A veces era fácil olvidar que venía de un hogar ultra religioso. Jugar futbol americano con los chicos de la iglesia era casi lo mismo que jugar con cualquier otra persona, por ejemplo. La misma charla basura, el mismo chico imbécil que tacleaba a todo lo que se movía, y así sucesivamente.
La única vez donde sentía que todo era diferente era durante las épocas festivas. Navidad trataba más del nacimiento de Jesús y su sangrienta muerte, no sobre un gordo en pijama roja. La pascuas pues… también trataba sobre su muerte sangrienta… no sobre un conejo que de alguna manera simbolizaba las inmoralidades paganas.
Halloween era la peor de todas, para mi prácticamente no existía.
Vivía en un mundo donde esa palabra no tenía otro significado más allá de lo que podría recolectar de los otros niños. No estaba muy interesado en hacerles saber que era “muy ignorante” sobre el tema, así que solía escuchar lo que decían a escondidas.
Cuando me preguntaban sobre que “iba a ir” disfrazado, estaba perdido. Después de tartamudear un poco, simplemente repetía lo último que había escuchado de algún otro niño.
“Me disfrazare de Drácula”.
“Me disfrazare de Frankenstein”.
“Me disfrazare de… ¿Sailor Moon?”.
Si lograba terminar la conversación sin una sola risa, lo consideraba un éxito. Entonces, inmediatamente me preocupaba por no terminar en el infierno por mentir.
Sin embargo, cuando los chicos iban a la escuela vestidos de sus disfraces, las cosas se ponían un poco complicadas. Decir que mi disfraz todavía no llegaba me funciono los primeros años. Luego tuve que cambiar a respuestas más ingeniosas que había tomado de otros, como “voy de asesino serial, a fin de cuentas ellos lucen como cualquier persona”.
Al principio, ni siquiera sabía en qué fecha caía Halloween. Cuando comenzaba el otoño, inmediatamente me preocupaba cuando iba a ser Halloween, hasta finales de octubre.
Cuando les preguntaba a mis padres sobre el asunto, ellos simplemente me respondían con cosas como que “es satánico” o “es en contra de Dios”. A medida pasaban los años solía preguntar con mayor frecuencia, y estoy seguro que se estaba empezando a ponerse desagradable.
Entonces, con todo lo que te eh contado, podrás imaginarte mi expresión cuando mis padres llegaron a casa con “123 Safety Street”.
Sabía que se irían temprano, dejándome “a cargo” de la casa, para que pudieran asistir a una importante reunión sobre como satanás se metía en la mente y los corazones de sus hijos.
Tenía algunas ideas frescas, supongo.
“Esto es para ti”. Dijo mi mama mientras se quitaba la chaqueta y me entregaba un pequeño objeto cuadrado.
Era un pequeño CD ROM.
Eso fue bastante extraño, no había recibido nada similar desde “Mr. Math’s Market”, hace unos dos años… pero había algo más de que preocuparse.
La portada mostraba a una sonriente y adorable calabaza. Algo que solo había visto en las puertas de otras personas. Junto a la calabaza tenía una cinta amarilla que decía “PELIGRO”.
El titulo decía “123 Safety Street”.
“¿Qué es esto?”, les pregunte mansamente, casi sintiendo que era otra de sus pruebas. ¿Se suponía que debía tirarlo al suelo y pisotearlo? ¿Necesitaba recitar alguna oración en latín para expulsar el mal de la casa?
“Es un juego de computadora que nos entregó el padre Mickleson”. Dijo mi madre mientras colgaba su abrigo en el closet y mi papa se ocupaba de sus asuntos.
Tenía una mirada confusa mientras sostenía el juego.
“Es un juego que le enseña a los niños acerca de la seguridad de salir a pedir dulce o travesura, pero el padre Mickleson dijo que dejáramos que jueguen con él durante esta época del año. Así los niños no tendrían la necesidad de salir a pedir dulces”.
No tenía ningún sentido para mí, especialmente porque nunca me habían dejado participar de todos modos. Aun así, tenía el deseo de ver realmente de que trataba el juego.
“¿Puedo jugarlo ahora?”
“¿Limpiaste tu habitación?”
“Si mama”.
“¿Le diste de comer al perro?”
“Si mama”.
“¿Tiraste la basura y pusiste los platos en el lavavajillas?”
“Si mama”.
“Bueno, supongo que puedes jugarlo por diez minutos”.
Sabiendo muy bien que esos "diez minutos" comenzaban a partir de ese momento exacto, corrí al escritorio de la computadora y comencé el agonizante y lento proceso de encender la PC.
Al abrir la cubierta deslizante, me di cuenta de que el disco estaba diseñado para parecerse a la calabaza de la portada. Redonda, naranja y sonriente de una manera muy alegre. Para ser honesto, eso me causaba náuseas. Desde siempre me habían dicho que lucifer se aparecía en formas amigables.
“¡Escoge tu personaje!”
La pantalla era negra, salvo por los diseños mal renderizados en 3D de 4 niños parados en el abismo oscuro. Sus apariencias lucían torpes y anticuadas. Había dos chicos que lucían exactamente iguales, salvo por el color de su cabello y uno de ellos tenía lentes. Las otras dos eran unas niñas. Una era una rubia estereotípica en color rosa, y la otra era una versión con lentes, aunque hicieron el esfuerzo de hacerla parecer una nerd cliché.
Vacile un poco, pero termine por escoger al niño sin lentes.
“Escoge tu disfraz”.
Aquí tenía un acertijo. Había un fantasma, una máscara de esqueleto y una máscara de hockey con salpicaduras de sangre... eran tan pocas las opciones, y todas me incomodaban. Sentía que me metería en problemas solo por elegir un atuendo falso para un niño falso.
Afortunadamente, vi una casilla en la parte inferior de la pantalla que decía "Sin disfraz" y pude omitir ese problema por completo.
La pantalla se desvaneció a negro, y por un breve momento creí ver el reflejo de una cara mirándome desde atrás. Por supuesto, cuando me di la vuelta no había nada. Parecía ser un momento fugaz de paranoia dado el contenido del juego que estaba a punto de jugar.
Apareció un mapa. Era un pequeño vecindario lleno de casas casi idénticas situadas en una pintoresca calle con cercas y farolas.
"¡Escoge una casa!"
No estaba muy seguro de porque debía escoger una casa. Moví el cursor sobre algunas casas y leí los nombres que aparecieron sobre ellas.
Sr. Smith, Sr. Johnson, Sra. Brown, Sr. Jones.
Cuando floté sobre la última casa, apareció un icono de candado.
"¡Dr. Boo!!, 123 Safety Street!"
Alejé el cursor al instante. No solo porque la ubicación estaba cerrada, sino porque también el nombre, "Dr. Boo!", no encajaba con el tema de los nombres genéricos del juego y sentí como si hubiera encontrado algo que no debería.
Clickee al azar en una de las casas disponibles. La imagen cambió a una casa blanca con una puerta azul y un pequeño porche. Rápidamente descubrí que podía usar las fechas del teclado para navegar en primera persona, así que subí las escaleras hasta la puerta.
Hice clic en la puerta, escuché un golpe.
La puerta se abrió, y apareció una mujer cuyo diseño era tan torpe y tosco como el niño que había seleccionado. Llevaba una máscara de una muñeca de trapo y un vestido de princesa. Era casi como si los elementos de su disfraz se hubieran asignado al azar cuando seleccioné la casa.
Las opciones de "¡Dulce o Travesura!", "¿Qué eres?" Y "¡Huir!" aparecieron respectivamente en la pantalla.
Obviamente, hice clic en la primera opción.
"¡Qué lindo fantasma eres!" la mujer arrulló, "¡Aquí, tienes algunos dulces!”.
Por un momento, ella se quedó allí. Estaba casi inmóvil, excepto por una extraña influencia que la hacía parecer más "viva". Luego, levanto rápidamente su brazo como si estuviera dando un saludo nazi y unos pequeños "dulces" cayeron de su mano.
Aterrizaron en el porche mientras yo simplemente observaba. La puerta se cerró, atravesando a la mujer mientras lo hacía.
Miré los dulces en el suelo por un momento, y luego volví a tocar la puerta. Pensaba que algo estaba funcionado mal.
La puerta se abrió y la mujer habló. "¡Eres un niño muy goloso!"
La puerta se cerró de golpe.
No fue hasta que dos casas y dos intentos fallidos más tarde que me di cuenta de que sosteniendo la barra espaciadora podía hacer que mi personaje sacara una bolsa para atrapar los dulces.
Por cierto, sus disfraces no parecían tener sentido. El Sr. Smith llevaba una máscara de alienígena con un delantal que decía "Kiss the Cannibal". La Sra. Anderson tenía un disfraz de gorila, salvo por su cara que estaba pintada como si fuera una manzana y llevaba una hoja en la cabeza. Parecía ridículamente innecesario que eventualmente ni siquiera me di cuenta de lo extravagantes que eran los trajes.
Luego llegué a la casa del señor Jackson.
Para ese entonces, había aprendido que en algunas casas tenía que tocar la puerta, mientras que en otras había que tocar el timbre. Si tocabas a la puerta y eventualmente esta tenía un timbre, la persona se enojaría y se negaría a darte algo.
Cuando toque el timbre del señor Jackson, ya sabía lo que estaba haciendo y fui a por ello. En lugar de la música habitual del timbre, hubo un grito. Nada demasiado extraño teniendo en cuenta la festividad.
"¡Hola, pequeño fantasma!" Dijo el Sr. Jackson mientras abría rápidamente la puerta.
El señor Jackson no llevaba traje.
El señor Jackson comenzó a vibrar.
Es decir, su cuerpo completamente inanimado temblaba violentamente, incluso tirándolo al suelo por unos momentos. Miraba hacia adelante, sin ninguna expresión, simplemente temblaba como si estuviera atrapado en su propio terremoto personal.
"¡Hola!" Dijo el señor Jackson de nuevo.
Hice clic en "Dulce o Travesura".
"¡Hola!" Repitió el Sr. Jackson, girando lentamente hacia mí y atravesando el marco de la puerta. "¡Hola!"
Sin tener una idea de lo que se supone que debía hacer, extendí mi bolsa de los dulces y retrocedí un poco.
El señor Jackson, extendió sus dos brazos mientras giraba su cabeza 90 grados a la izquierda. "¡Adiós!"
Esperé mientras sus manos permanecían apretadas, solamente quería atrapar los dulces y alejarme del personaje glitcheado. En cambio, de sus manos lanzó un puñado de pequeños gusanos que cayeron lentamente en líneas retorcidas de una sola fila.
Retrocedí aún más, dejándolos caer en las escaleras donde se dispersaron en la hierba.
"¡Hola!" El Sr. Jackson insistió mientras sus brazos desaparecían y volvían aparecer junto a su cuerpo.
Empecé a pensar que talvez se trataba de algunos de esos “trucos” de los que hacía referencia esa frase. Después de todo, solo había recibido dulces hasta ese momento, por lo que debe haber sido parte de la tradición. Incluso entonces, sentí que probablemente ese no era el caso… pero ahí estaba en mi pantalla.
Fue entonces cuando me di cuenta que estaba jugando más de los 10 minutos que me había dado mi madre. En cualquier momento volvería y me mandaría a la cama. Probablemente me regañaría, también.
Aunque pensé en decirle que no me había dado cuenta de que seguía jugando más de la cuenta... y luego, preocuparme por ir al infierno por mentir más tarde.
Me dirigí a la casa del señor Washington.
Debería mencionar hasta ahora que cada hogar estaba decorado de una manera diferente. Pero de nuevo, todo parecía estar completamente al azar como los disfraces. Algunos tenían arañas gigantes en las ventanas, otros tenían telarañas esparcidas por el porche. Uno de ellos tenía un esqueleto de plástico colgando de la alcantarilla.
Casi todos tenían linternas de calabaza.
Sin embargo, el Sr. Washington hizo un esfuerzo adicional. En la entrada de su casa tenía colocadas algunas cabezas decapitadas sangrientas y podridas. Cada una tenía una vela colocada en la parte superior, la cera caía sobre sus caras pálidas y también en sus ojos y bocas abiertas.
Estaba por apagar el juego ante tal imagen, pero ya había visto muchas decoraciones similares hasta este momento y sabía que eran falsas.
"¡Hola, pequeño fantasma!" El señor Washington me saludó.
Llevaba una máscara de perro y el traje de payaso.
"Ven aquí." Dijo después de unos momentos de silencio.
No me moví. Si iba a entregar un truco, quería tiempo para alejarme.
"Acércate para que pueda ver tu disfraz". Me explicó.
Recordé que no había seleccionado ningún disfraz, por lo que me pedía era aún más inquietante. Entonces, pensé que todos los que se referían a mí me decían "fantasma".
El Sr. Washington se acercó hasta mí, algo que no había hecho ninguno de los otros personajes del juego.
Yo también me acerqué.
"Bien hecho". Dijo el señor Washington.
Después de lo que pareció un minuto completo de silencio, pude seleccionar una de las opciones. Hice clic en "Dulce o Travesura".
El señor Washington no se movió en absoluto. Simplemente me miró a través de los agujeros oscuros de los ojos de su arrugada máscara de perro. Finalmente, decidió decirme algo.
"Amigo, puedo lamer muy suavemente".
Hice clic en "¡Huir!"
Tan pronto como lo hice, se apagaron las luces. Con eso, me refiero a que las luces de mi habitación se apagaron de inmediato. Estaba en total oscuridad, salvo por la luz de la pantalla de mi computadora.
La vista de mi personaje iba girando, por lo que estaba en frente de la calle. Baje los escalones y me metí en el patio trasero el cual nunca había visto antes. Mientras movía a mi personaje hacia la calle, pude escuchar unas fuertes pisadas que no parecían provenir de mí. Era el señor Washington que me estaba persiguiendo.
Sin mirar hacia atrás, moví a mi personaje hasta llegar a la acera. En ese punto, mi personaje siguió caminando por su cuenta por el costado de la calle mientras la pantalla se desvanecía lentamente a negro.
Detrás de mí, pude escuchar los exasperados ladridos de un perro.
Deje el juego por un momento, me levante para encender las luces. Se habían apagado. Después de encenderlas, me decidí por ver porque mis padres me dejaron jugar este juego por más de cuarenta minutos.
“¿Mama?” llame, “¿Papa?”
No hubo ninguna respuesta.
¿Se abran ido a dormir? ¿Habrán olvidado que estaba abajo, jugando en la computadora sin ningún tipo de supervisión? Nunca había estado en una situación así antes.
No podría decir si solo era mi imaginación, pero la casa se sentía helada. De hecho, me estaba congelando. Pensé que talvez era porque me sentía un poco asustado en ese momento, y mi mente estaba jugando conmigo.
Regrese a la computadora, pero solo con el propósito de apagarla e irme a la cama. Sin embargo, eso no sucedió.
El candado sobre la última casa había desaparecido. De hecho, había visitado cualquier otra casa y ahora solo me quedaba por visitar la infame “123 Safety Street” y su enigmático residente… el “Dr. Boo!”.
Bueno, si estaba en problemas en ese punto, tenía que sufrir las conciencias. A los pocos segundos de terminar este juego… visitar UNA casa más para así finalizarlo no me tomaría nada.
Clickee en la casa y me talle los ojos por el sueño.
La casa no se parecía en nada a las demás. Tenía un camino largo y oscuro que conducía a una pequeña colina, a través de unas puertas de hierro oxidado, hacia una mansión sacada de cualquier película de terror barata que te pudieras imaginar.
Toque la puerta.
Alguien toco duro del otro lado.
El miedo se apoderó de mi pecho, apretando mi corazón con mis dedos helados. Me alejé de la pantalla solo por un momento antes de escuchar crujir la puerta.
“Hola mi niño”. Exclamo una lenta y anciana voz del otro lado de la puerta. “No prestes atención a los espíritus que te rodean”.
Ahora no sentía nada. Era como una conciencia flotante sin un cuerpo físico. Todo lo que podía hacer era mirar la pantalla y sentir miedo.
El Dr. Boo! emergió de la puerta. De lo poco que pude ver, tenía una sábana negra que le cubría todo su cuerpo y de alguna inexplicable manera abrazaba su figura. En su rostro solo había dos grandes óvalos blancos y una gruesa y torcida “W” blanco en su boca.
Con mi mano temblando, hizo clic.
“¿Qué eres?”.
Teniendo en cuenta los disfraces absurdos que había visto antes, esta era la primera vez que seleccionaba esa opción.
“Soy un doctor, una clase especial de doctor”.
Se inclinó hacia mí, con su rostro flotando sobre el mío como si me estuviera mirando profundamente a los ojos.
Luego, su cabeza empezó a retorcerse y vibrar mientras sus brazos y hombros se sacudían y se extendían al azar. Su voz se convirtió en un chirrido chiflado y sobre amplificado.
“¡SOY EL DOCTOR DEL MIEDO!”
Fuertes pasos llenaron mi casa, como si de una persona invisible corriera sin rumbo por los pasillos. A mí alrededor podía escuchar el estruendo de los pasos mientras el Dr. Boo! gritaba con un zumbido mecánico.
Clickee en “¡Huir!”.
No pasó nada.
Rápidamente, Clickee en “¿Truco o Travesura?”, alternando entre ambas opciones, haciendo clic rápidamente.
"¡ES HALLOWEEN!" gritaba el Dr. Boo! mientras pulsaba de un lado a otro, golpeando su rostro contra el mío una y otra vez. Los gritos de los condenados se alzaron alrededor de su propio canto demente.
"¡HALLOWEEN! ¡HALLOWEEN! ¡ESTO ES HALLOWEEEEEN!"
De repente una mano helada toco mi hombro. Grite como si me hubiera golpeado el dedo chico con la puerta.
Gire mi silla, empujando lo que sea que me haya tocado. La empuje tan fuerte como pude. En ese momento solo podía pensar en matar a lo que sea que quería atraparme.
“¡Ja, Ja, Ja, Ja!” El Dr. Boo! reía maléficamente.
Vi como mi madre caía hacia atrás, cayendo sobre la mesa de cristal y golpeando su cabeza con el borde de la mecedora. Fragmentos de vidrio volaban en el aire mientras gritaba, hasta que su cuerpo golpeo el suelo.
"Ma... ¿Mamá?" Tartamudeé, apenas capaz de soportar el miedo.
Papá entró corriendo a la habitación, maldiciendo y gritando cuando llegó. Levantó la cabeza de mamá. Ella no se movía. Él comenzó a llorar.
“¡Gracias por jugar 123 Safety Street!” dijo una voz reconfortante: “¡Halloween es una festividad extraña, espero que hayas aprendido lo aterradora que puede ser! ¡Espero que tus padres no te den un susto! ¡Ja, Ja, Ja!”
Miré a mamá mientras papá la abrazaba y gritaba.
No había mucha sangre.
Solo un pequeño charco que derramo su boca en el suelo.
Formaba dos óvalos y los que parecía ser una “W”.
Fuente: https://slimebeast.com/forum/stories/123-safety-street/
Traducido por: unown731