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Era una noche como cualquier otra, tranquila y calmada. Serían las 10 de la noche cuando fui a dormir, y las 4 de la madrugada cuando un fuerte ruido me despertó. Decidí ver qué había pasado, y como mi cuarto quedaba en la planta alta, bajé las escaleras con sumo sigilo, escuchando el ruido aumentar con cada paso. Supe al instante que era un ladrón. Pensé en llamar a la policía, pero me encontraba abajo cuando recordé que el teléfono se encontraba arriba. Y así, distraído, una sombra se precipitaba. Había limpiado esa mañana, y recordaba donde estaba la escoba, así que la tomé, y ataqué al ladrón con ella. No parecía afectarle, y solamente me miraba.

Pude ver que traía una casaca de color blanco con algunas manchas de sangre y unos jeans. Llevaba un cuchillo en el cinturón, y creo haber visto un garrote y un revólver, por el cual me asusté. Su rostro se ocultaba por una máscara blanca, con sólo una sonrisa roja. Supongo que era sangre.

Unos segundos después dejó de mirarme y se fue corriendo. Llamé a la policía casi al instante, y les relaté lo que sucedió. Más tarde, dormí lo que pude, y fui despertado nuevamente por un ruido, esta vez del timbre. Eran los policías.

-Señor Rogers, el ladrón que vio se hacía llamar Bloody Thief.

Yo respondí:

-¿Bloody Thief? Yo no quiero el apodo, quiero el nombre.

El policía respondió:

-Ese es el punto, nadie sabe el nombre de Bloody Thief.

Paró unos segundos y me miró con una cara de pocos amigos como queriendo decir que es esto una broma, luego dijo:

-Bloody Thief está muerto.

Me quedé muy asustado, y enojado, cuando me dijo eso y le respondí:

-¿Entonces qué vi? ¡¿Un fantasma?!

El policía respondió:

-No sé que habrá visto, pero seguro que fue una pesadilla.

Estaba enojado y al mismo tiempo confundido. Mi única opción fue regresar a dormir, pero de nuevo mi sueño fue interrumpido por ruidos en la planta baja. Bajé, esta vez un poco más preparado con un bate que usaba de niño. Cuando llegué, encontré machas de sangre en la sala. Bloody Thief -o lo que sea- estaba allí, con su máscara ensangrentada, junto con un cadáver. Una mujer, con demasiada sangre sobre ella -o brotando de ella.- No me costó asociar la máscara y el cadáver. Y sin embargo, Bloody Thief se quedó observando.

-Tienes una visita de Bloody Thief.- dijo. Luego, disparó.

Cuando desperté me encontraba en el hospital. Sentía leves molestias por debajo del esternón. Tardé muchos días en recuperarme totalmente. Cierto día, la enfermera se me acercó y me dijo:

-Tiene mucha suerte de estar vivo señor Rogers. Nunca le comentamos esto, pero fue un joven el que lo trajo hasta aquí. Fue muy amable, fue su salvador.

Confundido, le pregunté:

-¿Qué joven?

Ella respondió:

-No sé, pero dijo que le entregara esto.- Me acercó una carta, y se marchó. La tomé, la abrí, y la leí.

Tal vez me creas malo, George Rogers, pero al menos tengo compasión.

Tuviste una visita de Bloody Thief.

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