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Capítulo 1.

Laura tenía una grave obsesión por las cartas de póker. Era un mago excelente. Sabía hacer todos los trucos, pero tenía que ver a un psiquiatra lo más antes posible o, de lo contrario, esa chica acabaría muy pero que muy mal.

Laura pensaba que las personas eran cartas y es que su amor incondicional por el póker había llegado a límites inimaginables. Veía diamantes por todas partes. En su tiempo libre se dedicaba a dibujar corazones, picas. Tenía la carpeta del colegio repleta de corazones, corazones por todas partes. Incluso la profesora le llamó la atención en más de una ocasión, pues un día le dibujó a una compañera el as de picas en la nuca.

Capítulo 2.

La profesora pasó lista y cuando llegó a Laura vio que no estaba. Me pregunté: ¿cómo puede ausentarse una persona que saca sobresalientes en los exámenes?

Algo raro estaba pasando, podía presentirlo.

A lo largo del día no podía pensar en otra cosa que no fuera Laura, sobre todo cuando se trata de la ausencia de una persona que llama demasiado la atención.

En 3º de la ESO, empecé a sentir algo por ella. Cada día la quería más. A día de hoy la sigo queriendo. Sabía de sobra que lo nuestro jamás sería posible, pero de ilusiones se vive, ¿no?

Capítulo 3.

Marta se acercó a mí, me dio la nueva dirección de Laura y me dijo:

"Hazle una visita, estoy segura de que te recibirá bien."

Estaba demasiado nervioso, pero tenía que hacerlo. En realidad, SENTÍA QUE DEBÍA HACERLO. Cuando sonó la sirena a las 14:30p.m., salí de clases adelantándome a todos. Marta y yo intercambiamos miradas cómplices.

Mi corazón latía a mil por hora. Tenía tantas ganas de verla... Cuando llegué a su casa, traté de tranquilizarme: tragué un poco de saliva, me ajusté bien la camisa y toqué al timbre un par de veces.

Capítulo 4.

Nadie salió a recibirme. Por un instante y solo por un instante, pensé en darme la vuelta e irme. Pero quería verla y no me iría hasta conseguirlo.

En vista de que no me abrían, decidí colarme. Quería darle una sorpresa a Laura como en las películas, cuando el chico se cuela en la habitación de la chica.

En el jardín de atrás había un gran árbol. ¡Perfecto! Trepé el árbol en tiempo récord y me colé en la habitación de Laura. Cuál fue mi sorpresa al ver cómo estaba todo decorado de fiesta. En su cama había un perfume de mujer VERSACE EROS, uno de los mejores sin duda.

Capítulo 5.

No había nadie. ¿Es que caso me había colado para nada? Como sea, no podía creerlo. Me había colado en la habitación de la chica que me gustaba. A veces hacemos locuras en el nombre del amor supongo; de repente, escuché un grito que provenía del pasillo del susto. Quedé en shock.

Pensé que alguien estaba haciéndole daño a mi Laura. No podía quedarme ahí, mirando las musarañas, tenía que hacer algo y rápido. Me armé de valor y salí afuera. El pasillo era enorme. Los gritos de angustia proseguían.

Comencé a moverme por el pasillo, caminé de puntillas sigilosamente por miedo a que me descubrieran. Los gritos de socorro parecían venir del baño, así que me asomé a ver qué estaba pasando.

Capítulo 6.

Lo primero que vi fue a Laura en pijama y a su amiga Cristina llorando, ¿¡pero qué?! ¡¡Laura tenía secuestrada a su propia amiga!! Pe-pero... ¿Cómo es esto posible? La cosa había llegado muy lejos: Cristina tenía el ojo lleno de sangre. Juraría que Laura estaba orgullosa de lo que había hecho, en su mano tenía una carta de póker un momento. Había algo extraño en ese as de corazones. No era una carta cualquiera, parecía estar afiladísima como si de una cuchilla se tratara.

Cristina, al verme, suspiró aliviada, aunque no dejaba de llorar. Esto no hacía más que enfurecer a la loca de Laura, que se giró para verme con una sonrisa.

Intenté tranquilizarla, pero era imposible. Laura había enloquecido.

Capítulo 7. "Los 4 ases de la baraja."

Le rogué que soltara la carta. Se lo pedí amablemente, pero era inútil: la pobre Laura había caído en una especie de trance.

"El as de diamantes ha llegado".

¿Acaso se refería a mí?... Traté de convencerla, pero mis palabras cayeron en oídos sordos. ¿¡Cuánto le podría caer por haber torturado a su propia amiga?! ¿Unos cuantos meses de cárcel? Traté de que entendiera de que no había problema alguno, pero Laura guardaba un secreto terrible.

Entre lágrimas me confesó haber asesinado a Elisa, mi amiga de la infancia... Cristina, horrorizada, rompió a llorar en ese momento. Yo simplemente me quedé allí en estado de shock durante unos segundos.

Me guardé las lágrimas y mi rabia para otro momento, la miré directamente a los ojos y le pregunté cómo había sido capaz de cometer tal atrocidad. Laura no supo o no tuvo el valor de contestarme.

Dicen que en esta vida no hay que bajar la guardia nunca. Ella la bajó. Fue mi oportunidad para arrebatarle su carta. Me avalancé sobre ella y ambos forcejeamos. Cristina aprovechó la situación para huir no sin antes darme las gracias. La loca de Laura me golpeó la cara. Me defendí dándole un cabezazo lo suficiente fuerte como para romperle la nariz.

La policía estaba en camino. Laura estaba acabada, es lo que se había ganado... Como buen mago que era, sacó otro as de debajo de la manga y me lo lanzó a la cara, ¡maldita sea!, cómo cortaban esas cartas por Dios...

Escuchamos el ruido de una sirena. ¡La policía había llegado! ¡Por fin! Los agentes irrumpieron en la casa de forma inesperada. Laura se vio obligada a rendirse.

Delante de mí le pusieron las esposas y más tarde se la llevaron detenida. Repentinamente, recibí una llamada de Cristina, que me comunicaba que efectivamente Elisa yacía muerta en su domicilio, pero lo peor no era eso sino cómo había muerto; al parecer, Laura la había extorsionado, posteriormente mutilándola, y horas más tarde sacándole los ojos. Cristina encontró una carta de póker en el interior de su boca. El as de tréboles.

A día de hoy, tomo pastillas para la depresión y el insomnio. Desgraciadamente no hay pastillas que me quiten el asco que siento por el póker desde ese día.

Tan solo quedamos el as de corazones y el as de diamantes.

[FIN.]

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