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La vieja casona exhala un sutil pero penetrante aroma de maldad… de vieja maldad. Siento como si tuviera vida propia y me desafiara a entrar en su interior donde la oscuridad reina... Implacable y absoluta señora, escondiendo desconocidos horrores dispuestos a apoderarse de mí. El cielo está oscuro y encapotado, como si la misma luna; aterrada; hubiera ido a esconderse de las sombras que acechan tras la puerta que chirría y gime lastimera al vaivén de una brisa helada y burlona.

Me encuentro en las escalinatas de la entrada, ningún ruido humano se percibe desde ella, ni desde el espeso bosque cercano. El miedo me domina por completo y tiemblo sin poderlo evitar, estoy a punto de salir corriendo…pero resisto con todas las fuerzas que soy capaz de reunir. Enciendo la linterna y doy un paso al frente. La brisa aumenta con furia y la puerta se abre con un estruendo... Me invita a adentrarme en ella y sumergirme en la aterradora oscuridad. Doy otro paso... Y un relámpago ruge iluminando por un segundo el interior. En tan fugaz espacio de tiempo me parece distinguir una figura de pie frente a una chimenea  en una lejana pared. La linterna es incapaz de mantener un haz de luz directo... Tiemblo demasiado.

Nunca antes, como en este momento, me he sentido tan arrepentido de mi ateísmo, trato de recitar los pocos fragmentos que recuerdo de oraciones que de niño me habían enseñado. Me obligo a no perder más tiempo, y encomendándome al cielo, me adentro en la vieja casona. Distingo habitaciones sin puertas sumidas en total oscuridad hacia mi izquierda, camino frente a ellas sin atreverme siquiera a mirar dentro. He pasado la tercera y ahora escucho la risa de un bebé detrás de mí. Me doy la vuelta rápidamente... Nada. No pude haberlo imaginado, fue demasiado nítida y real. Sigo caminando y llego ante la chimenea. Esta cubierta de viejas cenizas que parecieran resistir de alguna extraña manera el paso del viento y la brisa. Me siento observado y asfixiado en la pesadez del ambiente que me rodea. Un estruendo fuerte me sobresalta haciendo que mi corazón casi estalle…la pared interna de la chimenea ha caído por sí sola levantando una nube de polvo. Dirijo la luz de la linterna hacia la abertura y me revela unas escaleras que descienden perdiéndose en la oscuridad…¡entonces lo escucho…el grito de mi hermanita llamándome desde la profundidad.

No puedo dar marcha atrás. Ya no la hay, tengo que bajar. Nadie me creyó cuando dije lo que vi. Que la bebé se elevó en el aire desde su cuna y flotó hasta caer en brazos de una silueta obscura de mujer que flotaba desde la ventana, tomó en sus brazos a mi hermanita y se dirigió hasta acá. Era ella. Era la bruja. Escucho una canción de cuna y una cruel risotada a continuación. Es el momento... Me falta el aire y siento que algo me oprime el pecho; sudo frío, lloro... No importa. Un olor a podredumbre y muerte emana del agujero de las escaleras. Tengo demasiado miedo. Muchísimo. Más de él que jamás creí que podía llegar a sentir. Aterrorizado como estoy camino lentamente, me detengo y vuelvo la cabeza, De pronto tengo la certeza de que no volveré a salir vivo de esta negrura sin fondo. Me seco las lágrimas, reúno las pocas fuerzas que me quedan... Y aceptando mi irremediable destino…empiezo a descender hacia las tinieblas.

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