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Cuando era niño, mi familia no se encontraba en buenas condiciones económicas, mis padres estaban desempleados y nos veíamos forzados a vivir en la casa de mi tía. Con el tiempo, mi madre fue capaz de conseguir un trabajo y compramos un pequeño apartamento de dos cuartos en un complejo llamado "Apartamentos Lakeheart". Se mantuvo fiel a su nombre, tenía un lago turbio y sucio en el centro con un pequeño puente por encima. Vivimos justo al lado él. El número del apartamento era 1155. Qué pegadizo.

Nos tomó dos meses establecernos por completo. Mi hermana y yo tuvimos que compartir una habitación, lo cual era un desastre porque yo apenas era un niño. Tenía seis años. Casi nunca lograba dormir porque me contaba historias de terror y me obligaba a dormir en la litera inferior, en la cual, por cierto, poco después de llegar nos encontramos con una cucaracha escondida. Ella siempre se adueñaba de las cosas buenas y hacía que me metiera en problemas por cosas que no hacía.

Una tarde, después de un largo día de escuela, volví a casa y encontré a mi hermana dormida en el sofá. Un gran alivio. ¡No tendría que lidiar con sus estupideces durante toda una tarde! Entré a mi habitación y comencé a jugar con sus cosas. Después de unas dos horas ya estaba totalmente aburrido.

Como si fuera una señal, mi hermana entró a la habitación y dijo:

"Mamá llamó, dijo que va a trabajar hasta tarde, no llegará aquí hasta los doce de la noche. Esto significa que tenemos el apartamento para nosotros." Eso era algo estupendo.

Rara vez nos quedamos solos en casa después de las ocho. Incluso si me quedaba con mi hermana, me emocionaba la idea de estar en la casa sin supervision.

Eran las diez de la noche cuando mi hermana se quedó dormida y yo también estaba a punto de hacerlo. Oí pisadas en el pasillo. Oh, pensé "Regresaron temprano".

Los pasos se hicieron más fuertes hasta que oí la puerta abrirse. Fingí estar durmiendo. Oí un murmullo y en vez de recibir un beso en la frente, sentí calor y un aroma espantoso. Era casi como si alguien o algo respirara en mí. Me esforcé para no estresarme mientras era olfateado y me presionaba el pecho con unas garras. Por suerte, perdió interés en mí rápidamente. Abrí un ojo, sólo para ver esa cosa en la escalera, acercándose a mi hermana aún dormida. Incluso si la odiaba, ella era mi carne y sangre. Le rogué a Dios que la protegiera de esa cosa.

Después de unos minutos debió de darse cuenta de que también estaba dormida.

Di otro rápido vistazo y casi grito.

Esa cosa estaba sostenida en cuatro patas, su cuerpo era únicamente piel y hueso. Los dientes sobresalían de su boca, tenía unos ojos grises y una piel blanca.

Me puse de pie en la cama, y debió notarlo porque giró su cabeza hacia mí y abrió su boca.

En un murmullo ronco y seco dijo.

"¿Qué haces despierto, cariño?"