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Mi nombre es Luis, soy un soldado de 19 años. Recuerdo el día en el que nos informaron sobre un cuerpo sin vida hallado en una montaña cercana...

Asistimos al llamado, como siempre; ojalá no hubiera ido. Ese cadáver no tenía nada de especial, de hecho. Tenía graves quemaduras, por no decir que estaba casi carbonizado, pero no sabíamos qué las había causado. Estuve en contacto con el cuerpo unas tres horas completas hasta que se lo llevaron; recuerdo que durante ese lapso me sentía extraño, cambiado; pero no le tomé importancia y luego seguí con mi vida.

Un par de días más tarde, tenía la sensación de que alguien me seguía... De reojo lo veía: una sombra negra que me acompañaba a todos lados; siempre estaba en el fondo. Decidí no tomarle importancia.

Una ocasión en la que visitaba a mi familia en mi ciudad natal, volví a tener aquella sensación, pero le sentía más cerca que nunca. Su mirada estaba fija en mí; era sumamente incómodo.

Algo me esta siguiendo

Cerca de las 6:00p.m., todo comenzó. Oí los gritos de mis padres y de mis dos hermanas. Bajé apresurado dispuesto a enfrentarme a cualquier intruso, horrorizado ante el sonido de las puñaladas. Pero no encontré a una persona... Era algo, algo que... No sabría nombrar.

Era algún tipo de espectro con cabeza chica y blanca, que andaba a cuatro patas a pesar de su cuerpo "humano". Entré en pánico y corrí a mi habitación, y como un niño pequeño, me lancé a mi cama, me envolví y me hice el dormido, luego de notar que no era un sueño del que despertar.

Oí a esa cosa arrastrar los cuerpos y algunos objetos a mi habitación. Para cuando sentí el ambiente seguro, me di la vuelta y detallé la escena que me había dejado. Mis familiares sentados en sillas frente a mí, y en el piso un mensaje escrito con su sangre: "Sé que estás despierto; ya llegará tu hora", decía. Me desmayé luego de un de segundo ataque de pánico, al sentir nuevamente a ese ser observándome.

No fui al funeral de aquellos familiares. Corté todo el contacto con mis tíos y sobrinos, y prácticamente huí ocultándome de ellos. Dos meses después, ya en la base, seguía sintiendo aquella presencia cada día más cerca, y soñaba cada noche cosas más claras de él.

Pero luego de uno de estos sueños, desperté con aquel ser frente a mí mirándome fijamente. Corrí hasta salir del edificio, cruzando el patio a toda velocidad... Pero el miedo entorpeció mis pasos y tropecé, golpeando mi cabeza y perdiendo el conocimiento. Al despertar estaba amordazado; aquel ser estaba erguido frente a mí con un cuchillo en una mano y un bidón de gasolina en la otra. Cuando clavó el cuchillo, no hice más que gritar. Grité una y otra vez tras cada puñalada, pero nadie escuchó. Roció la gasolina encima mío, y con la ayuda de alguna chispa de origen desconocido, me envolvió en las llamas.

Era reducido a nada con él allí, pero a su primera distracción... De alguna forma logré huir; ya ni recuerdo cómo apagué las llamas. Para cuando estuve afuera caí al suelo y todo se volvió negro.

Desperté en donde estoy ahora, en el hospital. Tengo quemaduras de segundo y tercer grado; pero la atención es buena y tengo altas probabilidades de curarme. Lo único malo de este lugar... Es que apenas empecé a escribir, él tomó una silla y se sentó a mi derecha, junto a la cama.

Me mira fijamente.

Una historia original de Moulderkurt.5