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Jenny Gonzáles era una muchacha de 14 años que vivía con su hermano de 18 en una comunidad cerca del bosque y bien podrían decir que es una chica normal pero eso no es así.

Cuando tenía 10, sus padres habían muerto atropellados por un tren mientras manejaba y desde que ellos habían muerto su vida no había sido fácil, en la escuela le molestaban argumentando que ella había empujado a sus padres a las vías del tren y que era una asesina, lo que sólo la deprimía e hiciera que se aislara por horas en su habitación.

Además, a los 13 años fue diagnosticada con trastorno bipolar tipo 1, por lo que en la escuela los niños y en especial las chicas, la rechazaban y le apodaban Bipolar Jenny, siempre riendo a carcajadas.

Bien Jenny podría haber sido una especie de loba solitaria sino fuera por un chico, que era el favorito de los maestros, se había enamorado de ella.

A Jenny no le agradaba y no solo era por su apariencia, tenía frenos, lentes de botella, cabello pelirrojo, dientes chuecos y ojos verdes sino era que la acosaba todo el tiempo e insistía en querer estar con ella, lo que ella no quería, al parecer el ignoraba que era bipolar.

Un día nublado, ella estaba sentada en un rincón oscuro cuando de repente sintió que alguien le jalaba la mano y la llevaba al centro de la cancha: era ese chico molesto.

-Hola Jenny- dijo el tipo acomodándose sus lentes y tocaba la coleta de cabello castaño oscuro de Jenny- Tu cabello huele a vainilla.

-¿Qué quieres?- dijo la chica de piel morena con rudeza.

-Quiero aprovechar este momento para decirte mis sentimientos, de que me gustas mucho y algo que me lo he estado guardando desde hace mucho, ¿Quieres ser mi novia?- dijo el muchacho agarrando la mano de Jenny.

Jenny miró con desagrado al tipo de lentes, no le gustaba y no era cobarde como para decirle que sí.

-No- dijo con una mirada fría.

-Pero yo te amo- dijo agarrándole la muñeca fuertemente, lo que hacía enfurecer cada vez más.

-¡Te dije que no!- dijo con furia mientras que su puño se levantaba y golpeaba en el rostro de este.

Con una fuerza sorprendente, lo tiró y al estar encima de él, lo empezó a golpear brutalmente y dirigirle miradas asesinas, primero le rompió los lentes y empezó a golpear su mandíbula hasta que que vio salir sangre de esta, luego golpeó su estomago y de ahí se paro y pateó con todas sus fuerzas sus piernas hasta escuchar un crujido seguido de un grito de dolor insoportable.

No paraba de golpearlo y sin razón aparente, sentía unas ganas horribles de querer asesinarlo. Los alumnos no paraban de gritar de la emoción apoyando la pelea y por primera vez, elogiaban a Jenny.

Los maestros llegaron y agarraban a Jenny por la cintura, lo que esta respondía a fuertes patadas y gritos de odio.

Ella esperaba en la oficina del director por su hermano, se sentía muy mal por lo sucedido y deseaba morir. Llegó su hermano y en vez de regañarla por lo sucedido, la abrazó preguntándole si estaba bien como si ella fuera la victima y sin previo aviso, se fueron.

Al llegar a su casa, le dio hotcakes con tocino y maple de arce, la comida favorita de ella, mientras ella miraba sin emoción al suelo.

-¿Qué tienes hermanita?- dijo su hermano mientras comía plácidamente.

-Nada, no tengo nada Jason- dijo sin expresión alguna.

-¿Tienes episodios depresivos?- dijo Jason mirándola con sus ojos verdes.

-Sí, no tengo hambre- dijo Jenny dejando a Jason en la mesa solo.

Llegó a su habitación, que era sencilla y con posters de bandas de rock como Evanescence, Three Days Grace y Skillet y posters de series favoritas de ella.

Se sentó en su cama y empezó a llorar como si salieran cascadas de sus ojos, de repente se sintió atraída a un punto en la ventana y decidió salir por esta a ver que era y acabó en el bosque.

Siguió caminando en el bosque hasta que vio algo que le llamó la atención: había un hacha vieja que bien podría despertar la sensación de cacería a todos, incluso a ella. Decidió llevarse el hacha vieja por si la ocupaba y entró a su casa, sonriendo de manera psicótica.

Jenny despertó y vio que en sus brazos tenía multiples cortadas, era imposible, ella jamás se cortaría ni aunque tuviera la depresión más grande que habría tenido un paciente bipolar, así que se puso su chaqueta negra favorita y bajo a la cocina.

-Hola dormilona ¿tuviste agradables sueños?- dijo Jason mientras tomaba café.

-Sí- dijo Jenny dándole la mínima importancia mientras se servía café con canela y piloncillo y subía a su cuarto.

Habían pasado los días y Jenny no se sentía mejor, empezaba a perder la cordura y se aislaba más y más.

Si cambiaba a sus episodios maníacos, sentía que quería matar a alguien pero si cambiaba a su episodios depresivos, tenía pensamientos suicidas y una gran falta de confianza en si misma y además empezaba a sentirse muy vigilada como cuando dormía o iba a caminar un rato al bosque a tranquilizarse mientras portaba el hacha.

Un día lluvioso, se encontraba en su cuarto agarrando y moviendo el hacha que se había encontrado en bosque mientras se vendaba sus cortadas para que nadie las vea cuando de repente entra su hermano con una bandeja con tazas de té.

-Hola hermanita- dijo Jason mientras entraba al cuarto y se sentaba a lado de Jenny.

-Hola- dijo mientras seguía mirando el suelo.

-No me gusta verte así, ¿hay algo que pueda hacer por ti?- dijo el de cabello castaño oscuro y piel clara mientras tomaba un sorbo de su té.

-No pero quiero hacerte una pregunta- dijo Jenny dándole un ligero sorbo a su té.

-Dime lo que quieras- dijo su hermano con su ya acostumbrada sonrisa.

-¿Crees que soy una psicópata?- dijo Jenny mirando a su hermano con inocencia.

-Claro que no, eres una buena persona que solo ha sufrido cosas malas- dijo el mientras abrazaba a su hermana menor.

Bruscamente se apartó de su hermano, se paró y lo miró de forma fría y con la mano en el hacha dijo:

-Mientes- dijo mirándolo ahora con más frialdad.

-¿Por qué mentiría hermanita?- dijo Jason acorralándose a sí mismo en la pared.

-Me has tenido encerrada aquí, sin saber nada del exterior y me he tenido que escapar de la casa para sentir aire y saber que sigo viva, así que... ¡Mientes!- dijo acercándose más a su hermano.

- Si lo hacia era para protegerte- dijo Jason mirando a Jenny con algo de miedo.

-¡Mentiroso! En tu mirada se nota que me tienes miedo- dijo ella acercándose con un el hacha que tenía- y me canse de vivir así.

-¿A que te refieres?- dijo Jason temblando de miedo.

-A que pagaras- dijo levantando su hacha y dirigiendo este a su hermano.

-¡Hermanita espera!- él no pudo terminar su frase.

El cuerpo de Jason estaba degollado y la sangre estaba salpicada por todos lados, de repente al ver el cuerpo de su hermano ahora muerto, cambió de persona fría a una depresiva.

-¡Hermanito!- dijo Jenny aventando el hacha en algún espacio de la habitación y tratando de unir la cabeza de su hermano con el cuerpo de este.

Era demasiado tarde. Jenny empezó a llorar como nunca lo había hecho y tomó una máscara que las chicas que la molestaban le habían hecho en muestra de burla, era de un lado color blanco y tenía una media sonrisa alegre y colmilluda y un corazón en la mejilla pero del otro lado era gris y la media sonrisa colmilluda era ahora triste y en vez de un corazón, había una lagrima. Esa máscara realmente la representaba.

Se puso la máscara y se vistió con su chaqueta negra, blusa gris sin mangas, falda roja y medias negras. Llegó al baño y con su hacha, se cortó en una parte del brazo y esa cortada acompañaba a las otras como un patrón de dolor.

Dos días después, ella había muerto supuesta mente en un suicido pero no era así, ella sabía que la sociedad la creria muerta aunque siempre había sido así.

Después del supuesto suicido, se encontraron los cuerpos de Karen Liongate y Piper Wong degollados en la casa de la familia Wong, en el cuarto de la estudiante Piper tenía un mensaje escrito con sangre:

-Two faces, different sides.

La sociedad puede corromper hasta a los más fuertes y eso lo ha mostrado Jenny.