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Algunas cosas extrañas han ocurrido en mi casa desde hace un tiempo. Empezó con algunas de nuestras fotos familiares tiradas y rotas en el suelo. Nos hemos dado cuenta de que muchas cosas aleatorias faltan, como las copas grabadas de champán que encargamos mi mujer y yo para nuestra boda.

Todo lo que ha desaparecido es más sentimental que valioso. Así que lo atribuimos a un intruso con extraños gustos. Contactamos con la policía, y han empezado a hacer vigilancia extra en nuestra área desde hace un tiempo. Incluso hemos instalado un nuevo candado con código electrónico para incrementar nuestra seguridad.

Puede que que nuestro detector de monóxido de carbono haya estado fallando en las últimas semanas sea de lo menos extraño. Está roto e, incluso luego de quitarle las pilas, no deja de pitar día y noche. Así que lo reventé, y acabó en la papelera de reciclaje. Encargué uno nuevo en línea, y debería llegar mañana.

Por las mañanas, me levanto a las ocho de manera habitual. Me despierta el lado vacío y frío de mi mujer en la cama. Ella se suele levantar a las seis y media para ir a trabajar y llevar a nuestro hijo de cinco años a la escuela. Yo soy un “amo de casa”, así que intento dormir hasta que nuestra hija de dos años comienza a gritar:

“¡Papi! ¡Despierta! ¡Vamos, Papi!”.

Esta mañana estaba callada, pero me he levantado como un reloj y he ido a comprobar su habitación. Me ha llevado un rato por el sueño, enfocar y darme cuenta que una de las muñecas de mi hija era quien ocupaba su lugar en la cuna. Esto fue más que suficiente para alarmarme, pero pensé que, tal vez, hubiera aprendido a escaparse de la cuna y hubiera dejado la muñeca en su lugar.

He intentado seguir cualquier camino que pudiera haber tomado y, en ese momento, he visto las pisadas dirigiéndose hacia la puerta. Sin la menor duda, las huellas eran las de los tacones de mi mujer y eran de color rojo.

En mi confusión, he pensado que se trataba de pintura o incluso maquillaje, al menos, hasta que he visto el charco de lo que únicamente podía ser sangre bajo la cuna.

¿Cómo podía haberlo obviado?

He sentido nauseas. He seguido las huellas por la casa hasta la puerta principal, me han llevado hasta el lugar donde mi mujer aparca el coche.

He corrido dentro para comprobar la habitación de mi hijo, donde estoy ahora. Mi mujer nunca lo ha llevado a la escuela. Parece que aún está durmiendo en la cama. Al menos, espero que esté durmiendo. Me siento algo mareado y necesito sujetarme al quicio de la puerta.

Mi cabeza late, no puedo ver… No puedo… ¿Dónde estoy?