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El día de su cumpleaños, decidí llevar a mi novia Katie de paseo por Arizona para que pudiéramos quedarnos con unos amigos suyos y así pasar unas semanas de fiesta volviéndonos locos antes de regresar a la escuela por el resto del año.

Conducíamos en el auto de mi papá. Era una camioneta Ford muy antigua, y está bastante maltratada. El camino estaba lleno de baches y era largo. Nuestra relación parecía más fuerte en el camino. Estábamos realmente enamorados. Esa fue la primera vez que me di cuenta de eso. Nunca antes había estado realmente enamorado.

Estábamos a mitad de camino cuando nos dimos cuenta de que pronto nos quedaríamos sin combustible mucho antes de llegar a la estación de gasolina más cercana. La cabeza de Katie estaba fuera de la ventana, traía puesta sus gafas de sol para cubrir sus ojos del calor abrasador en el exterior. El paisaje desértico era lo único que podíamos ver en cualquier dirección que miráramos. Pronto comenzamos a asustarnos. No habíamos visto otro auto en la carretera en casi una hora. ¿Qué pasaría si nos quedábamos sin gasolina aquí, en medio del desierto, sin comida ni agua, sin nadie ahí fuera para rescatarnos? Aceleré un poco, impulsado por estos temores.

Fue entonces cuando nos encontramos con una estación de gasolina. Justo en el medio de la nada, en medio de la vacía y seca nada. Era una vieja estructura sucia y desgastada. Hierbas largas y amarillas que habían crecido a su alrededor se movían con la brisa del viento. Afuera había dos bombas de gasolina oxidadas. Al principio no sabíamos si había alguien allí, parecía tan muerta. Pero cuando nos detuvimos y vimos las manchas de gasolina en la tierra, nos convencimos de lo contrario. Nos estacionamos y Katie comenzó a rellenar el tanque de gasolina del auto y yo entré para pagar y comprar algo de comer para el camino.

Cuando fui a abrir la puerta de la tienda por primera vez, se atascó. Esto me perturbó, así que miré el letrero para verificar que estuviese abierta. El letrero roto que colgaba entre las cortinas amarillas opacas en la ventana de la puerta tenía escrito "ABIERTO". Empujé más y más fuerte, hasta que finalmente entré en la tienda.

El lugar estaba totalmente abandonado y dejado en la ruina por dentro. Las estanterías yacían en el suelo, las neveras estaban rotas junto con el suelo revestido de vidrio. A pesar del brillo exterior, el interior de la gasolinera estaba oscuro y muy frío. Luego lo escuche, detrás de mí, este llanto silencioso, como el de un niño. Sentí que mi corazón se aceleraba. Provenía de la parte trasera de la tienda.

Pasé por encima del cristal roto y de los restos metálicos destruidos en el suelo, me di cuenta que pequeños parches de hierba habían crecido sobre ellos. Pasé mi mano por una de las paredes y sentí pequeños trozos de hiedra debajo de mis dedos. Estaba cubierto de maleza.

El llanto volvió a surgir, y ahora yo estaba frente a la puerta de atrás. Estaba directamente en frente de mí. Empujé la puerta y esta crujió con óxido en las articulaciones. Dentro de la habitación había varios escalones de madera que conducían al sótano. El lugar estaba completamente negro, y el olor era horrible. El sonido de gotas de agua me alertó sobre el hecho de que el sótano estaba inundado: el agua llegaba hasta mis rodillas. De nuevo, surgió el llanto pero esta vez vino acompañado de un pequeño chapoteo en el rincón más alejado del sótano.

—¿Hola? —Llamé. —¿Hay alguien ahí?

Empecé a acercarme a la esquina. El olor era horrible, y el agua fría finalmente me atrapó. Los sollozos se hacían cada vez más fuertes. En la esquina juré que vi algo moverse entre las sombras.

—¿Hola? —Llamé de nuevo. —¿Esta todo bien?

Finalmente llegué a la esquina. Todavía estaba oscuro, tuve que agacharme para evitar las tuberías, que goteaban por mi espalda y bajaban por mi columna vertebral. La figura frente a mí era muy pequeña y negra. Se hallaba encorvada, sollozando en silencio, con la cabeza entre sus manos.

—¿Por qué estás aquí abajo?— Susurré.

Entonces, dejó de moverse por completo. Estaba totalmente quieto. Todo el ruido pareció cesar, pero el goteo silencioso de una tubería rota en algún lugar detrás de mí se encargo de romper ese silencio.

Estiré el brazo para tocar su pequeño hombro, pero luego comenzó a voltearse lentamente en mi dirección, para mirarme a los ojos.

Cuando finalmente tuve su rostro frente a mí, recuerdo gritar y balancear la cabeza hacia arriba en retroceso, golpeándome con las tuberías de arriba. Su cara era blanca como una sábana, pálida como una horrible máscara. Los ojos y la boca eran agujeros completamente negros, enormes y ensanchados incluso cuando los miraba. Eran tan grandes que casi consumieron todo su rostro. Mientras intentaba escapar desesperadamente, la criatura corrió hacía mi a gran velocidad, salpicando en el agua, desenrollando sus dedos largos y delgados. La cosa ahora estaba llorando, mirándome con sus enormes ojos negros, y mientras subía las escaleras con gran dificultad, sentía que mis piernas comenzaban a ceder debajo de mí.

La criatura salió corriendo del agua y subió las escaleras hacia mí. Cerré la puerta de golpe, abrí la cerradura y salí de la tienda al viejo Ford. Katie comenzó a reír cuando me vio. Mis pantalones estaban mojados y yo estaba temblando con sudor empapando mi pecho, pero la agarré de la mano y le grité que condujera. Durante aproximadamente media hora, apenas podía decirle lo que sucedió en la tienda. Ella escuchó y me dio una mirada de puro horror, cuando finalmente me rendí y le conté todo. Acercó el auto a un lado de la carretera y comenzó a llorar. Le pregunté a ella qué estaba pasando.

Ella comenzó a hablar.

—Vi algo mientras estabas fuera. Cuando estabas en la tienda, estaba recargando el tanque del auto cuando vi a una pequeña niña, y un hombre, su padre, supongo. El padre me miró, sus ojos estaban en blanco y su mandíbula estaba colgando. Pero la niña, oh dios, la niña... Me estaba mirando fijamente, tenía una enorme sonrisa que se extendía por todo su rostro. No tenía cabello y su piel era negra. Pero no negra como una persona de color, sino negra como una sombra. Y su sonrisa solo brillaba a través de la ventana. Me convencí de que solo era mi imaginación y desvíe la mirada. Cuando volví a mirar, se habían ido. Entonces un poco más tarde, te vi salir de la tienda.

Ya estaba anocheciendo. No teníamos dónde quedarnos. No habíamos viajado tanto como esperábamos ese día y el motel más cercano significaba volver más allá de la estación de servicio. Así que simplemente condujimos desde el borde de la carretera donde estábamos, hacia un claro un poco más adelante, donde la gente acampaba a veces. Obviamente habíamos después de una gran fiesta, pues había cristales rotos por todas partes. Cuando llegamos, sin embargo, el lugar estaba vacío. Después de un tiempo intenté asegurarle que estábamos bien. La tranquilicé, la abracé y comenzamos a besarnos. Me moví para acercarme a ella cuando de repente gritó.

—¡ES ELLA! ¡ES ELLA!— ella chilló, tratando de encender el motor. Me giré a tiempo para presenciar una pequeña cara negra, sonriendo literalmente de oreja a oreja con solo conformando su rostro. La figura trataba de entrar al auto a través de la ventana abierta en mi lado, con sus brazos moviéndose como las patas de un insecto. Tenía demasiados brazos. Demasiados brazos largos. Los dedos se sentían como antenas de insecto en mi cara. Nos apresuramos a conducir otra vez, de vuelta a la carretera.

Una vez de vuelta en el camino, nada parecía ser normal. No había estrellas esa noche.

Eso fue lo que noté primero. Estaba demasiado conmocionado para pensarlo mucho, pero no había nubes que pudieran estar cubriéndolas. Solo estaba el vasto cielo nocturno, desprovisto de toda luz. Luego, unos minutos después de haber estado conduciendo hacia adelante, todavía sudando y respirando con dificultad, pasamos la estación de gasolina otra vez. Mi corazón casi se salio de mi pecho con un latido. La estación de servicio estaba al menos a media hora de distancia, en la dirección opuesta. Todas las luces estaban encendidas y vi que la puerta se abría lentamente. Cuando pasamos de largo, Katie estaba tan histérica que le resultó difícil seguir conduciendo.

Detuvimos el auto, en medio de la desolada carretera. Decidí que debíamos cambiar de asiento para poder conducir. Se arrastró desde su asiento al mío, y abrí la puerta para salir. Tan pronto como estuve afuera, el hedor asqueroso del sótano me abrumaba. Yo me puse de cuclillas, luego vomité por el costado del auto. Fue entonces cuando noté al corredor. Una cosa blanca pálida, estaba corriendo hacia nosotros a través de la niebla nocturna, sus extremidades eran prácticamente borrosas. No pude distinguir ninguna cara. ¿Cuánto tiempo nos había estado siguiendo? ¿Había estado corriendo detrás de nosotros durante toda noche?

Me metí en el asiento del conductor lo más rápido posible. Nos fuimos otra vez, sin hablar. Katie gimió y recé en silencio. Luego pasamos de nuevo por la estación de gasolina. La puerta estaba completamente abierta ahora. Había dos figuras paradas en la puerta. Esperando.

Mientras nos forzábamos a estar tranquilos, ambos nos dimos cuenta de un llanto suave y apenas audible en los asientos traseros. Ninguno de nosotros se atrevió a darse la vuelta.

—Ignóralo. —susurré, mis manos temblorosas agarraron el volante.

Katie estaba acurrucada en posición fetal, sosteniendo su cabeza en sus manos. El lamento aumentó, volviéndose extremadamente ruidoso, penetrante y horrible. Finalmente me obligue a mirar detrás de mí.

Por una fracción de segundo, vi lo que pensé que era una niña, con un vestido blanco mirándome. Pero ella se fue tan pronto como apareció. Revisé los asientos cuidadosamente, no había nada. En mi cansancio y miedo, había perdido completamente el rastro del camino.

Seguí conduciendo y durante toda la noche Katie gimió. La toqué una vez pero ella gritó. Nunca volví a intentarlo después de eso. Los ruidos del asiento trasero comenzaron a surgir de nuevo. Pasamos la estación de servicio dos veces más. La gente de la puerta estaba cada vez más cerca y más clara.

El mejor resplandor de luz solar roja había comenzado a asentarse en el horizonte, todavía estaba oscuro como el infierno, pero al menos ahora podía ver el camino delante de mí. Katie había estado en silencio, ocultando su cara bajo sus manos en algunas ocasiones. Decidí comprobar la hora, así que encendí la radio. Al principio solo había estática. En lugar de tiempo, o cualquier cosa, el reloj digital que traía puesto simplemente parecía estar en negro. Jugué con el dial de la radio, tratando de cambiar la estación. En medio de la estática, encontré un solo canal audible. Tenía un zumbido agudo en el fondo. (Nota del escritor: UVB-76?! ??!?!) Un hombre murmuraba nombres y números en voz baja.

29. Lucy-

30. Adam-

31. Katie-

Volví a poner la radio en estática. Sabía qué nombre era el siguiente.

Finalmente, después de tanto logramos llegar a la casa de los amigos de Katie, era de mañana. Estaba nublado y había olor a lluvia en todas partes. Sus amigas no estaban en casa. Los amigos de Katie vivían en el campo, sin nadie en más en una milla. La hierba estaba escalando en las paredes exteriores. ¿Cuánto tiempo habían estado fuera?

Tan pronto como estuvimos adentro, Katie comenzó a gemir de nuevo. Me di cuenta de que, mientras había estado en silencio, se mordía el labio: la sangre le caía por la barbilla y la piel alrededor de su boca se la rasgaba y se la masticaba. Agarró un periódico y un poco de cinta adhesiva de la mesa principal y comenzó a tapar las ventanas. Después de los eventos nocturnos, no sabía si sería una locura unirme a ella o detenerla. Yo simplemente la miraba. Cubrió las ventanas, cerró la puerta y apagó las luces. Durante algún tiempo, pudieron haber sido minutos u horas, nos quedamos en silencio en la oscuridad. Me ofrecí a encender la televisión. Katie no dijo nada, estaba sentada en blanco y en estado de coma. Encendí la televisión de todos modos.

Una imagen granulada en blanco y negro cobró vida ante nosotros. Una cara blanca con ojos vacíos y una sonrisa increíblemente grande apareció, la sonrisa se hizo más y más amplia a medida que la miramos. Se oyó el llanto nuevamente. ¿Provenía de la televisión o de la casa? No podía decirlo... Apagamos la televisión.

Han pasado tres días completos desde los incidentes. No he visto a Katie en absoluto hoy. Ella pasa todo el tiempo encerrada en un armario, llorando. Una vez abrí la puerta del armario y le grité. Ella gritó de vuelta, su rostro se retorcio en algo grotesco e inhumano. Cerré la puerta en su cara. Suena el teléfono, a menudo. Una voz, creo que la de mi madre, susurra siempre en las llamadas. Solo puedo captar fragmentos de lo que dice.

"Vuelve... Siempre eres bienvenido a volver..."

A veces, en el fondo, escucho risas tranquilas.

Cuelgo sin decir nada, por lo general. El baño está reluciente de blanco, a veces escucho la ducha correr y entro para verificar. Pero nunca encuentro nada en absoluto.

Luego, cuando estoy en el baño, escucho que la televisión se enciende.

Siempre se ve la misma cara. Solo que ahora hay voces murmurando. He llamado a la policía. Dos veces. Todo lo que consigo escuchar es la voz susurrante de una mujer. También llamé a los amigos de Katie, solo para conseguir el mismo resultado. Ahora también escucho golpes en la puerta principal. A través del periódico, al otro lado de la ventana, veo manos golpearse contra el cristal y deslizarse hacia abajo. Hacen esto durante horas y horas a veces.

Figuras presionan sus ojos hacia el cristal, a través de los agujeros en el periódico... Por la noche escucho gritos desde la habitación de invitados. Lo ignoro. A veces encuentro pequeños pedazos de vidrio en el suelo. Hace un día surgió una fuga en mi habitación de abajo. Han aparecido manchas negras de moho en las paredes. Hay un olor en toda la casa que se filtra desde mi habitación. El olor de la descomposición.

Rezo. Rezo sin remedio, y deseo, lo juro por Dios, deseo... Que nunca hubiera salido de ese auto.

Historia original: https://creepypasta.fandom.com/wiki/Arizona

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