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Han pasado seis años desde aquel incidente, yo era un joven universitario que por mis escasos recursos estudiaba de día y trabajaba de noche en un bar. Mi jornada laboral se extendía desde las 6:00 pm a las 12:00 pm, desde ahí en adelante Carlos, otro trabajador, continuaba, prácticamente el bar nunca cerraba.

De lunes a viernes casi no había clientela, pero eso cambiaba los sábados y domingos porque la gente tenía tiempo para dedicárselo, pero un martes todo fue distinto, el reloj casi marcaba las 12:00 pm, así que me alisté me quité mi traje de barman y me senté frente al bar hasta que Carlos llegara pues no podía dejarlo solo y ni siquiera tenía llaves como para cerrar e irme, miré el reloj, 12 en punto, decidí llamar a Carlos para ver qué pasaba, me dijo que se había retrasado que ya había tomado un taxi. A los pocos minutos de haber colgado, un hombre alto con sombrero entró al bar, mi deber era atenderlo, así que sólo me puse el delantal y le pregunté qué quería, con una voz casi de llanto me dijo, “unos cigarrillos y una cerveza”, cogí todo eso y él se sentó en una de las mesas donde una bombilla no servía, por tanto, casi no se podía ver su rostro, tomó la cerveza antes de ponerla en la mesa y le pregunté cuantos cigarrillos quería, me contesto, “deja la caja”, tomó el primer cigarro, se lo puso en la boca y levantó la cabeza como dándome la señal de que lo encendiera, saqué mi encendedor y al prenderlo vi algo que, de lo que me arrepiento, pues hubiera deseado decirle que el barman se había ido, o que el bar ya había cerrado. Un ser sin ojos y con la cara demacrada al parecer por cortadas de cuchillo, sentía el corazón en la garganta y mi respiración se hacía sonora.

Lo único que deseaba en ese momento era que Carlos llegara a socorrerme, el ser agarró mi mano y la acercó al cigarro, se encendió, fumo y exhaló el humo en mi rostro, mi ojos se oscurecieron, de pronto escuché la campana de la puerta que suena cada vez que alguien entra, era Carlos, por el humo mis ojos se nublaron y no veía nada, parpadeé y ya no estaba, ese humano o lo que sea había desaparecido.

Le pregunté a Carlos si alguna vez había notado algo similar y dijo que no, pero, me mostró un periódico de un hombre al que en este mismo bar, una pandilla había matado cortando y arrancándole los ojos y al parecer todo empezó en esa misma mesa donde solo se encontró sangre, un cadáver, cigarrillos y un botella de cerveza rota, desde ese día robé las llaves del bar y les saqué copias para cuando dieran las 12:00 pm me largara, desde ese día entendí porqué Carlos siempre llegaba tarde.

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