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El sol comienza a ponerse tras el horizonte mientras escucha a su último paciente, ha transcurrido el día muy atareado con más consultas que de costumbre.

Mientras escucha, divaga en la idea de tomar una rica taza de café sentada junto a su chimenea descansando la mente, dejando de pensar en soluciones o alternativas para una vida que no es la suya.

Tan solo se le han escapado las últimas palabras de Marco, el último de la larga lista del día, que por fin ha terminado. Seguirá con la misma tarea que la semana pasada para ver si ahora logra conseguir vencer su miedo hacia los espejos; parece un caso fácil, un trauma de pequeño proveniente de un juego con sus amigos y una casa embrujada.

Al terminar se despiden como de costumbre y piensa que por fin tendrá un buen y merecido descanso. Después de trabajar 7 días seguidos se lo merece, por lo menos en dos días no aparecerá por el viejo hospital. Tiene el permiso, tiene los boletos de autobús, tan solo falta ir o huir como a menudo se dice.

Recoge sus pertenencias más lento de lo normal esperando ver a la señora Eva y tomarse el último café antes de que la jubilen dos días después, quiere pasar ese momento con ella pues sabe que al regresar de su descanso ya no la encontrara. Espera por un largo rato en eso que hace estiramientos para soltar los brazos y piernas, y al no llegar nadie decide marcharse.

Recorre con la vista su consultorio pensando que descansara por dos largos días de él, es un cuarto pequeño donde solo cabe un diván, una silla y el pequeño escritorio, después de estar tanto tiempo dentro lo conoce al derecho y al revés. La amplia ventana en la parte trasera deja ver los enormes árboles del corredor exterior, el viento sopla levantando las hojas del camino empedrado, ya está oscureciendo.

Sale al largo pasillo cuando el último rayo de sol se esconde tras la barda de afuera. El corredor es tan solo un poco más amplio que su consultorio, camina unos pasos y apila sus cosas sobre el viejo y enorme escritorio situado a la derecha mientras va al tocador.

La puerta del baño se encuentra junto al escritorio; da la vuelta no sin antes mirar hacia ambos lados tratando de encontrar a alguien. Se encuentra sola, aguza el oído para tratar de escuchar alguna conversación lejana, pero solo escucha las melancólicas voces de los pacientes que se encuentran internados pasando el enorme patio trasero.

Trata de abrir girando la perilla, pero está cerrada por dentro.

Toca un par de veces sin obtener respuesta, camina por el pasillo intentando localizar a la señora Eva para que le abra, parece que se ha cerrado accidentalmente. Pero no encuentra a nadie. La idea ya le había venido a la mente pero dudó en aceptarla, nunca ha entrado a los baños de los pacientes y no lo haría si no fuera una emergencia y desgraciadamente esta lo es.

Después de todo si se encuentra sola, no tiene nada que temer. A esa hora ya nadie llegara a consulta y el silencio le indica que ya ninguna otra persona se encuentra en los consultorios.

Decidida al fin camina hacia el otro lado del escritorio dirigiéndose hacia el baño de pacientes. Al llegar escucha un ligero quejido proveniente del baño y pensando que es la señora Eva, pues lógicamente es la otra única persona que se encontraría a esas horas, entra rápidamente buscándola en cada uno de los retretes.

Sin duda no era lo que esperaba, pues se encuentran en completo deterioro, algunos lavabos quebrados y otros ya rotos, las paredes carcomidas por la humedad y las puertas oxidadas y dobladas de formas extrañas, le parece imposible imaginar que alguna persona se atreviera a estar ahí por voluntad propia.

Camina por todos los pequeños cubículos esperando encontrar a alguien hasta que llega al último. Es más grande que todos, a simple vista parece del triple de tamaño, es el destinado para los discapacitados en silla de ruedas. Al llegar al final del pequeño pasillo no ve a nadie, solo encuentra una vieja silla oxidada arrinconada en la esquina más alejada del baño.

Regresa sobre sus pasos extrañada, pensando que sus nervios le están haciendo una mala jugada. Al llegar a la mitad del baño se detiene especulando que aquel quejido debería de haber venido de alguna otra parte, los internos se encuentran cerca y recordando lo ha escuchado muy lejos, un sonido un tanto apagado.

Sin pensarlo entra al retrete que tiene enfrente y cierra la puerta escuchando un fuerte rechinido que le pone los nervios de punta.

Nunca ha creído en cuentos de fantasmas y en nada por el estilo, había dudado de la señora Eva cuando le contó de las cosas extrañas que se escuchan en aquellos pasillos pasada ya la hora del cierre, ha pasado por alto siempre todas las historias que le contaban de niña y adolescente, pero lo más importante, había hecho caso omiso de las recomendaciones de que hacer en dado caso que...

Por que estaba pensando en eso ahora, en un mal momento, sola en aquellos baños lúgubres y desolados.

Pasos que se acercan, su corazón se tranquiliza, por fin llegó la señora Eva y la acompañara hasta la salida como de costumbre diciéndole que esas historias solo se las han contado y que ella nunca ha visto ni escuchado nada.

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Sin embargo las pisadas son más lentas, más pesadas; como las de una persona robusta que le costara trabajo caminar, está segura que no son las de la Señora Eva y no hace intento por hablarle, tan solo dejara que se pase y vuelva a salir.

Su mente juega nuevamente con ella, un escalofrió empieza a recorrer su cuerpo y su piel se eriza inmediatamente, sus nervios le hacen sentir que el frió se incrementa con cada paso de aquella persona y empieza a temblar. Tratando de hacer el menor ruido para que no se dé cuenta de que está ahí, comienza a ver como su respiración se condensa.

Los pasos se siguen hasta el último cuarto donde dejan de escucharse, espera por un largo rato mientras la oscuridad se hace más intensa, la única luz que se ve es la que entra por las pequeñas ventanas que dan hacia el corredor exterior.

Sabe que no puede esperar eternamente y se levanta para salir, abre nuevamente la puerta escuchándose por todo el baño aquel terrible rechinido y se pregunta por qué demonios escogió aquel baño, mientras sale lentamente preparándose para mirar a la persona que ha pasado momentos antes, pero el pasillo se encuentra totalmente vacío.

Su curiosidad le hace enfocar un poco más hacia el último cuarto donde la oscuridad ya casi cubre todo y nada, todo vacío.

Un sudor frío le recorre la frente mientras se da media vuelta para salir del baño, la vieja silla de ruedas empieza a moverse sola, el rechinar de las viejas llantas la llena de terror, un miedo nunca antes sentido.

Sale corriendo hacia el gran pasillo alumbrado mientras el sonido de la silla se escucha cada vez más cerca. Al salir toma la silla del escritorio y tras un fuerte golpe cierra la puerta del baño, trancándola con la silla.

Al voltear a la derecha, la puerta ha dejado descubierta una placa que no había visto antes, tiene con grandes letras rojas su nombre escrito, KARLA y debajo de ellas la leyenda -eres nuestra-. Piensa que se encuentra en una pesadilla, toma sus cosas y corre a la salida mientras unos fuertes golpes se escuchan al otro lado de la puerta del baño.

Al llegar la encuentra cerrada, piensa que la señora Eva ha cerrado ya, al no encontrar a nadie, pero eso sería imposible pues debería de haber visto sus cosas en el escritorio y sin duda la buscaría.

Pero no es así, trata de buscar otra salida sabiendo de antemano que es la única, pero los fuertes golpes provenientes del cuarto de baño no la dejan pensar como normalmente lo haría.

Camina por el gran pasillo un sin numero de veces tratando de concentrarse y hacer a un lado aquellos golpes. Regresa a la salida pensando que tal vez puede forzar la cerradura pero sus esfuerzos son inútiles. Es una chapa muy antigua y muy grande, nunca lo había notado, muy pocas llaves le quedarían a ese cerrojo, sin duda alguna es una llave especial.

En ese momento le llega como un flash a su memoria, recuerda que al dejar sus cosas en el escritorio, vio al lado, una llave del tamaño y la forma que la cerradura pedía, debía de intentarlo, de que otra puerta podría ser aquella llave.

Corre hasta el escritorio y al tomar la llave, los golpes dejan de escucharse. El silencio nuevamente inunda el corredor y puede escuchar por primera vez los fuertes latidos de su corazón. Aterrada aún, corre nuevamente a la salida que ahora le parece que está más cerca que la vez anterior.

Introduce la llave, se escucha un clic al girarla mientras la perilla gira en su mano. Abriendo lentamente la puerta avanza poco a poco esperando a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad después de estar en el corredor lleno de luz.

Sin embargo siente algo extraño. Sus ojos no logran ver nada, no pudo ver los árboles que se encuentran a 3 metros aproximadamente, no pudo sentir la brisa fría que debe de estar pues es otoño y lo más preocupante, no puede escuchar los ruidos peculiares de la calle.

Silencio y oscuridad absolutos, avanza un paso más y un grito aterrador se escucha atrás de ella cerrando la puerta de golpe...

-Hoy me jubilo- decía la señora Eva a la nueva psicóloga que ha llegado para suplantar a Karla.

-No me explicó porque ninguna de las doctoras se despide de mí cuando se van, todas desaparecen y nunca vuelvo a saber nada de ellas-

-Espero que tú no seas así-

-Pero en fin-

-Antes de marcharme creo que deberías de saber ciertas cosas que suceden en este hospital cuando ya nadie se encuentra aquí-...

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