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CreppyGold CAMPEÓN DEL LIMBO
"Los regalos de los dioses no pueden ser destruidos con facilidad por los mortales."

Alza tu mirada, insulso mortal, y contempla con respeto al gran campeón del Limbo que, tras un Big Bang de imaginación, creatividad y/o consumo intensivo de drogas, se convirtió en el Amo y Señor del ¡CreepyLooza!

Todo empezó en una hermosa tarde de verano en el hospital. La señora Gremlingtong estaba por dar a luz a su hijo. Su padre, el señor Gremlingtong, rezaba porque todo saliera bien y no hubiese problemas. El doctor, con ayuda de la enfermera, logró sacar al niño. Este se lo dio en los brazos a sus padres. Optaron por ponerle de nombre Akzel.

Akzel ya tenía 5 años. Se habían comprado una casa con agradables vecinos cerca. Él se hizo amigo de un niño llamad Rafael, alegre y divertido, siempre ayudaba a su amigo. Él era igual que sus padres, los cuales también se amigaron de los de tutores de Akzel.

Akzel ya tenía 7 años. Su padre sufrió un accidente automovilístico. Intentó frenar en una esquina y se estrelló contra el muro de una tienda, hiriendo a 2 personas y matando 1 niño. Quedó internado en el hospital. Aunque un hombre se quejó de la muerte de su hijo, el único que murió en el accidente. Él juró venganza.

Ya habían pasado 3 meses y su padre había salido del hospital. Akzel y su madre le recibieron con los brazos abiertos y una gran sonrisa en la sala de espera. Los 3 salían muy felices del lugar. Akzel decía que quería ir al parque de diversiones. Desgraciadamente no irían todos. Un auto atropelló con tal brutalidad a su padre que lo mató en el acto. Su madre cubrió los ojos de su hijo y llamó a los paramédicos, pero ya era tarde. Él quedó con un trauma en su cabeza que jamás podría olvidar. Y lo peor de todo, fue que el vehículo no se detuvo a ver lo que causó, solo siguió su camino como si nada.

Al llegar a la puerta de su casa, su madre entró primero, pero Akzel se quedó pensando en la puerta en todo lo que no pudo hacer con su padre. Rafael se le acercó y le preguntó:

-Hola, ¿cómo estás? ¿Te sientes bien? Parece que estas triste.-

-No… Me siento muy mal.-

-No estés triste. Cuéntame que te paso.-

-Mi padre… Murió. Un auto lo atropelló. Y yo quería que me enseñara muchas cosas.-

-Oh, lo siento por tu padre, ¿necesitas que te ayude en algo?-

-Si, solo déjame solo un tiempo.-

Akzel se levantó del suelo y entró a su hogar. Aunque se sentía más vacío con su reciente perdida. Él vio como su madre portaba una foto de él en sus brazos mientras lloraba. Él en vez de ir con ella subió a su cuarto y se encerró en el mismo. Como si ya no quisiese ser parte de la sociedad. Solo saldría para comer e ir al baño.

Después de una semana, decidió volver a reincorporarse a la comunidad. Saludó a su madre, la cual parece que se recuperó un poco. Le contó que conoció a un hombre que la ha estado ayudando ha superarlo poco a poco. Akzel salió de su casa a visitar a su amigo, el cual se alegró de que él se sintiera mejor. Jugaron un rato, hasta que sus madres le llamaron para entrar que ya oscurecía.

Akzel al entrar a su casa, vio que su madre estaba con otro hombre. Ella le explicó que él la había ayudado a superar todo. El hombre miraba al niño con lo que parece una sonrisa falsa, como si no lo quisiera pero se contuviese a la vez. Cenaron los 3 juntos. Al terminar el hombre se despidió, pero antes de irse le dijo a Akzel al oído, sin que su madre le escuchara:

-Te reencontraras con él dentro de un largo tiempo.

Akzel confundido por aquellas palabras lo saluda igualmente, ignorándolas. Subió a su cuarto para acostarse, ya estaba cansado de tanto jugar. Pero las palabras de aquel hombre retumbaban en su cabeza.

Akzel ya tenía 9 años. Le iba bien en la escuela, calificaciones altas y buenos amigos. Lo típico de cuando pierdes algo muy preciado en tu vida. Sigue a pesar a de eso. El mismo hombre seguía visitando a su madre y a él, aunque era más “cariñoso” con ella. Parecía que volvió a enamorarse. En su casa:

-Akzel. Tenemos algo que contar que creo que te va a gustar. El señor Venisio y yo nos casaremos, ¿No estas emocionado?- Dijo su madre entusiasmada. Akzel solo deseaba lo mejor para ella.

-Que buena noticia mami. ¿cuándo será la boda?- Contestó con algo de entusiasmo su hijo.

-La próxima semana. Espero que volvamos a hacer felices.-

Akzel no sabía que pensar, si estar feliz, o algo “triste”. A pesar de que él le trajera algunos regalos, solo era para que su madre creyera que lo amaba. Igualmente, parece que todo iba a ir bien desde aquel accidente. Una vida aunque sea normal.

Pasó una 1 semana desde el anuncio de su madre. Había llegado el gran día, la boda. Akzel ya tenía 10 años, ya que su cumpleaños fue unos días antes de la misma, pero Venisio le regaló solamente un coche de juguete, de las docenas que le había regalado antes. Llevaba unas elegantes prendas.

Venisio esperaba en el altar a su esposa. Ella apareció, y llevaba una vestido blanco. Aunque no se veía muy bien, parecía estar enferma, se tocaba el estomago. Habían comido algo salado antes de llegar a la iglesia.

El monje ya había recitado las palabras, y finalmente dijo que pueden besarse. Venisio miraba mucho el reloj antes del beso. Y cuando estaba por besarla, ella cayó al suelo. Todos se desesperaron. Inmediatamente llamaron a la ambulancia. Esta llegó pasados 3 minutos. Se la llevaron de urgencia al hospital.

Pasaron 3 días, y llegaron noticias que devastarían a la familia y vecinos. Ella murió por cáncer de estomago. La comida tenía demasiada sal y eso le provocó el cáncer. Su familia quedó arruinada. Como si hubieran nacido para ese destino.

Pasados 3 días, Venicio volvió con otra mujer, pero estaban casados. Él le prohibió ir a su boda. ¿Cómo es posible volverse a enamorar después de que tu otra esposa haya fallecido hace poco? Akzel comenzó a odiarlo, a ambos, con todo su corazón e ira. Tenía unas tremendas ganas de matarlos, pero solo era un débil niño. Él era insignificante para ellos, una mosca, pero que no les importaba.

Pasó una semana desde la segunda boda. Venicio y su nueva esposa apenas le daban de comer, solo comía una vez por día, al menos lo dejaban eligir cuando comer. Generalmente en la noche, se le hacía cómoda. Igualmente eso no quitaba que cada vez se le notaba más delgado, y comenzaba a enloquecer. Fue ahí donde sus padrastros comenzaron a alimentarlo más, ya que si moría, podrían terminar en prisión. Pero aun así era poco para él.

Akzel ya tenía 12. Comenzaron a tratarlo peor. Lo golpeaban, empujaban, incluso le echaban cosas dañinas como gas pimienta. Casi nunca salía afuera a jugar con sus viejos amigos, hace 2 años que no lo hacía. Solo se aislaba en su habitación, jugando con sus juguetes que le regalaron anteriormente. Pero al ser de madera estos se pudrían.

Sus viejos amigos intentaban hablarle desde la ventana, pero él no les hacía caso. Solo cerraba la misma y les ignoraba. Aunque ellos a veces le daban algo de comer en algunas ocasiones. Akzel no podía resistirse y aceptaba. Deseaba salir algún día a volver a jugar con ellos, pero temía por preguntar. Juntó fuerzas, salió de su cuarto y preguntó:

-¿Puedo salir a jugar un rato?- Preguntó Akzel con un poco de miedo.-

-¿Jugar? ¿Quieres salir a jugar? ¡NO! Te quedas aquí mocoso.- Contestó Venicio.-

-P-pero hace dos años que no salgo de esta casa.-

-Hazle caso a tu padre, ¡te quedas aquí!- Contestó su esposa.-

-Ustedes no son mis padres- Contestó el niño en voz baja.-

-¿Qué dijiste? Ya verás- Dijo Venicio recogiendo un gas pimienta y echándoselo en los ojos. Akzel lloraba- Eso te pasa por dirigirme la palabra. ¡Ahora ve a tu cuarto! ¡Ya!-

Él hizo caso y se fue a su cuarto con los brazos en la cara. Se tiró a su cama y enterró su cara en su almohada. Lloraba mientras sus amigos le miraban desde la ventana, tristes y con muchas ganas de hacer algo. Pero no podían.

Akzel ya tenía 15 años. Seguían igual las cosas. Hubo un día en el que vino un doctor para hacerle una revisión médica. Su cuerpo se acostumbró a las rociadas de cosas dañinas que ya lo hizo “inmune”, por decirlo de alguna manera. Ya que le seguían echando, pero solo cerraba los ojos y se los frotaba por el rocío.

Eran las 3:00 AM y aún no dormía. Venicio entró y dijo:

-¡¿Qué haces despierto a esta hora?! Vete a dormir de una maldita vez.-

Akzel le hizo caso ha regañadientes. Se acostó en su cama y Venicio se marchó cerrando muy fuerte su puerta, tirando algunas de sus cosas. Intentó dormirse, pero no podía. Se sentía observado. Miró su ventana y posaba un cuervo en frente de la misma.

Algo llamó su atención en el cuervo, a pesar de que le hacía señas para que se fuese, no lo hizo. Se quedó allí, mirándolo. Despertó una curiosidad en esos animales. Se propuso a investigar más sobre ellos mañana.

El sol le despertó con la luz en los ojos. Eran las 7:00 AM, a esa hora sus actuales padres dormían. Desayunó lo más rápido posible y pensó en como investigar sobre ellos, ya que no le permitían usar celular o computadora ya que podría pedir ayuda. Fue al taller que había construido su padre original en el jardín trasero, ya que Venicio nunca lo usaba buscó entre las viejas cosas polvorientas. Halló lo que buscaba, una vieja pajarera con una trampa para atraer a los pájaros. Era de su madre.

La colocó en su ventana, tenía cierta curiosidad sobre esos animales. La dejó en el lado exterior tapada con sus cortinas para que no se vea del lado de dentro. En ese momento, entró Venicio y le dijo a Akzel:

-Mira pequeño mocoso, vendrá la policía porque uno de tus entrometidos amigos les aviso de esto. Y quiero ofrecerte un trato: Te dejaré salir un rato para cuando venga la policía les diremos que estas recorriendo en la ciudad, a cambio te alimentaremos por 6 meses, ¿Trato? *Le da la mano*

-Mmm… Trato hecho.- Y estrellan las manos.-

-Bien. Ahora sal de aquí, la policía llegará en unos minutos.-

Venicio salió de la habitación y Akzel recogió una billetera y algo de dinero que tenía. Se la había robado a su esposa y ella había dicho que la perdió. Al menos podría comprarse algo en la ciudad. Hacía años que no salía de su casa y ya estaba algo pálido, pero entusiasmado por volver a sentir el aire libre.

Salió de su casa y vio que varios de sus viejos amigos ya no estaban. Se habían mudado a otras ciudades hace mucho. Pero parece que él ya se volvió asocial, de hecho, hace años que dejó de socializar con la gente. Solo se dedicaba al auto-encierro en su casa.

Paseaba por la ciudad. Apenas recordaba las cosas. Hacía tiempo que no salía y todo se le hacía muy diferente. Había más edificios, personas y autos. Vio también unos clubes de pelea, y recordaba los movimientos, pero no pareciera que pudiese imitarlos algún día. Tenía algo de hambre así que fue a una pequeña tienda. Entró y le preguntó al dependiente si disponía de algo barato para comer. Él le ofreció algunas cosas, hasta que un hombre armado con una pistola entró y tomó de rehén a Akzel. Puso la pistola en su cabeza y pidió todo el dinero de la caja. El dependiente hizo caso y le entregó, pero el atracante lo acabó con su vida igualmente y quiso hacer lo mismo con Akzel. Pero una bala perforó su cabeza, Akzel se quedó inmóvil ante la situación. Tuvo suerte que la policía no le dio. La sangre escurría por su cara.

Le dieron una toalla para quitarse la sangre, pero entró un poco en su boca, y se la tomó. Akzel vio los peligros de la ciudad y volvió a su casa tomando un autobús. No quería caminar después de lo ocurrido.

Llegó a su casa y no escuchaba ningún ruido en la misma. Entró y caminó hasta llegar a la cocina, y vio que Venicio y su esposa estaban cenando. Su padrastro le dijo:

-Ven, siéntate. La policía ya se fue y por lo tanto cumpliré la parte de mi trato.-

-Am, okey- Se sienta y prueba la comida, estaba horrible y quemada- Esto está horrible.-

-Jamás dijimos nada de que la comida fuese buena, ¡ahora come!- Le gritó Venicio.

Akzel no hizo caso, se levantó de su silla y se fue furioso a su habitación. Lo habían engañado. Ingresó y vio que dentro de la trampa había un cuervo, al menos tenía una “mascota” y aprendería algo en vez de la mala educación que le han estado dando y viendo por televisión. Ni siquiera iba a la escuela, tampoco es que le dejasen ir.

Akzel ya tenía 17 años. Se había encariñado con su animal y lo dejaba volar por su habitación, pero tenía que esconderlo de vez en cuando. Le daba la mitad de su comida, pero sentía que él no pertenecía a él y decidió liberarlo. Ya había aprendido su comportamiento, imitación de ruidos y señas. Lo dejó en su ventana y este se fue, y jamás volvió.

Pasaron 2 meses desde que liberó el ave y se acercaba su cumpleaños. Como siempre el único regalo que tendría sería solo una buena ensalada bien cocinada y nada más. Después de comer, como siempre, fue a su cuarto. Al llegar vio que estaba el ave que liberó, y este tenía en su pico una rebanada de pan. El animal la dejó encima de su mesa y se posó en el hombro de Akzel. Él había estudiado que los cuervos eran aves que recogían de todo, este se encariño con él y le agradeció el tiempo que estuvo y cuidó de él. No venía solo, había más fuera de la casa en un árbol.

Akzel había aprendido algunos de sus ruidos, le costaba imitarlos; y señas, las cuales hacía con la cabeza o los dedos. Él señaló un papel en el suelo y uno de ellos se lo trajo a la mano. Su vieja mascota parece que le trajo nuevos amigos y ya entrenados.

Akzel les señaló una tienda para que le trajeran algo de comida, todos ellos se fueron. Venicio entró a su cuarto gritándole que echara a todos los cuervos del árbol, pero se calló cuando vio que ya no estaban. Le dijo que si los volvía a ver él mismo tendría que echarlos a base de piedras y palos, no le importaba lo que le pasara. Su padrastro se fue y Akzel se tiró a su cama a esperar a sus amigos.

Después de unos pocos minutos les oyó acercarse a él. Traían varios tipos de comida, pero al que había adoptado hace tiempo le trajo una punta de metal que parecía el pico de un cuervo. Akzel lo guardó en un cajón. No entendía porque le dio esas cosas, pero igualmente estaba agradecido y comió algo.

Akzel ya tenía 18 años. Aunque parece que viviría en esa casa para siempre, ya que nunca más lo dejaron salir. Pero sus aves le traían regalos de vez en cuando, igualmente, no parecía feliz.

Estaba harto de seguir encerrado en su casa, que decidió escaparse por la ventana. Una vez fuera corrió lo más rápido posible. Cuando quiso cruzar, patinó con un charco de agua, y en ese momento un camión estaba pasando y lo arrolló. Quedó inconsciente.

3 semanas después. Akzel despertó en un hospital. Estaba acostado en una camilla y escuchaba las voces de Venicio y su mujer afuera que parecían hablar con el doctor. Cuando dejó de escucharlos el doctor entra y le dice:

-Hola Akzel, ¿cómo te sientes?-

-Pues, creo que bien. ¿Qué me pasó?-

-Un camión te arrolló mientras cruzabas la calle. Cuando tus padrastros vieron que había muchos cuervos volando y haciendo ruido alrededor tuyo salieron a ver que sucedía y te trajeron aquí.-

-¿Ellos se preocuparon por mi?-

-Parece ser que sí.-

-No hablo de la escoria de mis padrastros, me refiero a los cuervos.-

-Pues, se sabe que los cuervos cuando tienen dueño pueden llegar a encariñarse con él y hacen funerales. Tal vez pensaron que moriste y te hicieron uno. Y tengo algo muy importante que decirte: Muchos de tus huesos quedaron destrozados en el accidente y tuvimos que ponerte una placa metálica muy resistente, pero es recién descubierto el mismo, así que si quieres cambiártelo puedes hacerlo cuando gustes. Diagnosticamos tu fuerza y podrás sostenerte a la perfección, y tienes una gran resistencia chico. Te felicitó. Ahora te dejaré con tus padrastros.-

-Por favor no lo haga. Son un infierno.-

-Lo siento, pero son tus únicos tutores con papeles.-

El doctor salió de la habitación y entran sus padrastros. Venicio mostraba una cara de enojo. Su mujer una cara neutra, como si no le importara. El primer mencionado le golpea la cabeza, pero se golpea fuertemente contra el metal y se agarra la mano del dolor. Akzel no parecía sentir mucho dolor, solo algo en la piel. Él ríe ante la expresión en la cara de su padrastro, y este se enfurece aun más que termina agarrando una pequeña silla y la usa para golpearlo, pero este se rompe y Akzel apenas se queja.

Los demás doctores entraron a la sala y tomaron a Venicio por la espalda y quisieron llevárselo, pero él sabía pelear y los noqueó a todos. Se acercaba lentamente a su hijastro muy enojado, pero él vio que sus cuervos le vigilaban desde fuera, y la ventana estaba abierta. Akzel sonrió y dijo:

-Un paso más, y ellos te atacaran sin piedad alguna.-

-¿Quiénes? ¿Tus amigos imaginarios? ¡Ni si quieras tienes eso! ¡Pagarás por haberte escapado!-

-Entonces no me dejas opción- Akzel lo señala con su dedo indice derecho.

Los cuervos vieron y entendieron lo que decía su dueño, y entraron a atacar a Venicio. Le picoteaban por todo el cuerpo y él hacía lo posible para echarlos. Akzel miró a su madrastra, ella siempre le daba comida quemada o cruda a propósito y le golpeaba, es hora de la venganza. Sonrió y con su mano izquierda apuntó a ella y la mitad de los cuervos le atacaron, pero eso le facilitó a Venicio para librarse de ellos. Corrió hacía Akzel que se estaba levantando y comenzó a golpearlo en varias partes de su cuerpo, pero éste solo se echaba para atrás hasta comenzar a arrastrar la camilla por lo golpes. ¿No sentía dolor? Claro que lo sentía, pero solo en su piel y apenas en los músculos. Casi todo su cuerpo era de un nuevo metal más duro que el ya conocido. Venicio dejó de golpearlo y le dijo:

-Al diablo. Te diré la verdad: Yo atropellé a tu padre hace mucho y le hice comer a tu madre mucha sal para que tenga así el cáncer de estomago. Le pedí a un amigo que te atropellara allí fuera para que mueras de una vez, pero el muy idiota solo hizo que tuvieras un esqueleto muy resistente. Cuando tu padre chocó contra esa tienda hace mucho, el niño que mató, era mi hijo. Ella era su madre*Señala a su mujer, pero estaba a punto de morir por los cuervos*

Venicio corre hacía su esposa para salvarla. Golpea y quita a todos los cuervos, pero ya estaba muerta. Tenía sangrados por todas partes, le faltaban algunos trozos de carne, e incluso colgaba uno de sus ojos fuera de la cuenca. Él la sujetó muy fuerte y mira entre lágrimas a Akzel, éste tenía a todos los cuervos alrededor de él. Venicio se levanta y lo mira con rencor y odio. Como si una chispa se encendiera dentro de él. Akzel le dijo:

-Ahora sabes lo que sentí. Pero TODOS los humanos son igual de malvados y todos merecen morir. No importa si sean buenos o malos, hombres o mujeres, niños o ancianos. Todos morirán y sus restos devorados.-

-¡Eres un maldito!-

Akzel salta por la ventana y aterriza perfectamente levantando algo de tierra. Parece que otra cosa buena salió de ese accidente, y es que parecía que los movimientos que vio en la ciudad en los clubes de pelea se incorporaron a su mente como si hubiera entrenado. Fue corriendo hacía su casa. Esquivaba a los autos y peatones, algunos hasta los golpeaba rompiéndoles los huesos por sus duras manos. Sus cuervos le seguían sin descansar o pararse en un árbol. Akzel robó en su corrida un extraño machete con dientes en la parte cortante, como si fuera un gran cuchillo.

Al llegar a su casa recogió una mochila de Venicio y guardó comida. Fue a su cuarto y al fin entendió porque los cuervos le trajeron ese trozo de metal con forma de pico de cuervo. Ellos sabían de este momento y se lo dieron para crear su propia arma.

Fue al taller y tomó el soldador, el machete y a lo que llamó “el pico del cuervo”. Pegó el “pico” en la punta trasera del machete dejándolo como si fuera un pico de minería pero mas delgado. También encontró una sierra redonda, una soga y unos largos tablones de madera, pero en ese momento escuchó que Venicio se acercaba y él sale del taller, y dice:

-Te ves cansado. ¿Por qué no descansas? Para siempre.-

-Cansado o no, voy a matarte de una vez como debí hacerlo hace mucho.-

Los cuervos de Akzel se posaron en los árboles. Sabían que pasaría y querían ser espectadores de aquel acto, pero no dudaran en atacar si su dueño lo ordena.

Venicio corre hacía él para golpearle la cara, lo hace, pero ni se inmuta y éste se lo devuelve con un golpe en el hombro derecho con el mango del machete. Akzel le da un golpe ligero en el estomago, y Venicio se lleva las manos al mismo por el dolor. Quería disfrutar el momento y grabar cada detalle en su memoria. Venicio recoge un tablón tirado y lo usa para golpearle en el torso, el tablón se rompe.

Venicio se aleja algo temeroso, no podía hacerle casi nada, solo cortar su piel, por eso sacó una navaja de su bolsillo. Intentó hacerle un corte en el brazo, pero su arma se rompe y solo le descosió un pequeño trozo de piel, el cual Akzel se quitó bruscamente como si no le importara o le molestara. Venicio comenzó a golpearlo en todo el cuerpo, pero nada. Akzel se cansó, lo giró de un golpe y luego le golpeó la nuca. Dejándolo inconsciente.

Venicio despertó acostado y atado a unos tablones, y en medio una sierra mientras tenía las piernas abiertas. A simple vista era obvio lo que pasaría. Akzel estaba del otro lado y Venicio dijo:

-¡Estás loco!-

-Siempre estuve al borde de la locura. Tú me diste el empujón que necesitaba. Y por eso te agradezco, pero este es el final. ¿Ultimas palabras?.

-Si… ¡Púdrete en el maldito infierno!.

A Akzel no le importó. Encendió la sierra, recogió las sogas en las que estaba atado Venicio y tiró. Cuando la sierra comenzó a tocar los testículos de Venicio comenzó a gritar de dolor, un problema para Akzel, así que se apresuró a tirar más rápido hasta partirlo a la mitad. Levantó sus antebrazos y los bajó rápidamente hacía el cadáver, y los cuervos tuvieron un buen festín.

Después de un rato, los cuervos solamente dejaron la sangre y huesos, pero ya estaba siendo absorbida por la tierra. Se escucharon sonidos de vehículos policiales, los vecinos debieron haberlos llamado por los gritos. Akzel recogió su machete y le ordenó a sus cuervos que le siguieran. Él saltó la valla y huía entre los jardines de las casas. Hasta toparse con uno de sus viejos amigos. Éste le dijo:

-¿Akzel? ¿Eres tú? Cuanto has cambiado. ¿Estás bien? Te falta un trozo de piel.-

-Estoy de maravilla. Es más, tengo nuevos amigos. Cuervos, Rafael; Rafael, cuervos.-

-Te extrañé, pero me estás asustando. ¿Por qué t-tienes tantos cuervos cerca de tuyo?-

Akzel corrió hacía Rafael y le desprendió la mandíbula de un puñetazo, luego lo decapitó con su machete. Los vecinos comenzaron a salir de sus casas, algunos para ver con horror y otros para proteger a sus familias. Uno de ellos se acercó a Akzel, pero éste le picó la cabeza con el “pico del cuervo”, matándolo en el acto. 2 más se le acercaron y le arrojó sus cuervos. El último era un hombre alto y robusto, este le golpeó en las costillas, pero su contrincante apenas de quejó y le cortó el brazo. Se fue corriendo y sus cuervos le siguieron.

La policía logró arrinconarlo en un callejón y estos le dijeron:

-¡Manos arriba, ya! ¡Akzel Gremblingtong quedas arrestado por homicidios!

-Yo soy aquel al que los cuervos sirven y siguen, el que mató con sus propias manos a su carcelero y torturador, aquel que matará a todos… Soy Akzel Crow.

Los cuervos atacaron a los oficiales y Akzel aprovechó la oportunidad. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Todos ya estaban muertos. Huyó junto a sus mascotas por la oscuridad de los callejones en busca de victimas...