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LimboP MORADOR DEL LIMBO
"Se estremece la tierra, ruge la espuma de los mares sobre las montañas, y el cielo arde en música de sombras y liras infernales"

Este es un descarriado del Limbo, penitente del Purgatorio con fecha de nacimiento en un guiño de ¡CreepyLooza! Abstente de la arena, que esto es más legal que tu jfa. Burló La Guillotina y a los Jueces del Infierno, así que cómete tu teclado.


Alice Doll

Todo estaba tranquilo ese día, había sol, las aves cantaban fuera de la ventana de mi cuarto, pero aun así... nada de eso cambiaba el hecho de que mi familia me odiara por haberles arruinado la vida naciendo. Observe mis muñecas, sabía que no eran mías, y que tampoco me las había dado mis padres... menos amigos, porque no tengo ninguno. Honestamente, no recordaba de donde había sacado esos juguetes, pero siempre me dieron una mala espina por lo que no jugaba con ellos. Me levante de mi cama a ver por mi ventana, habían unos cuantos chicos de mi escuela jugando, la verdad era muy difícil para mí acercarme a ellos, pues siempre temí que me juzgaran mal solo por tener a veces ideas muy locas que las solía expresar a través de mis manualidades. Me gustaba fabricar muñecos, ya que lo encontraba bastante relajante. Aunque tenía que ocultarlos, ya que mi madre cada vez que los veía se espantaba, me tomaba y me llevaba al hospital psiquiátrico para que me inyectaran un extraño liquido que aun no investigo que es, probablemente sea solo un suero, y si se preguntan por qué no estoy dentro de ese hospital, es porque no tienen más vacantes, pues donde vivo está lleno de locos.

Ahora me dirigí al baño, tome una corta ducha aprovechando que solo estaba mi padre, que a veces no hacía nada, solo me ignoraba. Salí y me vestí con lo primero que vi, un vestido negro y unas botas militares. Me gustaba ese color, me hacía sentir que siempre estaba en luto por alguna muerte de alguien. Y no es que adorara a la muerte, solo pensaba que era una buena salida al sufrimiento. Además, hoy sería mi día en que todos estarían de luto por mí. Pues ya estaba decidido, ya que no soportaba un día mas con mi madre gritándome y golpeando, o gritándole a mi padre y este golpeándole, además que no quería seguir siendo ignorada por mis compañeros, o siendo utilizada para terminar en un circulo de humillación. Tome mi mochila, coloque la pistola, si, me volaría los sesos contra alguna pared, y así que nadie me reconociera, luego metí un poco de ropa para que la mochila se viera llena y disimulara un poco.

Ya todo listo, salí de casa, y comencé a caminar hacia la ciudad, ya que vivíamos en un barrio que quedaba cerca de ella. Muchas veces había oído que la ciudad era peligrosa, pero lo veía como un punto a favor, si no me atrevía a matarme, quizás otra persona lo haría por mí. En medio del camino pase por un lindo bosque que me hizo reflexionar un poco más si iba a matarme, pero no, estaba decidida. Divise el primer edificio de la ciudad que estaba algo abandonado, y no me refiero de gente, si no de cuidado, estaba lleno de tierra, algunas grietas y quizás hasta tenía arañas. Normalmente esas cosas me tocaban, ya que la gente siempre vivía en pobreza, no como yo, que aunque me maltraten, por lo menos tengo que comer, donde vivir y donde bañarme. Quizás mis padres no sean tan malos, ya que si no, me habrían abandonado en algún orfanato o internado. Sumida en mis pensamientos, salí del trance y me encontré con el bendito callejón, vació, lleno de basura. Lo pensé y lo pensé, me quede un buen rato mirando como un gato negro pasaba caminando, y me miraba, pero con una extraña mirada. Decidí darme vuelta y volver a casa pero todo se volvió oscuro, olía a saliva y pescado. Saque todas mis fuerzas para liberarme. ¿Que estaba ocurriendo conmigo? fue lo último que pregunte hasta que un fuerte golpe me hizo caer en la inconsciencia.

Cuando desperté, todo se veía borroso, me sentía mareada y trate de enfocar la vista. Aterrorizada, note que estaba amarrada fuertemente con cuerdas que irritaban mis muñecas sobre un colchón sucio que olía a sangre descompuesta y alcohol. En eso, miro mi alrededor, cansándome por forzar mis ojos aun estando mal físicamente, frente a mi estaban otras dos chicas, una rezaba y la otra lloraba desconsoladamente, ambas estaban muy golpeadas y maltratadas. Comencé a llorar, entendiendo lo que ocurría, me habían raptado, quien sabe para qué… quizás eran pedófilos o recolectores de órganos, pero no me quedaría a investigarlo. Espere un rato a que mi cabeza reaccionara y cuando llego el momento, busque algo con que desarmar o cortar las cuerdas, pues no podía pedirle ayuda a las chicas porque también estaban amarradas. Al ver que no había nada me rendí, justo entro un hombre algo viejo, lleno de arrugas, completamente descuidado que te llegaba a dar asco.

El hombre desato a la chica que lloraba desconsoladamente y con un bate comenzó a golpear su espalda mientras la chica chillaba de dolor escupiendo un poco de sangre.

- Estúpida niña te vas a callar porque ya llega tu comprador – dijo y la agarro del pelo, llevándola afuera, en eso la otra chica comenzó a llorar, tratando de desamarrarse, mirando quebrada como se llevaban a la otra chica.

- Her…ma…na… adiós… - dijo la chica que se iba y cerraron la puerta.

Con pena mire a la que se quedo conmigo, quien reventó en llanto pero no se le escuchaba ningún sonido. Solo se veía como quería gritar y como sus lagrimas caían como lluvia.

- Oye chica, ¿Cómo te llamas? – pregunte, tratando de calmarme, espero sean traficantes de órganos para morir.

Ella solo movió su boca, como diciéndome que no podía hablar, o eso le había entendido. Suspire, entonces esto sería como estar sola. Otra vez el señor entro y esta vez se dirigió a mí, yo no hice oposición, pues si iba a morir lo agradecía, me soltó y me agarro del pelo, llevándome a lo que era un cuarto que estaba con 3 hombres adultos, semidesnudos. Me lanzaron contra la cama y los 3 se me acercaron para sacarme la ropa. Comencé a gritar, no se trataba de tráfico, era pedofilia. Uno me pego un puñetazo que hizo que me rompiera el labio, saliendo un hilito de sangre por mi boca. Me calle, sintiendo como tocaban mi cuerpo y me hacían sentir sucia, cuando metieron los dedos en mi feminidad y lamian mis pezones, no pude evitar comenzar a llorar entre gritos, no quería ser violada.

Entonces ocurrió, una doble penetración, me movían de adelante hacia atrás, yo solo gritaba y lloraba, sintiendo aquellos dos miembros dentro de mí y como entonces terminaban corriéndose sobre mi cuerpo.

Era asqueroso, me sentía asquerosa, sucia, pecadora. Me llevaron de nuevo al cuarto anterior, y me dejaron allí, llena de semilla de esos hombres sobre mi cuerpo, que se sentía pegajosa y olía mal. Además que el otro se había corrido en mi boca. Fui a una esquina para vomitar, pues sabia horrible aquella cosa.

Me quede acostada, había pasado como una hora o esa fue mi percepción del tiempo estando ahí y haciendo esas cosas sucias. Observe como se llevaban a la chica que quedaba, quedándome esta vez de verdad sola. Así paso el tiempo, a veces venían chicas nuevas, y luego las vendían, pero siempre me quedaba yo sola, pareciera que hacían buen dinero conmigo. Yo llevaba contando los días, cada noche lloraba y me dormía rogando por morirme de algún infarto o algo porque no quería seguir asi. Entonces en una  noche, una voz me hablo.

- Vaya Alice, mira como terminaste… como una prostituta menor de edad, que bajo caíste vieja amiga – dijo la voz que reía con un tono algo chillón pero dulce. Asustada busque con mis ojos, era de noche y solo había una ventana pequeña que iluminaba el centro de la habitación. Empecé a temblar, llena de miedo.

- Oh, así que ahora estas muerta de miedo… ¿Qué no recuerdas a tu mejor amigo? – dijo, apareciendo entre la luz, mostrando su ser. Era irreconocible en mi memoria, pero esos ojos verdes muy brillantes me hacían sentir triste y adolorida.

- ¡No sé quién eres! – grite, rogando que no me escucharan desde afuera y pensaran que estaba loca. – No te conozco – dije para terminar.

- Entonces creo que ha llegado la hora de arreglarte -

Dicho eso, hizo aparecer una puerta grande de color azul y un serrucho el cual uso para cortar las cuerdas y tomo mi pelo, arrastrándome hasta la puerta que abría a lo que era una especie de otro mundo perturbador. La mera impresión casi provoco que me desmayara, pero pude ser fuerte y aguantar, intente levantarme, pero era imposible, me dolía mucho las caderas por el acontecimiento anterior.

- te he estado vigilando por todos estos años, desde que te deje por tu cuenta a los 8 años, pensé que no me olvidarías, pues no habías hecho ningún amigo por tus problemas mentales, pero aun así… eres una maldita desgraciada, ni si quiera tocaste los bellos juguetes que hice para ti estúpida zorra, me enfureces – dijo el hombre, que claramente no era un hombre, pues tenía poderes, o sea, hizo aparecer una puerta de la nada… era un demonio.

Cuando entramos en lo que parecía ser otra dimensión alterna de nuestro mundo, cerré mis ojos, pues no quería ver que ocurría, solo sentía el dolor de cómo tiraba de mi pelo y luego el sonido de una puerta cerrarse. Luego me tomo en brazos y me puso sobre algo frio y húmedo, y en mis muñecas y talones me amarro.

- ¿Qu-qué harás? Es…estás loco – dije pensando muy bien en mis palabras. Cuando abrí mis ojos, vi como este se ponía furioso y agarraba un balde que contenía algo. Lo vertió sobre mí, tratándose de cera caliente que comenzó a calcinar la carne de mi cuerpo, llegando hasta mis huesos. – MIERDA AHH! – chille de dolor, llorando sin desearlo.

- Ya cállate que no es para tanto – dijo y comenzó a reír. - ¿Qué digo? Claramente debe doler, si estas quemándote – y su risa comenzó a espantarme, era muy escalofriante.

Cuando ya la cera llego a enfriarse, no podía moverme, y el comenzó a tallar para que quedara en buena forma, dolía mucho, pues mi carne estaba ahí, pegada con la cera y sentía como salía sangre de los cortes que hacía, luego volvía a calentar para que la cera se formara. Yo no entendía porque aun no estaba muerta, quizás el no me permitía morir. Pero entonces todo se había vuelto negro de la nada, y después una luz se aproximo a mi ser, dejándome ver como él seguía trabajando en lo que antes era mi cuerpo. Observe como después giraba su cabeza en dirección a donde estaba yo, en forma de espíritu, y sin entender por qué, volví al mismo cuerpo que ya ahora estaba con una peluca y ojos de plástico, además que le coloco articulaciones de plástico a mis piernas y brazos para que las pudiera mover, como las muñecas de porcelana, solo que estaba hecha de cera y plástico.

- ¿Qué me has hecho? – pregunte, sollozando, saliendo sangre por mis ojos. Lo observe con esos falsos ojos, llena de odio. – Eres un monstruo -.

- Solo te arregle, como debía ser – dijo con una sonrisa y me tomo para colocarme sobre un estante, alrededor de muchas muñecas parecidas a mí, pero con otras características. Yo solo comencé a llorar sin parar. Hasta que se me había ocurrido una idea, y salte del estante, vigilando que su mascota hecha de género no me viera, probablemente el la había construido especialmente para que nadie escapara. Corrí con mis nuevas piernas, tropezando y cayendo al suelo muchas veces hasta llegar a donde estaba su taller, tomando un bisturí que había en su mesita de trabajo llena de herramientas que te congelarían la sangre.

Salí de ahí, buscando la salida por la puerta azul. Por suerte, la encontré, justo en una vieja habitación llena de telarañas, donde estaban un montón de muñecas sucias y rotas. La abrí y entre a lo que era mi vieja habitación. Donde ya no estaban los antiguos juguetes que el hombre había hecho para mí. De repente, un extraño deseo arrumbo mi cabeza, las ganas de asesinar a mis padres quienes intentaron hacer de mi vida más miserable de lo que era. Con rabia, agarre el bisturí fuertemente y silenciosamente, pues no dejaría esta vez que mis impulsos arruinaran esta oportunidad, avance hacia afuera de mi cuarto. Mire el reloj, eran las 03:00 A.M. Una sonrisa picara se formo en mis labios y me acerque al cuarto de mis padres, donde se encontraba mama sola.

Me agache y comencé a caminar, sintiendo las ganas de gemir de dolor, pero ahogándolos en mis cuerdas vocales, pues no debía hacer ruido. Subí lentamente al llegar al lado donde estaba y cuando note que iba a abrir sus ojos apuñale una y otra vez su cuerpo, provocando que mi madre gritara agonizante, mientras la dulce y cálida sangre saltaba por todas partes, incluso en mi cara.

- Te gustaba pegarme, ¿no madre? – dije psicopatamente, riendo sin parar. Sentí los pasos de mi padre acercarse, y gire la cabeza, observándolo de reojo. Este agarro su arma, y yo rápidamente esquive la bala para lanzarme contra él, enterrando el bisturí sobre uno de sus ojos y luego el otro, dejándolo completamente ciego.

- MALDITA ZORRA, ¡Debimos haberte vendido de pequeña! – chillo mi padre molesto, llevando sus manos con inconsciencia hacia su rostro. Agarre la pistola y le apunte a la boca, jalando del gatillo y haciendo que parte de su cabeza saliera en pedazos. Reí como loca.

En eso, la policía llega y me dirigí a mi habitación, fingiendo ser una muñeca en la cama, pues eso era lo que parecía, solo que desnuda.

La policía entro en mi vieja casa, encontrando los cuerpos, y luego a mí, pero pensaron fácilmente que era una muñeca muy realista y que daba miedo. Eso me provoco gracia. Sonreí de lado y vi como la puerta azul aparecí cuando estos salieron para dejar la casa apartada con esas típicas cintas amarillas de no pasar. Me levante y entre por la puerta, llevándome a un extraño lugar que era como una fábrica abandonada, lleno de juguetes antiguos, y hacia afuera, un extraño mundo color gris, con lluvia, y muchos árboles. Al parecer este sería mi nuevo hogar.

Me senté en una silla, frente a un gran piano y comencé a tocarlo, el cual estaba bastante desafinado. Recordé una canción que había escuchado en internet, se llamaba  Psychopath, y por alguna razón, me sentía como esa canción. Reí fuertemente, de una forma atemorizante. Ese dia jamás lo olvidaría, pues mi vida cambio por completo, y lo único que deseaba era solo una cosa… venganza.

Creado por: Juliet the psychopath.

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