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No recuerdo como llegué aquí... andaba con unos amigos... uno de ellos, era Maria, y ella...

-Ugh...-

No logro recordar... estoy en un hotel abandonado ¿no? Tengo que pensar rápido o esa cosa me va a matar.

Solo tengo que recordar...

Hace 10 días, fue el último día de clases escolares. Pronto comenzaremos la facultad. Nuestro grupo de amigos se separará. Reconozco que tenemos métodos de comunicación pero no nos veremos físicamente por un largo tiempo. Ese mismo día, salí del salón de clases y vi a Ana por los pasillos. Le empecé a hablar.

—No te muevas—

—¿Por qué?— respondió Ana.

—Solo no lo hagas—

Seguí buscando hasta encontrar a María, donde estaba el filtro de agua y la llevé junto a Ana.

—¿Por qué tengo que estar aquí?— preguntó María.

—Te lo explico luego—

—Pero quiero beber agua— reclamó María.

—¿Quieres agua? Aquí tienes tu agua— le dije lanzándole un pote de agua.

—¡Gracias!— exclamó María de forma negativa.

—De nada— le respondí alegremente

Seguí buscando a los demás miembros del grupo hasta encontrarlos a todos. En total somos 7 personas. Los miembros del grupo son: María, Adán, Ana, David, Kevin, y obviamente yo. Aunque, tratando de recordar, faltaba un miembro del cual no me acordaba de su nombre.

—Trata de recordar— me respondí mentalmente.

Somos 7, somos... Tratando de recordar su nombre por fin lo logré. Su nombre era Ángel.

—¡Ángel!— exclamé.

—¿Qué paso con él?— pensé.


Recuerdo.

—¿Qué vamos a hacer?— preguntó Ana.

Al escuchar eso, una sonrisa malévola se generó en mi rostro.

—¿Qué tal... meterse en un hotel abandonado?— pregunté.

Todos empezaron a temblar.

—¿Vamos a hacer eso?— preguntaron todos.

—¿Por qué no?— les respondí aún con esa sonrisa en mi rostro.

—Eres malo— exclamó María decepcionada.

Yo les dije a todos que si no venían, los haría llegar de forma brusca y violenta, porque, tenemos que celebrar nuestro ultimo día de clases de una forma asombrosa. Les dije que llegaran al lugar de encuentro a las 7 y media de la tarde, o incluso a las 7:00. Mientras tanto, navegué por internet para pasar el tiempo un rato.

Fin del recuerdo.


7:21 p.m.

A 9 minutos del horario de encuentro y solo han llegado 5 personas. Olvídenlo, ya está llegando Kevin. Los que llegaron son María, Ana, Kevin, David, Adan.

5 minutos más tarde, llega Ángel, que por cierto estaba muy tarde.

Le doy una palmada a Ángel.

—Lo siento, estaba comiendo— respondió Ángel.

Todos mostramos rechazo.

Ya estábamos caminando al hotel, en total tardamos 36 minutos.

HotelSanSalvador

El hotel.

Cuando por fin llegamos al hotel, todos los demás empezaron a temblar a lo que yo me empecé a burlar de ellos. Escuchaba cosas. Ruidos. Pero no le mostré relevancia. Seguimos caminando hasta encontrar una niña llorando en el suelo, parecía de 7 años.

—¿Qué tienes?— pregunté.

—No encuentro a mi madre y mi muñeca favorita se extravió— sollozó.

—Te voy a ayudar a a encontrarlas a las 2, ¿de acuerdo?—

La levanté del suelo y le pregunté:

—¿Dónde fue la ultima vez que las viste?—

—En el piso cero a mi muñeca y en la sala de descanso de el psicólogo a mi madre— respondió.

Nos sorprendió su respuesta ya que, no solo sabía los rincones del edificio, sino que exclamó haber perdido a su muñeca en el piso cero. No había piso cero. Extraño.

Nos dividimos. Tres fueron a buscar a la muñeca en donde dijo la niña, y nosotros fuimos a buscar a su madre guiándonos de la misma.

—¿En serio tenemos que hacer esto?— preguntó Ángel de forma negativa.

—Tenemos. Es parte de vivirlo al máximo, y por máximo me refiero a 100%— respondí.

De pronto, la niña sonrió.

—Oye... ¿Puedes decirles a los que se dividieron, que se retiren?

—¿Por qué?—

—Acabo de encontrar a mi muñeca— exclamó la niña.

Era un cadáver.

—¿No es la mejor muñeca de el mundo?— preguntó la niña de forma turbia.

Ángel salió corriendo.

—¡Esperen! No se vayan, podrían ser mis nuevas muñecas—

No sabía qué hacer.

Kevin empieza a retroceder.

—¡NO!— alarió la niña

—¡Mamá!—

Kevin se adentra en la oscuridad, y sale sin piel.

—Ya está aquí, ¿están listos para jugar?— preguntó la niña.

Empezamos a correr desesperadamente mientras ruidos gigantescos retumban en nuestros oídos. Me separé del grupo, pero Ángel se acercó a mí.

—¿Qué hacemos con esa cosa?— pregunté.

—Yo sé lo que hay que hacer— respondió Ángel.

Me noqueó con un fierro.

Presente.

Ese idiota me golpeó y me dejó inconsciente.

Se escucha un rugido fuerte a lo que empiezo a correr.

—No importa lo que pase, solo corre. No importa lo que pase, solo corre. No importa lo que pa— interrumpió mi pensamiento un grito al fondo del pasillo.

¿Qué hago?

¿Me arriesgo? ¿Sigo corriendo?

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