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¿Alguna vez te has quedado mirando fijamente a la pared? ¿Te has dado cuenta de que algunas veces se forman rostros? Entonces sigue leyendo esto, te va a gustar.

Es una noche cualquiera, por alguna razón te despiertas, miras al techo, no puedes dormir, te das la vuelta tratando de dormir pero no te puedes quitar esa sensación de que alguien te observa.

Por fin estás conciliando el sueño, pero hay algo que llama tu atención, sientes esa extraña presencia, esa mirada pesada, sientes frío, ¿vez ese rostro? No debiste hacerlo, ¿sonrió? Es demasiado tarde para fingir que no lo viste, por favor, él lo sabe.

Te das la vuelta, quieres levantarte y encender la luz, te sientes inmóvil, sientes esa respiración, esas gélidas manos en tu cuello, estás indefenso, miras a tu alrededor, esos malditos ojos te miran fijamente con deseo, probablemente estés sudando, eso le gusta más.

¿Rezar? No te servirá de nada, él es inmune, después de todo es una más de sus creaciones, su respiración te sucumbe, no tienes idea de lo que será de ti.

Despiertas, ¿te perdonó? Claro que no, simplemente no tenía hambre, te recomiendo estar listo la noche siguiente, puede que no encuentre a otra víctima.

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