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La montaña de Muntjuic es una de la zonas turísticas más importantes de Barcelona, sobretodo tras los juegos olímpicos del 92, albergando gran cantidad de instalaciones deportivas, recreo y culturares que son visitadas por millones de personas cada año. Yo soy una de las personas que tiende a visitar ese lugar regularmente aunque, a diferencia de todos esos turistas, no he visitado todos esos puntos de interés cultural o de recreo ni sigo sus restringidos horarios.

Me gustaba pasear por las zonas menos concurridas y calles secundarias que comunican las diversas zonas bajo el oscuro manto de la noche para pensar, reflexionar y, a veces, curiosear. Para mi tenia algo catártico perderme en medio de sus edificaciones de arquitectura clasicista y la espesa pero cuidada vegetación en medio de la noche. No sabría definir exactamente por que, pero tiene que ver con el misterioso y lo diferente que es el ambiente de los caminos vacíos y la serenidad que se apodera de un lugar que normalmente es un ir y venir de extranjeros, grupos de estudio, y vendedores ambulantes.

Pero, como decía, me gustaba...

Era una de esas noches, el 16 de febrero. Había pasado gran parte de las primeras horas de la noche en el Hell Awaits, un pequeño local de rock y cerveza de exportación cercano a la Avenida del Paralelo, al norte de la montaña. Me había citado allí con una chica con la que llevaba tiempo saliendo y que, a través del móvil, me comunico que, aquel mismo día y sin aviso previo, había decidido que lo nuestro no tenia futuro y que no se presentaría a nuestra cita.

Las cosas nunca habían ido perfectas entre nosotros, pero aquel plantón parecía excesivo y sospechaba que había sido obra y gracia de la entrometida de su amiga, una de esas chicas que, a falta de vida propia, se metía en la de los demás y a la que yo no le caía en gracia. Mis intentos de llamarla o conseguir respuestas más precisas del por que de aquel plantón no fueron fructíferas y solo sirvieron para aumentar mi frustración. Tras un rato maldiciendo mentalmente, tanto a ella como a mi mismo, me levante de mi taburete y salí del local para esconderme nuevamente en las calles abandonadas de Muntjuic.

Tarde apenas unos diez minutos en cruzar las diferentes calles a paso ligero, ignorando si podía semáforos y pasos de peatones, hasta que sentí como la luz artificial de los edificios se debilitaba y la oscuridad, apenas rota por un par de postes, me envolvía y los ruidos urbanos se habían atenuado lo suficiente para solo oír mis propios pasos, los cuales se volvieron más lentos para disfrutar de lo que consideraba mi santuario. Remonte la montaña hasta un mirador apartado desde donde se podía ver la ciudad iluminada y parte de los serpenteantes caminos que subían la montaña, y me apoye sobre la barandilla de piedra a reflexionar sobre lo que había pasado.

Tras varios minutos con la tranquilidad de la montaña, en los que ya había comenzado a reconcilieandome conmigo mismo con las típicas ideas de que “mañana sera otro día...” y que “hay más peces en el mundo...”, algo irrumpió en el, desde varios minutos, estático paisaje nocturno del parque. Había entrado en escena una muchacha…

Iluminada por uno de los postes del parque, subía unas escaleras de piedra con seguridad mientras yo la miraba desde lo alto del mirador a unos cuantos metros de distancia. Era una chica joven de unos 20 y tantos años. Su pelo era de color moreno, rizado que le llegaba hasta los hombros, y su piel era pálida. Vestía con una cazadora de cuero negro, un top rojo oscuro, pantalones tejanos ajustados y botas de tacón medio de color negro. Tras centrar más mi atención en ella pude darme cuenta que era una autentica belleza. Las facciones de su rostro eran proporcionadas y de contornos muy femeninos y atractivos. Sus labios se veían carnosos y de un color carmesí brillante, resaltado por la palidez de su piel, que hacían juego con el revelador top, con un escote llamativo y abierto que parecía haber sido específicamente diseñado para resaltar su busto. Era lo que uno podría llamar una autentica “Belladonna”.

No estaba seguro de cuanto tiempo había pasado observándola, cuando de repente ella se dio cuenta de mi existencia y devolvió mi mirada, pudiendo ver la belleza de sus ojos, grandes y de color oscuro, con largas pestañas, con una mirada que parecía absorberme y reclamarme. Sus labios se torcieron levemente con una sonrisa picara y segura, como si leyera mi mente y viera las pasiones que me había levantando con su figura y, no solo le gustaran, si no que también gozaba de ellas…

Tarde un tiempo en reaccionar y desvié mi rostro para cortar la linea de visión con ella y recuperar el aliento. Por un momento todo lo que me había pasado en aquella noche era insignificante ante la visión de aquella muchacha y mi corazón galopaba ansioso mientras mi sangre ardía. Mi mente intento ordenar mis ideas para recuperar la compostura, rebajar los instintos más básicos y volver a ser un hombre coherente, todo ello sin mucho éxito. Mi mente estaba dominada por deseos y varias preguntas: ¿Quien era ella? ¿Como se llamaba? ¿Estaba soltera? ¿Querría tomar algo conmigo? ¿Querría algo “más” conmigo...?

Ansioso de respuestas a todas aquellas dudas, alce la mirada para encarar nuevamente su belleza, solo para darme cuenta que ella ya no se encontraba allí.

Mire a derecha e izquierda, a los diferentes caminos que podía ver desde mi posición, pero parecía haber desaparecido. ¿Había sido un ilusión? Me moví a las escaleras cercanas a mi, esperando que ella hubiera tomado la iniciativa y subido para encontrarse conmigo, pero no fue así. Baje las escaleras y recorrí el sendero hasta ponerme bajo los mismos postes que la iluminaron hacia solo unos minutos y comenzá a buscar.

¿Que buscaba? No lo sabia, un indicio, una pista, algo que me no solo me asegurara que existía, si no que me indicara donde había ido. Tarde un poco en darme cuenta que lo que estaba haciendo era absurdo e ilógico, tanto si era real como no. “¿Que demonios estas haciendo? Te estas comportando como un depravado...” Dije en voz alta para mi mismo como si hubiera recuperado paulatinamente el raciocinio y comencé a deshacer el camino para buscar mi coche decidido a volver a casa.

Si bien estaba más calmado, en mi mente estaba intranquila mientras paseaba descendiendo por las oscuras calles de Muntjuic. Era extraño, por primera vez en mucho tiempo me sentía fuera de lugar y rechazado por lo que había sido durante mucho tiempo “mi santuario”. Si bien mis pasos avanzaban siguiendo las pendientes del camino, no sentí jamas llegar a destino, mientras mi mente solo pensaba en esos ojos, en esos labios… La belleza de aquella mujer se había grabado en la mente a fuego y, si bien ya me había sosegado, una parte de mi se sentía deseoso de culminar con los anhelos que aquel ángel nocturno había despertado.

Una risa melosa llamo mi atención y me detuvo. Era una risa divertida y juguetona, una risa que , aunque jamas había oído, mi mente parecía identificar y reavivo mis esperanzas. Seguí la traviesa risa tras una esquina a la que me asome ligeramente y allí estaba ella. ¡Existía y era real! Pero… no estaba sola…

Ella, tan bella como la había visto, estaba apoyada de espaldas a una barandilla en unas escaleras, mientras encima suyo estaba un hombre. Si bien en mi posición no era capaz de ver correctamente a aquel hombre, parecía un muchacho mayor de 25, quizás 30, pelo moreno corto, cazadora de motorista, pantalones tejanos y zapatillas, el típico “malote de discoteca”. Estaba sobre la muchacha besando el cuello y el busto de ella forma babosa, con sus manos apoyadas en la cintura de ella, mientras ella se reclinaba entre risas disfrutando de las atenciones recibidas. Aquella imagen hizo que mi sangre ardiera, pero esta vez de rabia y asco ante la idea de que otro la tocara, por muy consciente de que yo ni siquiera la conocía.

De repente la muchacha detuvo al hombre posando una de sus manos sobre el pecho de el y le dijo con una voz tentadora “No, aquí no… sígueme...” y tiro de las manos de aquel muchacho para que le siguiera desapareciendo tras otra esquina.

En aquel momento mi yo más coherente pensaba “Ya esta, no hay más que hacer...”. Pero otra parte de mi se decía así mismo que ese era un lugar peligroso, que no era seguro dejar a aquella muchacha en manos de un desconocido. ¡Quien sabe si era un psicópata o un loco!¡Quizás necesitaría mi ayuda! Me doy cuenta de que no importaba lo absurdo que fuera el pretexto o ilógica que fuera la idea, cualquiera escusa era buena para continuar siguiéndola, como si hubiera perdido todo contacto con la razon.

Manteniendo una distancia prudencial los fui siguiendo. No era difícil gracias a las risas y las promesas de una noche de grandes gestas que iban soltando cada poco. Claramente el muchacho iba con unas copas de más, algo que reafirmaba mis ideas de que el era peligroso, que era malo para ella y que yo tenia que protegerla. Pero esos pensamientos no empañaron una extraña sensación que comencé a notar durante el tiempo que les seguía: Inseguridad.

Montjuic podía llegar a ser intrincada colección de calles que daban vueltas sobre si mismas, pero siempre llegaban a algún lugar clave, una fuente, un monumento, una estación de teleférico, un centro deportivo, museo… algo. Pero, llevábamos mucho tiempo recorriendo las calles interiores sin llegar a ningún lugar claro. Demasiado tiempo. Estábamos recorriendo calles sin señalización alguna que las identificara, ni tampoco veía puntos de referencia que reconociera, sobretodo por que todo por que la iluminación urbana había desaparecido. Así mismo, a medida que avanzábamos la vegetación del lugar parecía alzarse de forma más salvaje, como si hiciera tiempo que nadie cuidara de aquella zona, limitando nuestros pasos a seguir el camino.

Pero a aquellos que seguía no parecía importarles, el porque estaba demasiado deseoso de acostarse con ella y ella no parecía perder su atractiva actitud juguetona pero, extraño en una mujer en estas circunstancias, segura. En condiciones normales yo hubiera tirado atrás, pero aquella parte sensata de mi estaba anulada por la obsesión por aquella mujer y alentado por mis propias escusas.

Tras unos minutos de caminata, aquellos muchachos llegaron a lo que parecía uno de los muchos planos que albergaban plazas o monumentos en Muntjuic, aunque carente de monumentos, bancos o cualquier otro mobiliario urbano típico en un parque o plaza, demasiado “desnudo” para ser un lugar urbano. Solo arboles distribuidos de manera disforme por medio del plano, vegetación salvaje, alta y oscura que parecía cerrar todo acceso a aquella zona menos por el camino que avanzamos y una gran roca al fondo que parecía dar importancia al lugar con su presencia. Yo me escondí unos pasos más atrás de la entrada a aquel plano,cubierto por unos arbustos, mirando desde la distancia.

La muchacha, sin perder su sonrisa carmesí, apoyo la espalda a la enorme roca, tirando sus hombros levemente para atrás y dejando caer levemente su chaqueta de cuero, enseñando su escultural figura, y separando levemente sus muslos, ofreciéndose a aquel muchacho moreno que, sin necesidad de palabras, entendió que debía lanzarse a por ella y así lo hizo. Me asquee al ver como este hombre comenzaba a manosear su bello cuerpo y posar su sucia boca sobre su inmaculada piel para besarla, como si un ser tan angelical mereciera algo más (algo como yo…) y no a aquel borracho.

Las manos de el resiguieron el cuerpo de ella mientras besaba su cuello, mientras ella sonreía extasiada. Seguí la mano derecha para ver como tiraba del top de ella, levantándolo levemente, y serpenteaba para alcanzar el pecho izquierdo de la muchacha. Nunca me había considerado alguien capaz de sentir ningún tipo de ansia o emoción al ver a otros enzarzados en tal situación, pero que ella estuviera apunto de desnudar uno de sus pechos, aunque fuera en brazos de otro, me parecía completamente excitante y contemple como la mano se movía bajo el top, esperando ansioso que se descubriera.

¡Un crujir de huesos se escucho bajo aquel top y el muchacho lanzo un alarido de dolor que borro el semblante placentero de su cara!

Mire extrañado mientra aquel chico moreno se retorcía de dolor y empezaba a tirar de su mano como para alejarse de ella, mientras la muchacha no borraba su sonrisa. Tras un par de tirones, el ultimo desnudo el busto izquierdo y donde debía haber un pecho había una horrible y arrugada boca, de dientes deformes que aplastaban y atrapaban la mano del muchacho, claramente sangrando. Mis ojos se abrieron horrorizados sin que mi mente pudiera aun procesar los sucesos de los que era testigo.

Mientras el muchacho moreno luchaba por liberarse, podía oír el sonido de los huesos de la muchacha desencajándose y recolocandose. Aquella figura femenina que había sido perfecta, alargo de forma antinatural sus desencajadas extremidades entre horribles crujidos. Las piernas y brazos se extendieron en secciones antinaturales, más propias de un insecto que de un humano, cada una de ellas terminadas en un afilado punzón de hueso que desgarraba su propia carne. El muchacho siguió tirando por el pánico solo para descubrir como aquellas bocas la punta de tentáculos que surgían del aparente torso de la muchacha. El tentáculo derecho se descubrió rompiendo el top y clavando sus mellados y pútridos dientes en el antebrazo izquierdo del muchacho, que volvió a gritar lanzando alaridos de auxilio. Yo estaba paralizado por el horror y no encontré el valor para salir de mi escondite para ayudarle, aunque dudo que jamas hubiera podido hacer nada más de lo que hice.

El cuello de ella comenzó a alargarse y desencajarse mientras su cabeza, formando aquella figura antinatural, seguía manteniendo su sonrisa picara y juguetona, aunque ya no era atractiva, sino sádica y siniestra. Como un gato que juega con un ratón moribundo. Una de las extremidades se alzo y cayo con todo su peso sobre el hombro derecho del muchacho, atravesando carne y hueso con ello, al mismo tiempo que tiraba al suelo a su victima, que sangraba abundantemente y gritaba por el horror y el dolor.

Con su victima inmovilizada, la cabeza de la muchacha, que coronaba la extremidad que alguna vez fue un delicado cuello, desencajo su mandíbula, abriéndose ampliamente con grandes dientes y se inclino observando al sangrante muchacho. Con una voz producida por una garganta antinatural, dijo : “¿Tu primera vez...? Tranquilo… yogurin...”. Su mandíbula se abrió desencajándose más hasta mostrar deformes pero afilados dientes, y se abalanzo sobre el cuello del muchacho, clavándose con tal fuerza que la sangre volvió a saltar salpicándolo todo.

Hubo un ultimo intento por parte del joven de gritar, pero aquella deforme cabeza hizo un movimiento seco que desgarro la carne y torció su cuello, asesinandolo en el acto. Una vez el muchacho fue silenciado, la criatura comenzó a devorar su presa poco a poco con sus diferentes bocas, retorciendo sus extremidades entre horribles crujidos y arrancando sus apéndices poco a poco ante la inamovible roca, manchada con la sangre de aquel desgraciado y que parecía ser un testigo mudo del horror.

La sensatez de la que no había hecho gala el resto de la noche volvió a mi y empece a retroceder dandome cuenta que me habia metido en un horrible situación, aguantando el vomito que se alojaba en mi garganta por la cruda escena de la que era testigo. Cuando tiraba hacia atrás golpee una piedra de forma sonora, y esto detuvo a la bestia alimentándose. Su cuerpo de alzo sobre las cuatro extremidades, como si fuera un animal de gran tamaño, y su cabeza giro de forma antinatural 180º, mirándome con ojos completamente negros.

Corrí. Di media vuelta rápidamente y corrí.

Comencé a deshacer el camino que habíamos hecho a tan rápido como me permitían las piernas. Tras de mi sentía la bestia clavando con fuerza sus puntiagudas extremidades, dando fuertes galopes para atraparme. Recorria el camino buscando una salida que me llevara a un espacio abierto, pero jamas parecía haber uno. Todos los caminos parecían iguales y que daban vueltas los unos sobre los otros, como si los caminos hubieran formado un intrincado laberinto solo para evitar mi escapada. Si seguía así, me cansaría antes de poder llegar a algún lado y ella me atraparía con sus largas extremidades… largas…

La palabra largas golpeo mi mente como una revelación y mire a mi alrededor de los arboles y vegetación que entrecerraban el paso. Sin pensármelo mucho, salte fuera del camino y me adentre en la espesa vegetación. Fue difícil pero rápidamente avance entre los arboles sin importar las ramas que golpearan mi cara o las zarzas que trataran de clavarse en mis piernas. Continué corriendo sin mirar atrás, percatándome que mi perseguidor perdía velocidad con tanto arbusto y árbol impidiéndole realizar largas zancadas y obstaculizando el movimiento de sus largas extremidades. Pero no por ello se rindió, más bien le enfureció y podía oír como seguía avanzando hacia mi, rompiendo aquello que se ponía entre ella y yo.

Si ahora me pillaba, ya no solo me devoraría. Me haría sufrir…

No pare, corrí y corrí solo concentrado en escapar de aquella criatura. La escuchaba lanzar gritos antinaturales de furia y frustración tras de mi y parecía que aquel horror jamas tenia fin. Desesperado, salte un arbusto y de repente note como el suelo desaparecía bajo mis pies. La gravedad me reclamo y empece a caer hacia delante por la inercia. A los pocos segundos note el impacto de mi hombro izquierdo contra el suelo y un doloroso crujido de algo en mi interior rompiéndose.

El dolor era brutal y casi me paralizo, pero el miedo me impulsaba a coger mi brazo izquierdo y volver a levantarme, cosa de la que me sentí incapaz. Si me paraba me atraparía... Escuchaba pasos acercándose a mi rápidamente... Entre cerré los ojos y por pura desesperación y horror arrastre mis piernas por el suelo buscando continuar huyendo, mientras escuchaba los pasos cada vez más y más cerca.

De repente escuche una voz: “¿¡Muchacho, estas bien!?”

Abrí los ojos y vi a un hombre de edad madura con uniforme de mantenimiento del parque….

Al parecer había saltado desde lo alto de una jardinera alzada del parque de Montjuic y caído en medio de una de sus calles, justo en el momento que un equipo de mantenimiento pasaba por el lugar, los cuales llamaron a la ambulancia y a la policía. Curiosamente, estaba amaneciendo y parecía que había pasado la noche en el parque.

Todos me trataron de forma sospechosa, ya que de la dirección de la que yo venia decían que solo habían pequeñas fincas. Conté que había sido testigo de un asesinato, intentando obviar cualquier mención de la criatura (He visto demasiadas películas de terror para saber donde acaba eso sin las pruebas necesarias...), la policía trato de llevarme al lugar, pero claramente el camino no era como recordaba, pues los lleve a varias zonas sin salida del parque. Intente describirles el lugar, pero no parecía existir un lugar de las características que les daba. Pronto me hicieron pruebas de alcoholemia y drogas que, lógicamente, dieron negativo. Di una descripción de la victima, el muchacho, pero fue tan genérica que podría haber sido cualquiera.

Ha pasado ya mucho tiempo de todo aquello. Nunca más fui a rondar de noche las partes más aisladas de Montjuic por miedo a encontrarme con esa… “Belladonna” … nuevamente. Ahora ya no veo esos lugares como mi santuario, si no como su terreno de caza, donde seduce a hombres y se los lleva para devorarlos durante ese éxtasis, y yo estuve a un pelo de ser una de sus victimas. O… puede que lo siga siendo.

No puedo cerrar los ojos por las noches por que la figura que veo es la de “ella”. Su imagen me obsesiona y me llama en sueños. Me promete que estaremos juntos, seremos felices, que sera miá y solo miá… Se lo que es, se que es mentira, pero esta… atracción… irracional... que lanzo sobre mi ese día es algo más... He intentado alejarme tanto como he podido, pero necesito verla…

Dejo este testimonio de esta vivencia para avisar a otros. Si ven a ese ángel nocturno, no lo miren, no dejéis que sus ojos os alcancen. No dejéis que sus carnosos labios os seduzcan. Aunque logréis escapar de su trampa inicial, de nada servirá, su veneno estará en vosotros ya, un veneno de fantasías y lujuria que es impedirá vivir y os obligara a volver a sus fauces…

Ahora, disculpadme... Tengo una cita.