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¿Qué es un escritor sin un bolígrafo? ¿Qué es un hombre sin corazón? Pero los corazones cambian, hay corazones: Bohémicos, taciturnos, alegres, compasivos… En general, el corazón  es el alma que siente y ama. Amar es rosar  sus labios húmedos, acariciar perdiéndose sobre el pecho cálido, el pecho cálido sobre el frágil cuerpo. Tal vez eso no es amar, o tal vez sean ciertas todas las minúsculas conversaciones egocéntricas que ella me estaba poseyendo. Sin duda yo ya dependía del aroma a mujer, el aroma igualito ala rosa que hay en el jardín, la misma que le regale infinitas veces cuando se paseaba por mi habitación,  será aquella dependencia que me embriaga al palpar su rostro y pasearme sigilosamente apechugando la silueta encantadora, la silueta volátil como si fuera una venus desvistiéndose a tientas. Seguro que ella reflejaba la inocencia endiosada, más bien seria yo, la que lo idolatraba promiscua mente, usurpando facetas sexuales rutinarias.

Ya hace mucho tiempo, tiempos en que el sol no te quemaba el lomo, ni tampoco aquella dalia echaba su vista hacia mí, ni un poquito, no sabría que existiría.  Sus ojos, más bien el color de sus ojos; eran marrones, marrones puros. Se paseaba por las avenidas, los parques, la iglesia… Estaba en cada lugar, siempre mostraba pomposamente vestidos apegados, bien apegados al cuerpecito ¿Quién sabe cómo sería cuando era niña? Pues ahí sí ni lo conocía, estaría madurando multifacética mente, hasta salir convertida hecha una mujer  de pies a cabeza. Era una verdadera diosa caído del olimpo, sí, así era caído del olimpo. Tenía los ojos marrones, marrones como los turrones, ella tiene la cabellera negra, negra como cuando nos arrullábamos  en la oscuridad, es la oscuridad cómplice del todo. Sandy tiene los labios carnosos y húmedos al besarlo, es los besos apasionados sonriendo al recuerdo, aquel recuerdo ingrato dulcemente. Así era mi dama, frágil y sincera por veces. Pero más antes, mucho más atrás, de tenerlo entre mis brazos y  sentarlo sobre mi regazo me dijo:

-          Dime ¿cuánto, cuánto me amas?

-          Mucho, mucho como las estrellas e infinito como el universo - ella miraba el cielo despintado y me besaba, me besaba con ganas.

Se fue llevándose el viento, partió persiguiendo su sueño. Me dejo plantado porque mis raíces quedaron impregnadas profundamente en esta tierra, me quede tieso como los naranjos. Ella arrebato la primavera dejándome inviernos por delante, hinchando siluetas frías sobre mis muslos, disipándose y volviendo a revolcar lo vivido, preguntándome ¿Cuánto, cuánto me amas? Mas su vocecita se marchaba por los aires haciendo silbidos detrás de los cerros, siguiéndole a Sandy, fragancia a rosas de ojos marrones. Se marchó apartando la boquita dulce, donde muchas veces hablo susurrando entre mis oídos delicadamente.

He caminado las calles recorridas, los mismos lugares pintados en el recuerdo, he dado pasos de idas y vueltas sobre mi habitación esperando su presencia, y aún presiento que nunca llegara; porque lo he esperado dos veranos y ya voy para un invierno indócil para el tiempo caustico, que quema punzando sobre los tejidos inertes. He pronunciado que ella vuela por los aires y su mirada derrite, sobre ráfagas penetrantes agujereando nuestra piel desnuda. No seas cruel corazón, sabes bien que soy versátil y efímero, recorro terrenos forestales, áridos, gélidos buscando a Adonis, tierras desconocidas desde algún momento pasado.

Muchos decían que lo doy mucha pena, al enterarse que mis sentimientos vivos están adeptos a Sandy, algo agradable de mis ensueños. Lo doy mucha pena de penita, pues esta inundo un ser fatigado. Decían también que me voy condenar arrodillándome y adorando una imagen sofisma, tal vez será cierto porque observo cosas enigmáticas mas yo soy parte de ellos. Las hojarascas secas, los sonidos de cada pisada sobre las mismas, o el movimiento mínimo del viento llevándolos al azar, dándolo pequeños aleteos de difícil comprensión, invadiendo cada tejido invisible y renacer como un fénix sintiéndome completamente libre a lo alto, es chamuscado. Aquí reinan los silencios de lo silencioso, pegándote con fuerza, castigándote desvivida mente. Será porque me colgué de una viga pareciendo una marioneta y tu cuerpo se menea despacio, pausado; luego oyes una vocecita llamándote a seguir, lo que uno no sabe es de donde viene aquel sonido y eso a uno lo enloquece. La cuerda en el cuello, sintiendo un apretón rasguñado, el peso hundiendo y quitándote el aliento; después para despertar observando lo que hiciste, viendo pudrir tu cuerpo por tres días hasta que por el olor fétido se persuaden tus vecinos; en consecuencia deambule varios días hasta que  arrojaron tierra negra sobre mi ataúd, rezaron para no condenarme  y andar penando como lo ha dicho Efraín, incluso me lo enterraron dos virgen citas por quitarme la vida yo mismo.

Por eso he dicho que he caminado sin sentir el frío, siguiendo aquella llamada en el azar, tomando direcciones contrarias a naufragio, dar pasos lentos  y salir cuando se oculta el sol o esconderse en el ocaso, sentarse sobre los valles alejados para no molestar a nadie,  buscando a Adonis es  mi motivo funesto, el perdón y elixir para descansar en paz.

Por ratos digo  cosas incomprensibles, inanes o adulando una imagen inverosímil, en momentos veo cosas. He dicho por ejemplo: que Sandy vuela por las nubes y su perfume seduce, he dicho como también he escrito que me gusta sus senos y el silencio de su mirada. No es solo eso, puedo renacer de mis cenizas expresando o alucinado, alucinar es igual que imaginar e imaginar es un arte; entonces diré imaginado:

El viento es helado y hay un pasillo por delante adornado de árboles paralelamente a los costados, el pasillo esta liso enlosado, de repente algunas flores aparecen, distintas flores radiando pétalos coloridos; mas hay un banco despintado. Aparecen dos siluetas ensombrecidas frontal mente separados por unos veinte metros, ellos corren pausadamente inmutados a pasos lentos, corren mirándose y sonriendo; lo cual las flores resbalan sobre el piso, estos siguen corriendo ya a unos diez metros, una paloma se posa en el árbol luego un ruiseñor, segundos después bandadas de  aleteos lo rodean, surgiendo silbidos melodiosos. La paloma coge una flor y el ruiseñor también otra. Y yo estoy sentado en aquel banco despintado, observando como de un de repente se abrazan fuertemente y el busca sus labios de la dama, la amada responde juntando frenéticamente a un beso apasionado, mordisqueándose, palpando la espalda. Por lo tanto, el viento ya no es frígido aunque aquellos aleteos combinan con los silbidos. Estos siguen besándose tiernamente como lo hacen los  amantes. Mas sigo espectando sentado, solo los veo a unos metros, al frente mío. Contemplo a Sandy acariciarme; entonces, la paloma y el ruiseñor alcanzan del pico flores a manos distintas. Surge de lo impredecible otra escena, otra imaginación, digamos que comienza así: él besa cerrando los ojos empuñando la flor con más prisa, pero no se da cuenta que lo despedaza y lo aprieta porque se pierde en los labios ajenos. Abriendo la vista se asombra porque besa al viento, ve a dirección del pasillo, Sandy se aleja aleteando cabellos al movimiento, a la fuerza del tiempo, camina de prisa y las flores mueren oxidándose, las aves se marchan junto a ella meneándose pequeñas plumillas en el piso esta ves convertida a tierra, incluyendo las hojas desprendidas del árbol. Y yo lo miraba sentado perplejamente audible, nadie se dio cuenta que estaba ahí, sabiendo que ella lamió mis labios abrazándome como nunca lo hizo.

Miraba  al campo incomprensible, al pueblo que no siente, al viento que no escucha al atardecer que conoce nuestros actos, y en sus ojos marrones desapareció el día. Seguro pensaba en algo que no me dijo. Pobrecita de ella ya lo veía apagado, pensando cómo decirme que ya no estaría dentro de  una semana.

-          Te amo, carraspeo con delicadez y él te amo  entro como un rayo quemando inquietudes bélicas. Volviendo repetirse la misma corriente más fuerte y cocinada.

Los ojos  siguieron clavados por la ventana  a un mundo que  tiritan luces, observaba sacando el rostro y veía a lo lejos dos pájaros cantando, lo veía achacoso hasta que mi mano toco su hombro. Nuestros rostros chocaron, abrace su pequeña cintura entendiendo decisiones tumulatadas, conociendo que dábamos pasos por delante y los pasos se harían distantes. Ya con el arrullo Sandy entregaba un cuerpo blando como una mujer a un hombre, entregaba un alma blanca. Sin reproche Palpe recóndita mente, subí mis dedos sobre la pierna desnuda, frote la espalda virgen, sus senos redondos, sus labios dormidos y sus dientes en perlados. Despertó retorciéndose con una suave melodía, la oscuridad pendulando intercediendo a varios crujidos de tocamientos consientes. Olvido que la miseria invadía paso a paso esta ciudad, olvido el ¿Por qué?  La gente se va a otros destinos cogiendo un  bulto  y dejando tiendas, casas hogareñas y cultivos marchitos, lo olvido al sentir temblores por todito el cuerpo, echado sobre las sabanas  deambulando a las seducciones a jugar con quimeras nunca bosquejados. Aquella misma noche no replico nada, aunque vio nacer el sol por la ventana, ahí despejo lo oculto.

-          Me iré el domingo…

Hablo con la mirada directo al suelo; me iré, no hay futuro aquí. Columpie el cabello fijo, consecuentemente no balbucee, ni siquiera me dejo pensar  y se fue a recorrer la calle venida, alejándose con aquel pasito vaivén de elegancia.

Era cierto que esta ciudad comenzaba a desviarse, reclinándose vas tosa mente el peso misterioso al habitante atontado, era admisible lo que dijo Sandy, el lugar empezaba a podrirse, era comprensible que por eso se fueron la familia Figueroa o los Sánchez, era legitimo cada suceso transcurrido, mas descuide lo pronunciado. De un de repente, vaporosa mente concreta en un “Me iré”, zumbió envolviéndose a gran escala entrando al pecho, a lo profundo donde uno siente amar, desear u odiar. Quise devolver el tiempo hacia atrás y el tiempo me dejo calculando, primero sentado, luego trabajando. ¡No se puede ir! está bien que mucha gente huye  y no regresará jamás, está bien que no llueve más de quince días y las rosas marchitan, no puede irse el domingo, despotrique taciturnamente. Los vetustos decían que hace treinta años sucedió lo mismo, es el ciclo natural; sin embargo, no creyeron porque sus cerebros de estos ancianos descienden a tientas, no lo dieron importancia al comentario, que sucede así o que sucedió igual, solo debemos sobrevivir  compartiendo  casa por casa pidiéndole oraciones al Dios nuestro creador.

La primera señal para que se desfigurara la ciudad ha sido en octubre,  en aquel mes morado, porque a mediados de noviembre yo ya lo había extraviado. Particularmente fue cuando nacieron varios mutantes humanos y animales. El primer hijo de Alejandro nació con dos cabezas, muriendo dos días después al no poder ingerir leche, murió llorando casi toda la madrugada sin luna ni estrellas, en oscuridad absoluta. Quisieron mantener callado la escena, no funciono,  aquí todo se sabe, todo, el viento escucha, la tierra habla. Supieron que lo habían enterrado en su patio, es seguro que los vecinos percataron del hecho, al ver que no lloraba, taparon con tierra negra apisonando con piedras del río, rezando a no cometer castigo, echaron agua para espantar a los demonios. La segunda ocurrió unas setenta y dos horas después del suceso humano, aconteció alejado de la ciudad, cerca de las llanuras nebulosas, al pie de la laguna en el cual bebían los vacunos, sobrevino en la vaca preñada de Don Julio, el ganado mugió enloquecida mente dando vuelta de lado a lado sobre su corral, vibro en el suelo, poco después gimió sobresaliendo  una cabeza becerra entre sus patas, Don Julio corrió repetidas veces pensando cómo salvar al inocente animal, mas dejo de gemir ensangrentada, ahí sucumbió tendida la magnolia,  cual nombre lo había dado su amo. Al paso de  los minutos dieron cuenta que la vaca llevaba una cría con dos cabezas, este fenómeno no respiro aire terrícola, se ahogó antes de salir del vientre. Es por eso que estas dos noticias colmaron al pueblo, levantando habladurías por doquier, profetizando en cada esquina, diciendo que vendrían avalanchas de muertes, hambruna o sequía, mas no se equivocaron, estaban diciendo la verdad porque lo presentían. Recuerdo la última lluvia, los goteos que se dan en la calamina cayendo a chorros al suelo hambriento, ha sido a fines de octubre, goteo horas, fue un martes, sí, ha sido un martes porque el jueves yo acariciaba en medio del sol, tendido bajo la sombra de un árbol a Sandy. Esa lluvia se despidió lento, un adiós que duro seis meses cuando quedaban pocos habitantes, casi todos ancianos demacrados por la soledad y abandono. Mi abuela Patricia estuvo ahí, no llego a los seis meses, al segundo mes de la sequía falleció, seguro porque  ya no tenía fuerzas para llevar una oración al cementerio, era como su ultimo hijo que vivió desde muy pequeño junto a esa anciana, mis padres dijo ella que marcharon al norte pensando en volver  a la quincena ¿Quién sabe porque se fueron? Cual fue la razón de un abandono, si en esos tiempos las aves volaban aleteando, posándose de rama en rama y crecían aquellos naranjos jugosos; dejándolo a cargo un niño que recién empezaba filosofar de las cosas, en lo absoluto no retornaron. Seguro  soportaba mi suicidio anormal  y se cansó, pues ya no  poseía claveles para transportar a la tumba donde se podrían mis huesos, le gano la desilusión, la tristeza devoradora, apartándose del mundo tendida en su lecho donde durmió casi toda su vida, cerró los parpados y ya no respiro jamás.

Ahora resbalan dardos de luna  en esta oscura noche, sentado sobre un montículo de piedras, queriendo ganar y aventarme al abismo que hace ecos al hablarlo y al paso del viento. Lo he esperado errante largo tiempo zigzagueando de una manera incomprensible, de un modo contradictorio, porque han comenzado retornar algunas personas que se fueron, regresaron a partir de los siete meses, apenas renacieron las plantas rompiendo la tierra húmeda, cuando el cielo baño con abundante lluvia a este lugar, reviviendo corrientes del riachuelo y los vetustos dieron aleluyas gritando a viva voz rencosa mente al espacio, al cielo celeste  al universo azul y al rostro encajado en alegría. Lo gritaban  con hambre desenfrenada, bañándose jubilosos bajo la lluvia, arrodillándose y clamando piedad, o castigo, cantando himnos desvelados, coros dedicados a la esperanza tardía.  Mas no sé cuánto tiempo llevare perseverando a su llegada de mi dalia, a la dama de ojos marrones como los turrones, ya hace dos otoños partió un domingo expresando que volvería por mí y Patricia, que solo iba a ganarse la vida, no dijo dónde y cómo. Reaparecerá porque nació aquí, jugaba en la arena, sollozo infinitas veces, pertenece a estas tierras que han vuelto a florecer,  a la tierra de los jilgueros que dan serenatas  cada mañana.

A lo alto del ápice mi alma llora, ahí descanso tendido para que nadie moleste. Tiene una forma rocosa, casi inaccesible, ya no paro en la ciudad de modo que cuando camino por las calles los perros aúllan eso a mí  no me gusta, a veces en noches tan oscuras como ayer reviso la habitación, ya se está cayendo a pedazos, invadido de tela araña, llegando a concluir que ninguno quiere acercarse a esa casa, tal vez será por todo eso que me pongo a transitar miles de kilómetros escuchando aquella vocecita que se mete como espada directo a la cabeza.

He empezado a escribir nuestros rodeos matutinos, tardes abrazando la cintura primorosa, escribo hasta que sepas que me colgué en una biga al no aguantar tu abandono, niña de cabellera negra, olor a fragancias perfumadas  manda tu aliento que no aguanto la soledad y el misterio, ven y libérame de esta condena. He escrito por ejemplo:

 

Que cantas inesperadamente,

mariposa enrollada.

Lloras impredecible mente

mujer dócil amada.

 

Miras al cielo y el cielo devuelve,

estrellas fugaces.

Observas envolviéndote de nieve

frágil y sincera por veces.

 

Te he dicho muchas cosas

y me has dicho cosas;

como amarte por ejemplo,

o escribirte:

Que me gusta tus senos, y el silencio de tu mirada.

 

Amor el viento golpea fuerte, golpea desmoronando terquedades y aún presiento que nunca llegaras, eso me conmueve porque iniciare buscarte, cuando te encuentre o tú me hallas primero partirás conmigo a otros senderos, a otros donde  nadie vuelva violento contra nosotros, percibiendo  nuestras sonrisas, tocando palpando lo que fue sentir la distancia desmenuzada, apartado en la otra orilla. Y me chocare con tu aguda voz recitando.

-          Dime ¿cuánto, cuánto me amas?

-          ¿Quieres que te diga cuanto, cuanto te amo?

Yo no sé si te amo o no te amo, tampoco sé si he logrado amarte, porque he empezado a olvidarte.

Tal vez te amo, por eso cuando te olvido no puedo esconderte. Responderé entonces:

-          Te amo mucho, mucho mucho como las estrellas e infinito como el universo.

(KANLEY PICHARU SEONAYA) Lima – Febrero 2013

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