FANDOM


En nuestra vida pueden suceder circunstancias que podrían denominarse anormales. Yo, como estudiante recién graduado de la universidad, me quedé con ganas de irme de casa, independizarme y tener mi propio trabajo con mi carrera de diseño gráfico, esperando ser capaz de encontrar un lugar acogedor en alguna parte.

Durante dos meses viví en casa de mis padres mientras trabajaba en un local de siete a once para hacer algo de dinero, hasta que pudiera ser capaz de pagar un apartamento decente. Fui en búsqueda de dicho local el día en que me dieron mi cheque de liquidación donde tenía cerca de $2500 incluyendo las bonificaciones; me encontré con un par de sitios en la ciudad de Las Vegas, cerca de donde vivía.

Lo que encontré no era grande ni espectacular, simplemente decente. Yo había estado buscando durante días. Una noche cuando volví la cabeza a la guía telefónica, había encontrado un anuncio en la esquina inferior de las páginas amarillas "Apartamento En XXX XXX St" -No pondré la dirección por asuntos de privacidad- Al revisar detenidamente el anuncio, decía que sólo serían 50 dólares al mes, así que pensé que podría ser una buena oferta. Llamé lo más pronto posible a la persona que vivía allí y me explicó que estaba cansado de los problemas de ruido en el departamento de al lado, pero no le di mucha importancia, necesitaba el piso y por fin lo tendría.

Nos encontramos afuera de su apartamento y ambos hablamos durante un rato, el mencionó que los problemas de ruido eran incesantes, explicó también que eran como gritos, alaridos de dolor y otras cosas; sin embargo, nunca dijo mucho sobre el departamento en sí. Finalmente se cerró el trato y yo estaba emocionado: prácticamente tenía un lugar para vivir por mi cuenta. Estaba emocionado de que, después de tantos años de vivir en casa de mis padres, ya podía vivir la experiencia de la independencia en su máxima expresión.

Las primeras noches no eran para nada pacíficas, en principio parecía ser por un par de problemas con el aire acondicionado, ya que era muy ruidoso y molesto; pero tenía planes de adquirir este departamento desde mucho antes, así que pude acostumbrarme. Hace dos días, el antiguo dueño y yo habíamos empezado a escuchar ruidos extraños al lado, así que decidí ver si pidiendo amablemente a la gente o quien quiera que viviese allí que cesara o, preguntar qué pasaba allí dentro. 

El número colocado sobre la puerta, con una extraña apariencia de haber sido arañado, hacía mención a que era el Apartamento número 14, con el nombre del inquilino en una pequeña placa: Craig Smith. En un abrir y cerrar de ojos, el hombre abrió la puerta, y con una voz grave vociferó un "¿Qué quieres?" Yo, con voz temblorosa, le expliqué que estaba escuchando ruidos extraños en su apartamento y quería saber qué sucedía. Simplemente respondió "No sé de lo que estás hablando, así que sugiero que te largues". Y cerró la puerta de un estruendo, dejándola a unos centímetros de mi rostro. No me quedó de otra que tragarme mis palabras, volver a mi apartamento e intentar dormir.

En la segunda semana, sentía como cada noche los ruidos se intensificaban, podía deducir que los gemidos se transformaban en llantos y gritos; todo esto ocurría entre las dos y tres de la mañana, hasta finalizar aproximadamente a las cuatro y media. No podía dormir debido a esto, sobretodo porque ya me había estado preparando mentalmente para dichos horarios. Finalmente, me cansé de todos estos ruidos. Tomé el teléfono y llamé a la policía. Estuve contándoles mi historia como por media hora y ellos decidieron enviar una patrulla a mi dirección. El policía se encontró conmigo en la planta baja del edificio y nos dirigimos hacia ese dichoso apartamento. Al llegar, nos percatamos que ya no había ningún inquilino dentro, la placa con el nombre del señor Smith ya no estaba. Entré en shock. Estuve intentando explicarle al oficial que todo era real, pero solamente recibí una multa y una llamada de atención. No entendía nada, pero no tenía tiempo para preocuparme, debía despertarme a eso de las ocho para ir a trabajar y tenía que aguantar.

En la tercera semana los ruidos no se detenían, después de saber en carne propia lo que había vivido el antiguo dueño de mi departamento: Gritos, alaridos, risas, llantos, todo había sido más y más tétrico cada vez. No  podía soportarlo, pensé que perdería la cordura en cualquier momento. Antes de estallar en una psicosis, me percaté de que había un pequeño agujero de luz que provenía de la pared. No lo había visto antes, así que me acerqué a ver de qué se trataba. Miré por el agujero y vi a una mujer en el suelo con heridas en todo su cuerpo, producidas por un arma blanca, con el señor Craig encima de ella y algún otro hombre que portaba una máscara.

Rápidamente, tomé mi teléfono celular y filmé la escalofriante escena para tener pruebas de que no estoy loco, la policía tal vez pueda arrestar a estos hombres y darles su merecido. Fui a la estación y les mostré dichas grabaciones a los oficiales de turno. Tres patrullas de policía habían llegado, uno detrás del apartamento y dos de frente. El primer oficial pateó la puerta y vio el cuerpo de la mujer ya muerta junto con el hombre que huyó de la escena al noquear al policía de un golpe. 

La patrulla que se encontraba detrás del edificio logró capturarlo. Despojó al enfermo de su máscara: era el señor Craig. Fue trasladado a la cárcel esa misma noche. El otro hombre no fue hallado por ninguna parte.

A Craig se le acusó de homicidio en primer grado de dos mujeres, pero por razones que nunca entenderé, consiguió una sentencia de tan sólo dos años debido a que sus padres, trabajantes de una prestigiosa empresa de automóviles, pudieron reducir su sentencia. No sólo esto, sino que también tendría que mostrar los cuerpos de las víctimas que había asesinado.

Dos años más tarde luego de lo sucedido, seguía sin olvidar aquellos acontecimientos que marcaron mi vida para siempre. Me conseguí una licencia con una pequeña compañía de juegos en Arizona y planeaba mudarme allí la próxima semana, por lo que tendría que vender mi apartamento. Un hombre de unos cuarenta años se me acercó para preguntarme si estaba interesado en venderlo. Le dije la cantidad adeudada que estaba alquilando y llegamos a un mutuo acuerdo en cuestión de minutos. En el contrato, pude cerciorarme de su firma: Craig Smith. No podía creerlo, no podía ser ese despiadado asesino. 

Luego de una semana, ya me había mudado a mi pequeña casa en Arizona, he recibido una llamada de mis padres diciendo que en  las noticias aparecía un vídeo mostrando mi antiguo apartamento, pero completamente en llamas. Me sorprendía al escuchar la noticia y dijeron que nadie logró salir a excepción de una persona, Craig, quien más tarde fue detenido y condenado a cadena perpetua. Habían pasado en las noticias cuando fue dictado su veredicto y mencionó que no se arrepentía de matar a 14 personas.

14 personas... no podía haber matado a tantas, o por lo menos no podía creerlo. Es gracioso pensar que yo podía haber sido parte de ese colectivo, pero también podría haber salvado a otras 13 personas si hubiera sabido desde antes que era él quien quería mi apartamento. Nunca olvidaré ese día ni planeo pensar más en ello. Todavía, al sol de hoy, puedo oír los gritos y gemidos de llanto, que también se acompañan de gritos implacables de todas las vidas que se perdieron en aquel incendio. Espero que esto pueda salir de mi mente, junto con el apartamento 13. 

El contenido de la comunidad está disponible bajo CC-BY-SA a menos que se indique lo contrario.