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En la clínica de salud mental. Dada la naturaleza peligrosa de los residentes, se le habían asignado las habitaciones de los pacientes menos violentos, entre ellos estaban, los suicidas, los que escuchan voces y los que simplemente ya no decían nada en absoluto.

Pronto se acerco a un hombre mudo llamado Arthur. Él era un oyente absorto, dispuesto a asentir con la cabeza durante horas mientras le contaba la historia de su vida. Ella le habló de su pasado, su presente. Las personas involucradas en ambos. Sus esperanzas para el futuro.

Arthur solo asiente con la cabeza.

Después de varios meses de haberla escuchado, le debe mucho a Arthur, ya que hace lo que más esperaba de un amigo: escuchar. Así que debía sacarlo de la clínica. Él no puede ser feliz sentado solo en una habitación señalando a los internos todos los días. Le pediría al médico en jefe dejarlo ir, al fin y al cabo él nunca había lastimado a nadie.

Un día, después de mucho insistir su esfuerzo al fin rindió frutos. El médico en jefe se ha comprometido a dejar libre a Arthur. Ella corrió a su habitación para darle la noticia. “¡Eres libre!” Le gritó. “¿No es genial?”

Arthur solo asiente con la cabeza.

Le escribió  su nombre y dirección en un trozo de papel. Se lo entregó. “Voy a extrañar mucho tener a alguien con quién hablar” dijo. -”Pero ahora puedes visitarme cuando quieras, ambos podemos aprender mucho uno del otro, no sé por qué eran tan renuentes a dejarte salir, tuve que pelear todos los días con  el Dr. Thanner para dejarte ir, dijo que por alguna razón el antiguo director que había le indicó explícitamente que no salieras de aquí, tonterías supongo”

Él la miro y tomo el papel. Solo asiente con la cabeza.

Se fue a casa, se sentía muy bien consigo misma. Pensaba presumir a todos los que pudiera acerca de eso, amigos, familiares, compañeros de clase, compañeros de trabajo, contarles acerca de lo que paso con Arthur. Incluso se quedó dormida con una enorme sonrisa en la cara.

Esa noche, sus ojos se abrieron. Escucho gritos, gritos aterradores que la despertaron.

En ese instante el teléfono junto a su cama suena, es el Dr. Thanner: - ¿Hola? - ¡¡¡LIZ!!! Tienes que salir de inmediato, ve a un lugar seguro, llama a la policía, pronto, ve a la estación, solo sal de tu casa, encontramos el expediente de Arthur y es…  La línea se corta.

Se levantó de la cama y se dirigió a la sala de estar para tomar el otro teléfono, fue entonces cuando los vio. Sus padres y su hermano, recostados sobre el piso, su sangre empapando la alfombra, las paredes se tiñeron de rojo con la carnicería. Sus cabezas fueron golpeadas una y otra y otra vez con algo contundente, sus ojos están fuera de sus órbitas. Todos están muertos.

Entonces comenzó a llorar, pero también se dio cuenta de que había un hombre parado en la puerta.

Es Arthur, sosteniendo el pedazo de papel que le dio aquella mañana.

Su cuerpo entero tiembla, su sangre se congela y antes de que el terror la consuma dice:

- “¿Vas a matarme?”

Arthur solo asiente con la cabeza...