen muchos murmullos y, en cierto momento, el sonido de una botella de champán abierta. Entro precipitadamente y todo para. El espectáculo que siguió fue, si mi memoria no falla, así: lo primero que noto es una mesa robada del restaurante. Sobre ella, como plato principal, se encuentra el cuerpo descompuesto de Mike. Alrededor del cadáver hay varias velas negras prendidas y unas botellas de carísimo vino. Cerca de la mesa, de pie, se encontraba Guido sosteniendo una botella de champán recién abierta. Sentados estaban los susodichos monstruos de los que había hablado en la nota del 23 de diciembre del año pasado: el sujeto sin piernas, quien descansaba en la silla con un almohadón en la espalda; el orangután, quien lleva, Dios sabe como, la cabeza del animal puesta; y el glotón, quien ya no tenía el brazo y ya empezaba a comerse el otro.

Guido deja caer la botella y se me acerca con precaución. Me toma la mano y me la besa. Al instante la quito de su alcance y este se devuelve. Toca el hombro del glotón y dice, con un inexplicable aire de orgullo: “Miradlo. ¿No es el perfecto para completar el grupo?”.

Calló de repente. Pone la mirada al techo, y con un repentino cambio de tono, pregunta a una deidad que el solo puede ver: “¿Que decís, maestro? Espero con todo corazón que sea el indicado para hacer todo lo que me ordenaste. Recuerda, por favor, por favor, recuerda todos los recaudos que he hecho a tu nombre.”

Se quedó quieto por un segundo y después se arrodilló en el suelo, gimiendo y rogando: “¿Acaso todos estos y aquellos muertos que he traído a tu mano destructora no son suficientes para por lo menos, en una vez de mi vida, escuches a tu servidor, yo?”.

Calló otra vez. Lagrimas cayeron de sus ojos al tiempo que se levantaba y alzaba sus brazos al aire. Gritó a todo pulmón: “¡Cumplid vuestra palabra, mi Dios! Traed el caos a los mortales.”

Guido se desmayó y su cuerpo se desplomo sobre la mesa. El golpe hizo romper una botella y tres velas cayeron al suelo.

Fecha: 11 de febrero, 1997Editar

Por: “(nombre no insertado)”

No conozco todo los hechos del horrible desastre que siguió al desmayó de aquel plebeyo, pero recuerdo bien los daños que sufrieron las fachadas del hospital, la muerte de varios pacientes y mi estado actual.

La razón principal fue un curioso corto circuito en los sistemas de agua, gas y electricidad. Todos los cables, sin excepción, fueron mordidos por el mismo culpable. Se puede afirmar que fue una mordida por que no se encontraron objetos corto punzantes y la maraña estaba partida en varios trozos. Seguido a este corte fue la explosión de varios electrodomésticos y el rompimiento del sistema del acueducto y el agua. Gran parte de los dormitorios se inundaron. Las cocinas y las salas de acero se quemaron totalmente.

Lo que siguió al reporte de los daños fueron los muertos. Esta información puedo dividirla en dos categorías: 1) Las que murieron a causa del corto circuito. 2) Los que murieron por las bombas implantadas. Los de la primera categoría, aproximadamente, fueron unos 600. La mitad fueron pacientes de la sección psiquiátrica. Esto se debió a la conducción en el momento del evento. La mayoría de los pacientes escaparon y empezaron a matarse unos con otros. Después van el personal, el cual era el más cercano a las llamas. Termina con los otros pacientes y unos cuantos terceros. Los hechos con los muertos de la segunda categoría hacen referencia casi en su totalidad a lo que luego paso a Guido y una respuesta para toda la violencia que ha sufrido la institución en estos últimos cinco meses. Durante la catástrofe, explotaron varias bombas en los pasillos. Esto fue debido a una planeación de logística. Los artefactos fueron plantados de una forma en la que la gente que intentaba escapar fuera en círculos, viendo toda salida tapada por los escombros.

La policía no tardo mucho en encontrar al culpable. De hecho, éste se entrego a los pocos días. Guido Tremblay fue ejecutado por inyección letal a los 22 años. Se atribuyo los atentados, las daños al hospital y las enfermedades mentales de los pacientes (los susodichos “monstruos”), a quienes secuestro y torturo hasta convertirlos en las personas que son en el día de hoy. Sobre los métodos de como escapó de la cárcel, respondió: “el poder de Dios es demasiado grande. Me envío unos ángeles, los cuales me llevaron cargado hasta el techo del hospital.” Las razones que dio para hacer los atentados fueron “traer por fin el Apocalipsis, el cual le fue revelado hacía tres meses”.


Autor: Eovoru

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