El misterio del libro de las pesadillas y los textos prohibidos, protegidos por demonios ancestrales. Como un entendido en estos temas harto ocultos y siniestros, sé que para contrarrestar los efectos de una maldición desencadenada por tocar objetos infernales es preciso armarse de valor y abandonarse al azar. 

Ahora que el tiempo todavía me es favorable-porque tiemblan las enmohecidas paredes y algo susurra en las calles, un aleteo al otro lado de la ventana, unas palabras de fuego-, les hablaré de lo que me aconteció hace una semana.

En aquella olvidada casa, de que se decía estaba maldita, encontré un antiguo baúl, sellado fuertemente. ¿Que por qué me encontraba en un sitio como ese? Me dedico a desentrañar los enigmas derivados de rituales oscuros; ese es mi trabajo. Alerta y suspenso, a mis oídos llegó la noticia de la casa encantada y la historia de su tétrico pasado, por lo que me decidí a inspeccionar. No es la primera vez que lo hago y tampoco soy un ignorante: conozco muy bien los peligros a que me someto. He de confesar que jamás he dejado de sentir a la muerte tras mis pasos.

Tomé el libro y me senté en el suelo. "El libro de los sueños, por Isaac", decía la cubierta. En las páginas suaves y lisas desfilaban cientos de signos extraños, y de vez en cuando brillaba sobre el papel la imagen de una criatura horrenda.

Había una sobre todo que destacaba por lo horripilante de sus gestos y lo monstruoso de las llamas que ardían en su cuerpo rojo. Un viento seco sopló, despertándome del ensimismamiento en que había sido cautivo. Sucede que era tan repugnante, tan asqueroso y vil... Luego hui de ese lugar, lanzando el libro lo más lejos que podía en mis fuerzas... ¿Por qué una acción tan demente por ser precipitada? Juro que oí un tétrico aleteo, descarnado y fétido, proveniente del libro. El demonio se movía y con su dedo me señalaba a un lugar fijo en el espacio. Quedé mudo cuando unas palabras resonantes, engendradas en otro mundo, hirieron mis oídos con su melopea maldita: "Eres mío."

El libro tembló en mis manos e, ignoro por qué razón, creí con horror que aquello se arrancaría de las páginas, dotado de movimiento.

Hui como un loco, lanzando gritos en mitad de la noche. Pero ese libro me ha condenado. Cánticos de ahorcados flotan en el aire de esta noche. Me arrastrarán a sus fosos innominados porque sé demasiado, leí y comprendí demasiado. ¿Quién fue Isaac? Deduzco, en esta desesperación sumido, que quizá él ansió conocimiento profano, y lo logró, pero su legado sufre la maldición que lo ató al Infierno siendo un vivo. Y yo también he sido marcado por mi osadía. Hui, es verdad, pero, ¿por cuánto tiempo burlaré a quienes lo son todo en las sombras de la noche?

Siento las palabras de fuego..., el aleteo se torna más enfurecido...

"Eres mío".

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