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La noche era fría. Una gélida brisa soplaba la cara de Jim —¿Era ahora su nombre, Jim?

La sangre abundaba en su boca. En su cuerpo se reflejaban torrentes carmesí, pero no eran suyos. La sangre seguía su recorrido hasta el cuello. Y, en su rostro, la máscara de Anub se había manchado completamente. Del dorado metálico que la caracterizaba, pasó a ser un rojo rebelde, de muerte. Poseía forma de un perro antropomorfo, y recordaba vagamente a la figura de Anubis. La máscara poseía una pequeña abertura a la altura de la boca, dejándola al descubierto.

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No se detuvo, a pesar de que la escena era ya de por si morbosa. Sintió una vez más la presencia de alguien observándole desde las sombras. Pero no se inmutó. Era una simple rata…

Se levantó. Observaba su cena, terminada, con disgusto, mientras cerraba su máscara. Se encontraba a plena calle, pero la oscuridad de la noche lo protegía de ojos insensatos. Volteó y subió el callejón que tenía más cerca.

Su blanco cabello, rizado, danzaba con las melodías que proporcionaba el viento. La sangre iba corrompiendo poco a poco su estómago, corroyendo sus fuerzas. Debía reposar hasta el amanecer… Oh, bello amanecer.

Se acomodó en el callejón, ocultándose. Las pesadillas fueron llenando su mente. Toda su vida, la tortura que sufrió, fue recorriendo su cerebro. Hasta que revivió el momento en el que se encontró con el hombre que lo transformó en… Eso. Esa bestia. ¿Qué era ahora? Nada. Solamente una pútrida cosa.

Capítulo 1: Una vida que no es Normal Editar

Jim llegó a su hogar luego de una extenuante jornada. Se encontraba feliz, un sentimiento tan extraño para él. Otro día más de tener que soportar las estupideces de sus compañeros. Jamás se integró bien, pero, ¿acaso importaba ahora?

Sufría de abuso escolar. Y esto lo obligó a aislarse de todos y todas, hasta de él mismo. No pensaba nada en aquellos momentos. Y no podía hacer nada para evitar el abuso, los directivos jamás probaron que otros alumnos eran responsables de las lesiones que Jim tenía por todo el cuerpo.

Entró a su cuarto, arrojó sus cosas y se posó sobre la ventana. El clima era helado, era un cruel invierno. La oscuridad dominaba todo. Y en esa oscuridad sentía que dos ojos invisibles lo observaba. Los recuerdos infantiles llenaban su mente.

Sus padres lo odiaban. Su vida hubiera sido mejor sin el nacimiento de Jim. Intentaron abortarlo, pero esto trajo complicaciones a la madre de Jim que la obligaban a tomar medicamentos cada tanto. Era un gasto económico importante. Y entonces, para desquitar su ira, lo golpeaban y maltrataban. Lo dejaban sin comer, o los golpes de la hebilla del cinturón de su padre llenaban sus brazos, junto con pequeños ríos de sangre.

Esto no era vida. Hubiera recurrido a la auto-eutanasia de no ser por el miedo a la muerte. Pero hubo, en todos esos años de vida anormal, un período feliz; cuando nació su joven hermano. Sus padres no se ocupaban mucho de él, dejándole la responsabilidad a Jim. Y éste se alegraba de pasar tiempo con él y no siendo golpeado.

Pero cierto día, y por descuido de Jim, su hermano fue atropellado. Los ebrios padres de Jim le echaron la culpa, y sólo recuerda vagamente el movimiento del cinturón golpeando su cabeza.

Su vida era una anormalidad.

Pero Jim no sabía que todo estaba a punto de empeorar.

Capítulo 2: Vida escolar, un trastorno Editar

El despertador sonó.

Eran las ocho y media de la mañana. Jim se despertó como siempre, y con aquella extraña sensación de que lo observaban desde el exterior. Era extraño, pues era de día.

Se despertó, se cambió de ropa y recogió su almuerzo. Se marchó al colegio. Estaba en quinto año de secundaria, y faltaban sólo unos meses para que se marchara de aquel infierno. Pero cuando llegó, la pandilla de idiotas que lo golpeaban y abusaban lo estaban esperando en la entrada.

—Vaya… —dijo Kanih. Era el líder de la pandilla.— Llegó Mr. Freak.

—¿Qué demonios quieren ahora, matones de mierda? – dijo Jim. Su voz sonaba agotada.

—Veo que tu lenguaje cambió mucho en estos días.- dijo otro.

—¡Déjenme pasar!

Pero no lo dejaron. Comenzaron a golpearlo hasta que el timbre sonó, y todos ellos entraron. Puede que sean matones, pero no eran malos estudiantes. Por su parte, Jim se quedó en el suelo temblando del dolor. Logró acomodarse contra el muro del colegio, y sollozo por lo bajo.

—Estúpidos…

Se levantó, y entró al colegio. Subió las escaleras, y entró al salón de clases. Todos estaban callados y su entrada fue recibida con silencio.

—Llegaste tarde, nuevamente. —dijo la profesora.

—Lo lamento, profe…

—Nada de justificaciones. —dijo ella. —Ve a sentarte.

Jim avanzó lentamente hacia su lugar, mirando de reojo a Kanih. Él simplemente sonreía.

Se ubicó en su asiento, y atendió a toda la clase, hasta que cayó en un profundo sueño. Cuando se despertó, se encontraba solo en el salón. Kanih estaba a su lado.

—¿El sueño te estaba matando, Jim?

—¡¿De vuelta tú?! —dijo Jim. Sabía cómo terminaría la cosa, así que intentó correr hacia la salida.

Pero muchachos de la pandilla estaban bloqueando la entrada. Era una emboscada.

Jim se vio impotente, y recibió golpes brutales. Patadas, y sillas. Comenzaba a brotar sangre. Jim se había vuelto resistente por los golpes de su padre. La golpiza se detuvo a la señal de Kanih, el cual se acercó a un semiconsciente Jim.

—¿Te gusta eso, Mr.Fre…

No alcanzó a terminar. Jim lo tomó de la cabeza y lo golpeaba contra la pared cercana y más tarde contra el suelo, dejándolo inconsciente. Todo se detuvo cuando la pandilla reanudó la golpiza.

—¡¿Qué hicimos?! —Gritó uno.— Será mejor que nos vayamos… —Levantaron el cuerpo de Kanih, y dejaron al agónico Jim abandonado.

Capítulo 3:Sacrificio a la Nueva Vida Editar

Sus ojos solo observaban la oscuridad. Comenzaba dudar de que tuviera los ojos abiertos, de no ser por las velas que alumbraban el espacioso lugar. Estaban posicionadas en círculo. Un dolor bestial recorría su cuerpo.

Notó, luego de un tiempo, que su ropa había cambiado. Ahora tenía un saco negro. Le extrañó esto y se preguntó qué otras prendas habrían cambiado. Intentó moverse, pero el dolor era cada vez peor. Una extraña presencia recorría la habitación.

—¡Ah! ¡Despertaste! —dijo la presencia. Se asemejaba a un hombre, pero Jim dudaba completamente de que lo fuera.— Eres excelente para la ofrenda.

—¿Quién eres? —Dijo él.— ¡¿Ofrenda?! ¿Qué ofrenda?

—Una ofrenda a nuestro señor, aquel que duerme en el magma, que devora las vidas impuras en su baile. Nuestro señor, Vexew, el que absorbe sangre…

—¿Eh?

—No puedo describirlo. Llevaría al mundo a su destrucción. Pero tu, oh, joven. Serás su siervo. —dijo la presencia, sonriendo.— Mi cuervo te espiaba desde la sombras. Tu sufrimiento nos será… Oportuno.

Jim simplemente no comprendía. Volteó, y descubrió que en aquel lugar el calor era sofocante. ¿No estaban en invierno? ¿Estaban bajo tierra? Volteó un poco más, y descubrió leves ríos de lava —o magma— corriendo bajo él. Intentó levantarse, pero sus brazos estaban atados. El hombre comenzó unas extrañas oraciones

—¿Será latín? —Pensó Jim. Y entonces, sus sogas se cortaron y cayó a la lava.

Todo se consumió en un ardor infernal y una oscuridad omnipresente.

Capítulo 4: Ofrenda terminada, ente del mas allá Editar

Despertó en una habitación completamente blanca. Le dolían los ojos. Su piel ardía. Sangraba, y las ampollas quemaban su cuerpo. Unas cadenas imposibilitaban que se moviera. Escupía sangre, y no podía respirar.

Una figura negra observaba la retorcida escena.

Más y más figuras negras surgieron. Y de sus aberturas comenzaron a entrar. Se comprimían, abrían agujeros en su tórax negro y rojo, dejando que los torrentes carmesí fluyeran libremente por el exterior. Jim gritaba, agonizaba, pero no moría. Sus cuerdas vocales casi se rompen, y las figuras seguían entrando.

—De la sangre que conforma el complejo cuerpo… —dijo una vez ajena a todo lo conocido.- De la sangre que es prohibida; tú la beberás. La ingerirás como alimento.

Jim seguía agonizando. Poco a poco fue extrañando las golpizas de Kanih, su padre… Su hermano.

—Una nueva vida empezarás, porque un devorador de sangre serás.

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