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Al descubrir, en una de mis clases de química analítica, que el detective John Owen había sido encontrado muerto, no pude expresar más que asombro y horror. Estuve considerando, durante toda la clase, la idea de que quizás sea obra de los Asesinos de Pareja. Owen estaba bastante obsesionado con esa idea, y si mi memoria no falla, había descubierto una pista que sería fundamental en la identificación de los culpables.

Claro, él no era yo. Él no sabía lo que yo. Él jamás hubiera sospechado la idea de vida más allá de la muerte, o cosas sobrenaturales. Yo mismo las había vivido, y había realizado un estudio personal que determinaba que uno de cada cincuenta asesinos poseía habilidades sobrenaturales, o se relacionaba en el ámbito.

Intenté, entonces, recoger toda la información posible del caso. Describir el proceso sería tedioso, y simplemente intento exponer un caso relativamente simple. O al menos en el contexto criminal. Si vamos a ámbitos más sobrenaturales o incluso metafísicos, nos encontraremos con la dificultad de que ciertos eventos son físicamente imposibles.

A continuación, dejo la nota que se encontró en la PC de John Owen.


Hace cuatro meses que comenzó la serie de homicidios que me llevan a escribir este documento. Temo por mi vida, y debo apresurarme a escribir. Desde hace cuatro meses, dos homicidas han desatado el terror en la ciudad. Destruyen familias. Esto no puede seguir. Nadie nos aterró tanto desde el Asesino de las Fiestas, y eso fue un total disturbio.

Nadie veía a los asesinos. Nadie. Podían ver a una joven yendo constantemente a la casa de la familia. Podía verse como ella salía de la casa, y como al rato, los gritos de los padres se escuchaban. Nadie veía al asesino, pero lo sentían. Es confuso explicarlo. Además, solamente los padres son encontrados muertos. Los niños…los niños siempre están a salvo. Siempre un niño y una niña. Siempre.

Está más que claro que estos…que ésta pareja son los culpables. No tenemos pruebas, ni tampoco tenemos a la joven, pero todos sabemos que es así. Y esto no es coincidencia. Es como si…como si todo fuera parte de un plan. Un plan más allá de la comprensión humana.

Y las cosas se hubieran mantenido así. Todo se hubiera mantenido en un completo misterio de no ser porque decidí revisar Facebook. Encontré, en esas molestas publicaciones que pretenden llamar la atención a todos los ingenuos, la noticia del aniversario de la desaparición de Edna Sanderson. Concordaba perfectamente con las descripciones que daban los testigos. Pero no, era imposible, si era ella, debía ser una vieja decrepita; se cumplían 25 años desde su desaparición a los 20 años. Hace 20 años. ESTO ES IMPOSIBLE.


Nunca me gustó el autoguardado de Word. Creo que, en ésta ocasión, se lo agradezco. Claramente la última línea no está relacionada con el texto entero. Es como si hubiera intentado escribir más. Algo era imposible, pero ¿qué lo era?

Las cosas cobraron más sentido cuando, al día siguiente, una nota de periódico anunció la muerte del detective. La recopilé, muy a disgusto del editor, pero creo necesario que se encuentre aquí.


The New Year

Sigue el terror

Jonathan Mc Owen Ferro fue encontrado, sin vida, hace doce horas en su domicilio. Presentaba varios golpes, y la escena presentaba una morbosidad inhumana. Entrar en detalles es atentar contra la sanidad del lector, y es por eso que informamos simplemente que un buen vecino y ciudadano ejemplar se nos fue hoy.

La policía sospecha que éste caso está conectado directamente con los Asesinatos de la Pareja, aunque no sigue el mismo modus operandi. Se considera seriamente la posibilidad de que los mismos culpables –ambos- conocían al detective. Se manejan varios hilos, y ninguno parece llevar a alguna parte.


Espero que el lector comprenda automáticamente lo extraño de esto. Se presentan palabras como morbosidad inhumana, y sanidad. ¿Estos son adjetivos para definir un simple crimen? Mis dudas me llevaron a consultar en detalle la escena del crimen. Y no, no era nada de otro mundo.

El cadáver del detective estaría –ya lo habían llevado a la morgue, pero remarcaron la figura.- estirado sobre el suelo. Un charco de sangre sale de su estómago. No, claro que no. Esto no era nada del otro mundo. O no al menos para los sentidos comunes. Sí, yo también sentía que algo estaba fuera de lo normal. No entendía por qué, pero nada de eso tenía sentido. Algo perturbaba el ambiente, algo insano, torcido.

Claro, todo cobró sentido cuando voltee hacia la pared más cercana. En letras grandes, rojas carmesí y con un fétido olor, se notaba la siguiente frase; Hazlo

La Pareja había vuelto a atacar.


¡Claro que son ellos! ¡Estoy seguro! ¡Son Ashton no-sé-qué y Edna Sanderson! Los conocía. Los conocí a ambos. Eramos amigos en la primaria y estaba enamorado de Edna. Era realmente hermosa. Tengo que admitirlo, tenía buenos pechos y una cadera que todas envidiaban. Los chicos envidiábamos a Ashton. Era un buen chico, he de decirlo, pero todos envidiamos al canalla porque era el novio de Edna.

Cuando me enteré de…este homicidio. El del detective, simplemente me asombré. ¡Era la primera vez que hacían algo fuera de su modus operandi! Así que, o el detective sabía algo o lo iba a saber. Por eso decidí, la noche pasada, ir a su casa. Entrar por la ventana y confirmar mis sospechas.

Claro, encontré más. Mucho más. En letras grandes, en la pared, decía Hazlo. Claro, los detectives no saben nada. Nada de nada. Yo sí lo entendí. Era un mensaje. Uno para mí. Debía terminar lo que comenzó hace casi tres décadas.

Cuando nos conocimos no tendríamos más de siete años. Cuando Edna desapareció, estaba entrando en la adolescencia. Cuando volvió, ya había terminado mis estudios de periodismo. Casi a los 14, Edna y Ashton eran novios. Ashton era inteligente, bastante energético pero algo callado. Edna era hermosa. Dios, era hermosa. Yo era el tercero. Sólo me notaban cuando alguien me señalaba, y eso no pasaba seguido. Pero ellos, ellos dos me trataban como si fuera su hermano. Y cuando me dijeron que iban a hacer esta…cosa…cuando me dijeron que traiga un espejo, uno viejo, y cuando me dijeron que apague las luces…no lo entendí. Decían algo de cruzar los páramos que separan lo real de lo olvidado. Era una completa locura.

Todo fue tan…insano. Ashton le juró a Edna servirle para toda la vida. Que haría cada cosa que ordenara. Que la amaba, aquí, en la muerte y en la otra vida. Y yo fui testigo de ese amor. Me hicieron jurar que no contaría a nadie sobre esto.

Y Edna…Edna simplemente… ¡Se esfumó! ¡Se fue! Ashton dijo que no debíamos decir nada. Y así comenzó todo. La gente dice que empezó hace cuatro meses, pero esto viene desde hace tiempo. Le sirven a algo, a algo que solamente puedo rezar porque no exista. Los detectives no ven el patrón oculto, pero yo sí lo veo. Veo que los están matando no por gusto, sino porque alguien se los ordena. Todos esos jóvenes…estaban destinados a ser felices. ¡Familias felices en América! ¿Existen todavía? Edna simplemente obedece a esta cosa…y Ashton las mata. Las mata porque ama a Edna.

Claro, cuando ella volvió las cosas no mejoraron. Se paró frente a mí, en secreto, y me dijo que esto sería eterno. Sería eterno el amor que ambos se tenían. Y que un sucio detective, un sucio mortal –sí, usó esa palabra.- se había metido en su camino. Yo había olvidado todo lo sucedido hace casi una década. Me dijo que…que me…que me uniera a ellos. Que fuera un…eterno, o algo así. Me dijo que un errante los estaba siguiendo, que no debían intervenir en asuntos humanos. Dios, todo era tan extraño. Y, finalmente, me entregó un cuchillo. Un puñal.

Supe, entonces, que tenía que hacer. Que debía hacer.



Claro que el joven Robert Bushner supo que hacer. Se lo encontró sobre su balcón, muerto, con un puñal en su pecho. Un puñal que yo conocía por los textos que leo, y porque Lothar me lo describió una vez. Era imposible que esté aquí, en la Tierra. Era imposible. Era completamente imposible.

Por eso decidí investigar esto. Porque sabía que la cosa era fea. El Errante simplemente estaba aquí por el puñal, pero Edna y Ashton seguiría matando gente con o sin puñal. Eran Eternos. Eran inmortales. Entonces alguien debía detenerlos. De nuevo, el caso cayó sobre mí.

Y no fue fácil. No, claro que no. Estaban bajo el control de alguien del Más Allá. No me refiero a más allá de la vida y de la muerte. Si no de Más Allá de lo que existe y lo que no. Y estaban matando por esa cosa. Debía romper el vínculo, y solamente así podría terminar con todo esto.

No podía hacerlo yo. Necesitaba ayuda. Pero la ayuda no vendría a mí.

Y fue así como di con Ashton. Sí, el mismo asesino. Ashton…Gotier, creo. Es extranjero. Lo encontré. No pregunten como, ni porque, pero fue en un cementerio y fue en una de esas noches donde sabes que algo malo pasará. Lo encontré. Muerto. Desde hace veinte años.

Lo interesante, en realidad, fue la nota que encontré. Una nota. Una nota de suicidio. Eso dejó el caso más que claro.


Nadie muere porque quiere. Siempre hay algo, o alguien que nos lleva a la muerte. Siempre hay algo por lo que morir, pero jamás se muere porque uno quiere.

Morí por Edna. Sí, lo hice. Cuando ella se fue, cuando desapareció, simplemente no vi motivos para continuar. Fue un doble suicido, en realidad. Ambos morimos, pero sólo más tarde comprendimos que la muerte es sólo una fase para llegar a la eternidad, donde nuestro amor sería eterno.

¿Recuerdas cuando me cantabas? Ya no escucho tu voz. Y tampoco siento tu cuerpo abrazado con el mío, envueltos en sudor. No. Ahora sólo siento la frialdad de la muerte. Y todo, todo absolutamente, se envuelve en esa cosa…esa cosa que me ordena que mate. Que asesine. Que lo haga por ti. ¿Qué nos ha pasado, Edna? ¿En qué me convertiste?

Soy un esclavo de mi amor.

Ashton Gontier.


Día más tardes, fueron encontrados los cadáveres de Ashton y Edna Rafkan, las últimas víctimas de La Pareja.

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