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El mundo tal cual lo conocemos ya no existe, tras varias guerras los gobiernos del mundo se quedaron por nada que pelear, miles de millones murieron como consecuencia del conflicto, un arma norcoreana fue activada para vengarse de sus rivales norteamericanos; no funciono como pensaron.

El virus de la rabia modificado creó hordas de devoradores carnes hambrientos, las ciudades fueron asediadas por estas criaturas que una vez fueron humanos, Japón, en represalia para poder contener la pandemia bombardeó varias zonas de la península coreana y sus alrededores, la radiación comenzó hacer mella en las poblaciones de sobrevivientes.

Por décadas en mundo estuvo en guerra, pero ahora ya nada importa, los gobiernos del mundo se han disuelto, los países como los conocemos hoy en día ya no existen, las fronteras, las leyes, la justicia, ahora solo el más acto podrá sobrevivir.

El mundo se ha llenado de criaturas horrendas, por un lado tenemos los devora carnes afectados por el virus de la rabia, en otro extremo los mutantes; seres desgraciados condenados a vivir en agonía quienes han encontrado divertido torturar a otros para aminorar su dolor.

Solo el 1% de la población mundial permanece intacta, agrupándose en centros urbanos y fortalezas para repeler los monstruos y peligros del mundo.

Con la industria fuera de juego la naturaleza tomó poder, pero los estragos del calentamiento global y una guerra nuclear aún se sienten, fuerte huracanes y sismos son frecuentes en la tierra de hoy en día, los tifones barren con las impurezas que el hombre dejó en esta tierra de maravillas.

Nunca llegué a conocer como era la tierra antes del desastre, solo imágenes, libros, e historias de los más ancianos, la premisa hoy día es que solo sobrevive el más sanguinario.

Mi viaje comienza cuando mi abuelo quien, víctima de la radiación, muere, lo cual me entristeció pero fue una gran tranquilidad porque de ese modo no tendría que ver con nada de lo que sucederá en los próximos días, quizás me adelanté, pero mi vida es un caos; literalmente.

La mejor opción es marchar durante la noche, a esa hora los devoradores de carne duermen y los mutantes no ven bien bajo la luz de la luna, pero otros peligros acechan, otras personas, ladrones, delincuentes y violadores son el pan de cada día, ese 1% de la población humana no está representado al 100% por buenos samaritanos.

He tenido que matar antes y lo haré de nuevo, no dejaré que nada se interponga en mi camino, pero ahora tengo un objetivo, marchar al sur, donde se encontraba el extinto país de México donde mi abuelo asegura que se erige una de las fortalezas más imponentes del hemisferio norte, nosotros vivíamos en un asentamiento en Florida, fue arrasado por devoradores de carne.

Los pocos que sobrevivimos fuimos víctimas del hambre, la insolación y de los mutantes, eso ya hace tres años, fue cuando perdí a mis padres, tan solo el espíritu guerrero de mi abuelo me salvó, pero ahora estoy por mi cuenta, me dirijo a la fortaleza roja.

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