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Hola, mi nombre es Alice, y la historia que les contaré a continuación es algo confusa ya que no tengo recuerdos demasiados claros, pero si eres de esas personas que creen que esta cuerda..podrías cambiar de opinión.

Acababa de llegar a la ciudad a quedarme en casa de un viejo amigo, Adam. ambos éramos viejos amigos desde que tengo memoria y no nos veíamos hace demasiados años, creí que realmente seria un alivio ver una cara conocida después de tantos años.

cuando me detuve frente a su casa, pude notar ciertas cosas extrañas: la casa era grande sin dudas, tenia varios relojes colgados en la entrada y un gran agujero en el patio. "quizás solo es parte de su gusto en decoración" pensé. Toque la puerta y el salio a recibirme, estaba muy..diferente a como lo recordaba.

¡Alice!.- me miro con una gran sonrisa en su rostro, pero eso no desviaba mi atención de su nuevo aspecto. Cabello blanco, cuerpo delgado, grandes ojeras y con una pequeña cicatriz en su mejilla izquierda.

Entre a la casa junto a el y las cosas solo se pusieron mas extrañas. Sus paredes estaban llenas de mensajes que apenas lograba entender a excepción de uno: "El reloj esta roto". En mi cabeza solo podía entender que trataba de asustarme y solté una risa seca.

"Puedes ir a tu cuarto, yo subiré en un momento", me dijo sonriendo. Cuando comencé a subir las escaleras lo pude escuchar hablar. "Oh no te preocupes Reina, ella estará lista", seguido de una risa demasiado anormal para mi gusto. no le di importancia al asunto y entre a mi cuarto.

Pasaron las horas y el y yo hablábamos de como iban nuestras vidas y recordando el pasado. Se le notaba feliz a pesar de todo lo que habíamos pasado. Cuando mire mi móvil, mi sorpresa fue mayor cuando vi la hora.

"Vaya, mira la hora. Será mejor que me vaya a dormir, Adam", le dije mientras lo observaba.

El me quedo mirando callado y solo me sonrió, esa sonrisa me causo un sentimiento extraño, mi cuerpo me decía que debía salir de ahí lo más rápido que pudiera. Estúpidamente lo ignore.

Cuando me dirigía a las escaleras, jamás creí que recibiría un golpe en la cabeza, tan fuerte que me deja casi inconsciente. Ya en el suelo, lo último que vi fue a mi amigo observándome con una palanca en su mano, hablándome casi con voz aguda. "No te preocupes Alice..ahora tenemos todo el tiempo del mundo".

Luego de eso solo hubo oscuridad por un largo tiempo.

Cuando me desperté note que estaba en una habitación completamente blanca y vacía, y al exterior, podía escuchar pasos y una voz tarareando una melodía, casi como un susurro. Una extraña figura había entrado al cuarto y la escena no podía ser más macabra.

La gran máscara de conejo que llevaba y una ropa casi elegante no me permitía moverme, quería correr pero el miedo realmente era abrumador.

"¨¡oh mi querida Alice! por fin has despertado, no podíamos llegar tarde a la fiesta!", me dijo riendo de una manera muy extraña. "Ya sabes lo que dicen del tiempo! no puedes hacerlo todo!".

Gracias a que la máscara solo le llegaba a la nariz, note algo en su mejilla. mis temores se habían hecho realidad.

"No puedes pensar con el reloj roto, ¿eh?, yo tampoco podía!", se arrodillo frente a mi y me miró fijamente. "quizás solo te has vuelto loca, Alice. ¿Realmente estoy aquí?, ¿realmente soy..real?".

Se levantó de su posición y se puso unos guantes completamente negros. dentro de mi, sabía que el final estaba cerca, no podía hacer nada para evitarlo. cerré mis ojos y di un ultimo suspiro mientras lo escuchaba decir:

"Has caído bajo el agujero de conejo, ¿verdad".

Cuando abrí los ojos, él ya no estaba ahí. mi cuerpo se sentía débil pero pude levantarme con gran esfuerzo. Cuando salí de la casa, sentía un presentimiento extraño, algo me decía que debía mirar a la casa una última vez.

Me gire para observar la casa y en una de las ventanas, veía a Adam con su máscara, con un reloj en su mano y agitándolo de lado a lado.

Han pasado los años, ya tengo familia, un trabajo, ya lo tengo todo.

Aunque todas las noches, aun puedo sentir su risa, como si me estuviera acechando. y también puedo escuchar lo que leí en su casa, como si quedara poco de mi cordura.

"El reloj está roto, Alice".

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