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¿Su única arma? Un cuchillo…

¿Su único disfraz? Nada más que un buzo negro con capucha, y una máscara de halloween…

¿Sus razones? Quien sabe…

¿Su edad? No pasaba de los 16 años…

Se arrodilló ante el altar de su amado demonio, quien siempre estuvo para él, su único consuelo y confidente. Le dedicó algunas palabras de agradecimiento, y se levantó lentamente. Contempló la imagen de la deidad unos segundos más, y luego sostuvo el cuchillo en sus manos.

-Hoy, esta hoja será teñida de sangre. Te traeré un tributo. Sólo espérame. Tenía su fiel máscara, que protegía su identidad. Se la guardó tras la capucha, y caminó por los oscuros pasillos de su casa. Todo estaba listo, no había más que dirigirse al mundo de afuera, y practicar su arte…

--Horas más tarde, aquella misma noche… --

-Alejo… ¿Qué ven las chicas en ti que se obsesionan contigo? Desearía que yo les atrajera así…

-Las chicas… No sé, Javier. Yo no les doy mayor importancia… -Respondía Alejandro.

-Quizás esa es la razón. –Respondía Javier razonando. Observaba la facha de su amigo, Alejandro con discreción. Este sólo llevaba su buzo negro, que acostumbraba a abusar de él. Era una de sus prendas favoritas, Sin embargo, lo mantenía muy limpio.

Se dirigían a una fiesta juvenil de cumpleaños, de una conocida de ellos, llamada Rosaura. Esta chica, era conocida de Javier desde hace tiempo. Conoció a Alejandro a través de Javier, y desde ahí que ha estado obsesionada con Alejandro, aunque éste ni siquiera le diera importancia.

-Era de saber que te invitaría a ti. Le gustas, se nota. –Le decía Javier a Alejandro mientras caminaban camino a la fiesta. –Hablaré con ella, estoy furioso. Nos conocemos desde pequeños, y ni se molestó en mandarme invitación, a pesar de que supe a través de unas amigas de ella que estaba invitado. Aún así, estoy furioso… -Rabeaba Javier. –Y a ti, en cambio, te envía una invitación muy linda, muy bien adornada y con mucho cariño…

-Ya déjalo. –Decía Alejandro. –Pareciera que estuvieras celoso. A mi no me gusta Rosaura.

Javier, cerró la boca resignado, y se mantuvieron en silencio todo el camino a la fiesta.

La fiesta:

El ambiente estaba completamente distorsionado. Los tragos, la droga, y las horas que se había mantenido la fiesta y la música, creaban un ambiente de locura. Los chicos con las chicas bailando apegados, sacándose las partes superiores de la ropa, dirigiéndose a los cuartos para tener más privacidad…

Javier yacía sentado en un sillón con un vaso de trago entre manos. Era tímido por naturaleza, y a pesar de estar enamorado de Rosaura, no se atrevía a sacarla a bailar. Miraba con furia, cuando ésta se trepaba sobre la espalda de Alejandro.

-Llévame a mi cuarto Alejo, tengamos más privacidad… -Le decía Rosaura a la oreja, totalmente ebria.

-Sí. Hazlo Alejo, y róbame a mi chica que he soñado toda mi vida con conseguir. Hazte con ella. –Decía Javier en un tono sumamente sarcástico.

Alejo le dirigió una mirada seria, y se dirigió al cuarto de Rosaura, junto a ella.

Una vez en privacidad, Rosaura se desvistió completa. Sacó de su velador, unos preservativos para la ocasión.

-Lo pasaremos genial... –Dijo.

-Espera. Debo ir al baño –Respondió Alejo, y cerró la puerta del baño tras de sí.

-Es hora… -Se decía mientras se observaba al espejo. –Es hora de mostrar mi arte. –Y diciendo esto, tras de su capucha sacó su máscara con forma de calavera, la cual se puso enseguida, y luego la capucha encima. De entre el pantalón de buzo, sacó su fiel cuchillo también. Yacía blanquísimo y limpio.

Entonces, apareció con su nueva apariencia en el cuarto. Rosaura dio un grito de espanto ante la forma terrorífica que ahora adoptaba Alejo, quién además, empuñaba un cuchillo de aspecto amenazante.

-¿Q-quien e-eres, A-alejo? –Pronunció con dificultad. El miedo y el terror, apenas la dejaban hablar.

-Pongámonos más cómodos. –Dijo Alejandro apagando las luces. Su máscara emitía una luz misteriosa en la oscuridad. Se acercó a Rosaura, y le clavó lo más profundo que pudo el cuchillo en el estómago. Incluso, la punta del cuchillo traspasó la piel, y se clavó en la superficie de la cama. La sangre, le saltó hasta la máscara, tiñéndola de sangre, mezclando el color fluorescente con el rojo vivo. Con furia, arrastró el cuchillo formando un camino abierto por entre el estómago de Rosaura. Lo llevó hasta donde terminaba su cuerpo, partiéndola por la mitad del estómago para abajo. El cuchillo, ahora yacía teñido de rojo entero.

-¡Dios mío! –Gritaba Rosaura desesperada presa del dolor.

Era increíble. Estaba cortada casi entera, pero aún se mantenía viva, presa de la agonía. Entonces fue que Alejandro le dio el corte que la mató. Con intención de acallarla, le introdujo el cuchillo por la boca, cortándola la garganta y haciéndola vomitar sangre.

Una vez Rosaura muerta, y el cuarto convertido en una carnicería, Alejandro sacó su cámara digital, y comenzó a hacer poses con las manos en la posición de cuernos, mostrando su reciente cadáver. Tomó varias instantáneas, y luego su trabajo estaba terminado.

A la puerta, llamaban con desesperación los invitados de la fiesta. Llegó la policía, y derribaron la puerta, pero Alejandro ya no estaba más ahí… Ya había llegado a su casa, tras escapar por la ventana del cuarto de Rosaura.

En la oscuridad y privacidad de su sótano, se dirigió nuevamente al altar. Colocó las fotos, en su álbum de fotos de asesinatos cometidos por él, y los compartió con su demonio. No se podría decir si Alejandro estaba enfermo, o tenía sus razones. Pero sentía devoción por aquel demonio que invocaba en el altar.

-Mi adorado Abaddon, te ofrezco mi humilde ofrenda. – Y depositó el cuchillo enrojecido sobre el altar, para que Abaddon el demonio, se alimentara con la sangre recogida del asesinato.

Se levantó, se quitó la máscara, y se acostó a dormir. Mañana vendría un nuevo día, y cada vez estaba más cerca de cumplir su objetivo. Abaddon habría de cumplir su promesa...

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