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ORIGEN Editar

En una pequeña ciudad, una dama andaba apresurada, temiendo a terminar hundida entre los peligros de la noche. hacía casi dos meses se había vuelto una costumbre para ella dar ese recorrido por la misma calle, a la misma hora, sólo para llegar a la casa de su pareja. Céfiro Davis estaba enamorada de la más hermosa de las chicas, Sara Williams. La conoció al empezar la primavera, en uno de esos días donde todos salían a las calles sólo para hacer largas filas e inscribirse en la guerra, pues la polémica que se tenía acerca del patriotismo era mucha, tanta que una gran porcentaje de población masculina ha decidido inscribirse. Ambas habían iniciado su relación a costa de todo el mundo, en secreto ambas se tenían la una a la otra y así deseaban que fuese.

- ¡Hey, Venga abre la puerta! - Céfiro no era muy femenina, su voz era ronca con tonos agudos de por medio, un poco hombría para quien la escuchase, ella carecía de curvas, su pecho no era voluptuoso y sus caderas eran angostas, piel trigueña de ojos y cabellos oscuros, una mujer de 25 años de edad. Ante el llamado a la puerta fue Sara quien la recibió, ella era totalmente lo contrario a Céfiro. 

- ¡Oh, Hola! Ven entra, te estaba esperando. - Sara le invito a pasar, las condiciones en las que se llevaban eran poco hogareñas, una casa maltratada y vieja, quizás causa a la hambruna y pobreza que la guerra traía consigo.

- ¿Cómo te ha ido hoy, cariño? - Céfiro preguntó, entrado a la casa, la sala presentaba ausencia de muebles, ya que estos habían sido vendidos para buscar un poco de capital, ella se sentó en una caja de madera mientras esperaba la respuesta de su novia.

- Ser enfermera es más duro de lo que pensé, hoy me la he pasado atendiendo tantas personas que ya perdí la cuenta - Le contesta, ellas se miran, Sara se arrodilla en su lugar, sólo para quedar cara a cara con Céfiro. Sara resaltaba tenía un bello rostro exceptuando por aquellas ojeras tan marcadas, que hacían ver sus pómulos pálidos por el desvelo que un trabajo sin descanso trae.

- ¿Mañana tengo el día libre, me preguntaba si querías... salir? Ya sabes hace tiempo que no salimos y en estos tiempos se está haciendo un poco difícil - Sara tenía una voz más melodiosa que encajaba totalmente con su apariencia, una chiquilla rubia, de ojos miel y unas curvas marcadas.

- ¡Sabes que la respuesta es sí! No deberías siquiera preguntarme. - Céfiro dio su respuesta en un tono entusiasta, se levantó de donde se hallaba sentada tomado de la mano a Sara, ellas se miraron por unos segundos, pegaron sus frentes y con una timidez se besaron. Más que un beso fue una caricia entre sus labios, un beso que no pasa de beso.

De allí todo fue efímero, tan sorprendente que sin darse cuenta se llevaron la noche entera hablando, durmieron juntas y cuando el péndulo gastado de la habitación marcaba a penas las 6 A. M, la figura escurridiza de Céfiro se marchó, volviendo a casa con su hermano. Ella era de las primeras personas en recibir de buenas maneras el sol de la madrugada, el frio siempre estaba presente a esas horas, para su suerte su casa sólo eran 15 minutos andando.

- ¿No es muy temprano para que estés allí sentado? - Ella habló, delante tenía a su hermano, William Davis, su cara de pocos amigos parecía estarle esperando, suspiro viendo que no recibiría respuesta alguna.Él era parecido a ella, dos años mayor, trabajaba como sastre, de lo cual ganaba apenas lo suficiente para mantenerse los dos. Sus padres murieron poco después de que Céfiro cumpliese 23 años, todo fue gracias al ataque que Japón envió a las islas americanas de Pearl Habor, la cual afecto a la familia Davis, sobre-viviendo los hermanos quienes en el momento no se encontraba en ese mismo lugar, sino que residían en la casa de una tía abuela.

- ¿Qué con esa mujer?- A penas entraron su hermano se dignó a hablar, él cerró la puerta de la casa con seguro, él sabía... Él sabía, esto era malo. Quizás la cercanía de ella era demasiado evidente, y en este tiempo que es una sociedad Homofóbica ella no se debía fiar, debió ser más precavida, pero ahora no serlo le iba a salir a un gran precio.

- ¿Disculpa? - Ella utilizo ese tonó que sólo acostumbraba a colocar cuando se veía ofendida, caminó a paso lento, luego vio como su hermano la enfrentaba cara a cara.

- Dime la verdad, eres lesbiana ¿no? - La pregunta le hizo sudar frío con pudor negó con su cabeza, le dio un ligero temblor, esquivo la mirada avergonzada - ¿Crees que no te vi? Ayer fui a buscarte y desde la ventana las vi- La declaración fue dura, no sé la esperaba.

William la miro fijamente, su mandíbula sonó fuerte, la mano le tembló conteniéndose, pero el control se fue de sus manos, bufo fuerte y agarro del mentón a Céfiro.

-¡Respondeme!- Ella gimió de dolor, le dolió aquel apretó, el pegó su rostro a una cercanía considerable a la de ella, le gritó con más fuerza. Su hermano jamás había sido agresivo de tal manera con ella, de la única manera en que la había agredido era verbal y muy pocas veces se daba la situación.

-¡¡También me gustan los hombres!!- admitió y a pesar de haberle dicho la verdad, una fuerte cachetada llego a su mejilla-¿¡Qué te pasa!?-Otro golpe este se lo dio certero en el rostro con el puño cerrado, enseguida cayó al suelo. grita con fuerza Céfiro, sus manos consiguieron su hogar sobre su mejilla derecha, ella se sobó la zona lastimada y con una mirada amenazante fulminó a William.

-¿¡Qué me pasa!? ¡¡Hubiese preferido que me salieses puta antes que eso!! ¿¡ No comprendes!?- la vena se brotó de su cuello en la fuerza fónica que daba. Estaba más que irritado, a ella se le sollozaron los ojos, se trago su orgullo y se forzó a no llorar. Su hermano se inclinó sobre ella y la tomó del cuello, el aire desapareció rápido de sus pulmones, de forma fructuosa gritó hasta la mudez. Las manos de William se apretaron con mayor fuerza, sus ojos oscuros se contrajeron de ira, las manos de Céfiro arañaban el brazo del contrario.

Su visión se nublo, el agarre se soltó. -¡Ja'! ¿Qué pensaría papá de ti? - la burla estaba ahí, ella no lo reconoció, se asusto ante sus palabras y se arrastró por el suelo tratando de aparatarse. Él la tomó del cabello, el cual no era muy largo, apenas y rozaba sus hombros. William tiró de ella, arrastrándola por el suelo, la guió hasta la habitación más cercana. -Sabes jamás había pensado en esto... Pero, si quieres ser una ingrata acostándote con mujeres, al menos conoce que es estar con un verdadero hombre-

-¡Basta! ¡ESTÁS LOCO!-ella pataleó, gritó desesperada, William se le lanzó sobre ella, de manera indeseada ella sintió todo, le era repulsivo pensar que quien compartió toda si vida estaba provocandole el mayor dolor de todos.

Forcejeos, gritos, llantos y dolor. Ella se sintió ultrajada, su cuerpo fue tocada de toda las manera posibles, desde sus pequeños pechos hasta su genitales que fue la zona más perturbada, le dolió el cuerpo.

Cuando todo por fin acabó, William dejó el cuerpo de ella desnudo y tirado en el suelo, Céfiro solloza, cuando se encuentra sola trata de levantarse, sintió un liquido recorrerle por entre las piernas, la sensación le provocó una arcada.

Vomito le era repulsivo el sentimiento que se acogió en ella. Sin darse cuenta lloró durante todo un día, y de manera inevitable llegó la tarde, estaba tan concentrada  los traumas que estaba desarrolandose, que al final no fue a su cita con Sara.

Dentro de las semanas siguientes, no volvió a salir, se distanció un poco con su hermano y se la pasaba encerrada en su habitación. Una vez se vio sorprendida un día en la ducha, después de una tarde encerrada, después de tomar el mismo té de hiervas que le era habitual tomar, Ella sintió como un gran dolor en su vientre bajo que acumulaba y después expulso una bola de sangre que ella califico como un feto de poco menos de un mes abortado. Lloró porqué le dolía, por un momento quiso ir donde Sara para que ella le examinase, no se atrevía ir a donde un doctor cualquiera, no tenía el recurso y abortar un bebé era volverse un monstruo en esta sociedad, corría el riesgo de que el rumor se expandiese si acudía a un doctor. 

Una tarde todo fue diferente, a pesar de que todo transcurrió como comúnmente, cuando llegó la hora de dormir Céfiro pudo escuchar sonidos extraños desde la habitación de su hermano, le importo poco, pudo ser que él había traído otra prostituta, ya no le sorprendía puesto que los días anteriores lo había hecho con frecuencia. Céfiro se tapó sus oídos con su almohada y al final se quedo dormida. En la madrugada lo primero en despertarla fueron los gritos estruendosos de William, se oiga angustiado y asustado. Puede que el contacto que ellos hayan tenido desmejoró, muy en el fondo aún estaba esperanzada de que todo volviese a la normalidad.

Ensimismada y aún con un miedo palpante de salir de su alcoba, que por ahora veía como el único lugar seguro, se asomó un poco por la entrada a paso lento salió, no llevaba más que una pijama, su piel había perdido gran parte de se fibra, sus manos estaban más delgadas, y una terrible paranoia crecía en su ser.

Escucho a su hermano susurro desde el baño, ella no quería ir, pero con sus miedos y todo, se aproximó allí, con cautela mirando por la puerta entre abierta pudo ver a William mirarse en el espejo atisbando fijamente su vientre, una cicatrices de unos aproximadamente 15 cm se veía en el costado de la zona, estaba roja como si recién la hubiesen cosido.

Ella miró la cara de su hermano por el espejo, se percató de que ahora el tenía su mirada fijada en ella.

-¡TÚ! ¡Lárgate!- el grito la sobresalto, se retiro un poco de la puerta - ¿¡Que me hiciste!? - William grita, ella niega con la cabeza rápidamente cuando lo ve venir hacía ella, Céfiro deja escapar un "yo no hice nada", William estaba altivo, su mirada la penetraba, y al final paso por sobre ella ignorándola.

Esa misma tarde supo que William había ido a ser atendido por un doctor, para su mala suerte, sólo atendían personal en urgencia o gente registrada en el ejercito como soldado activo, a duras penas pudo dar con alguien que le pudo atender, le atendieron para confirmarle que la extirpación del riñón estaba en buen estado, la cara de él se cayó en desesperación ¿Como era posible que se le haya perdido un riñón? En su mente sólo culpo a su hermana, puesto que era con la única que convivía y para él no era un secreto de que ella había tenido un amorío con una enfermera, quizás ella junto con esa mujer... Hizo esto en venganza.

Llegando con esa conclusión, William se impaciento y antes de llegar a una ira torrencial echo de casa a su hermana, quien a pesar de todo le suplico que la dejase quedarse pues no tenía donde ir.  Al llegar la noche a ella le toco quedarse echada en el suelo frente a su casa, se durmió ahí, siendo confundida por un mendigo por quien pasase. 

A Céfiro la despertó el sonido molesto de un cristal romperse,  se espantó, se levanto del lugar ¿Un ladrón? quizás, ella se movió con dificultad saltó la cerca de la casa y se encaminó al patio trasero que en la casa había, Céfiro logro divisar una figura en la penumbra moverse, estaba totalmente encapuchado y no se le podía distinguir completamente,él al final se escabullo y escapó, estaba asustada, seguramente era un ladrón.

Céfiro volvió en sí, miro la ventana rota, se metió por allí, entro a la casa cortándose una manga de su camisa en el proceso, la camisa le importo poco, se dirigió enseguida a la habitación de William, entonces lo vio.

Su estomago estaba hueco si piel se hundía contra sus huesos, esta vez el hombre le había extraído gran parte sus órganos, parecía cual caparazón vació, una fibra de piel y huesos sin más, con una nueva cicatriz que pasaba por el centro del abdomen, de donde se hizo el corte. Céfiro cubrió la boca y soltó en llanto.

La semana siguiente dio el reporte en la estación de policías, la cual carecía de personal.  -Este es el sexto caso reportado con las mismas característica...Creo que esto va más allá que un sólo 'vendedor de órganos'- Fueron las palabras que utilizo el oficial cuando intento contestarle las preguntas que ella hizo acerca del caso. Al final lo dieron por concluido ya que no había una base firme para encontrar al promotor del asesinato, más encima de esto, para ellos lo más importante ahora era el conflicto bélico en el que estaba involucrado el país.

Cabizbaja volvió a su casa, llegó sin ganas de nada fue a encerrarse en su habitación, se miro en el espejo, se veía extra delgada. Se quito su ropa y busco entre su ropero, que no tenía más que horrendos vestidos clásicos, que había hecho su hermano para ella.

Tomó su camiseta preferida, aquella manga larga que llevaba el día del asesinato de su hermano, no fue hasta ahora que le importo la rasgadura de lo que quedaba de la manga  derecha.

Se lo colocó junto un pantalón negro puro que le pertenecía a su hermano, le que daba bastante bien, pues era uno de esos viejos que a él le habían quedado pequeño, ahora ella tendrá que conservarlos como suyos.

Sin ver solución a sus problemas Céfiro dio vueltas sin censar en su habitación, se movía ansiosa, un extraño tic nervioso se le formo en su ojo izquierdo, su estomago gruño de hambre, se obligo a sí misma a bajar a comer, Fue a la cocina busco el la lacena las ultimas reservas de comida que había dejado consigo la muerte de su hermano.

Tomó todo lo que allí había, lo metió en una bolsa de comestibles y con una idea en su cabeza fue al sótano...

Prendió las luces, el sótano estaba casi en su totalidad vació exceptuando aquel estante con viejas herramientas y una maquina de costuras, cerro tras de sí la puerta y echo seguro, camino en la empolvada habitación y se sentó en una esquina, de su bolsa sacó un paquete de galletas y los comió en soledad, en el fondo estaba tratando de revivir ese momento transcurrido ahora solo en recuerdos, cuando William y ella a escondidas de mamá se comían las galletas de la abuela en el sótano para que no sean descubiertos. Sonrió para sus adentros, degusto con calma la comida.

Un sonido curioso llego a sus oídos, una rata negra se le aproximo, Céfiro hizo una mueca,  extendió su mano y le dio una galleta a la rata, esta con sus patas de roedor la tomo y se la comió.

-Hola, amiguito- Saludo ella riéndose de sí, entre sus manos levanto al pequeño animal, quien comía y la observaba de reojo.

Céfiro miro la llave que había dejado en el suelo justo antes de sentarse, tentó en hacer una locura, y las ganas fueron tantas que así lo hizo. Sabiendo que le esperaba para su destino tomo la llave y se la trago, su garganta carraspeó e insisto en regurgitarla, la acidez del vomito venia en camino, pero ella se lo trago junto con su bilis,

Conociendo su destino se resignó a seguir, si moría quería que fuese en soledad, sólo para que nadie se percatara de su sufrimiento.

En la primera noche no hubo problemas, durmió en el suelo duro y despertó temprano como era su habito, la rata negra por ahora era la única que le hacia compañía, siempre que comía trataba de darle un bocado a su nuevo compañero

-Leny, te llamarás Leny- susurró ella, el roedor se rascaba las orejas con sus patas, los primeros cinco días no se sintió para nada extraña, estaba acostumbrada al ayuno. Se la pasaba hablando con el pequeño animal, siempre acostada en el moho del suelo. Sin darse cuenta la comida comenzó a faltar, ella no se preocupo, jamás había tenido un gran apetito, era capaz de aguantar hambruna máximo de seis días antes de sentirse morir.

Aún encerrada en aquel lugar ella podía escuchar siempre el  reloj cucú de la sala desde aquí, casi siempre cuando sonaban las doce de la tarde siempre se oía la voz de Sara, quien tocaba la puerta de arriba esperando la respuesta de Céfiro.

Pero jamás había una, las noches en el sótano eran frías y aveces sofocantes, debía de admitir. Desde el inició las luces habían comenzado a fallar titilaban constantemente, como si la luz se fuese a ir en cualquier momento.

Céfiro perdió la noción del tiempo, las horas las perdía hablando sola, con la rata. Había noches en las que lloraba y le contaba todo a Leny, le hablaba de sus amores, tanto de hombres como con los que tuvo con mujeres.

Le habló de Sara, y había momentos en los que hablando de ella se olvida siquiera quien era. Ya ni siquiera prestaba algún tipo de atención  a la comida la cual a este punto estaba más que vencida, se orinaba sobre sí en sus pantalones. Había noches en las que sufría de alguna paranoia, gritaba, pataleaba y lloraba.

-¡Leny, creo que estoy enamorada!- La voz estaba seca, sus labios agrietados, su dientes se amarillearon con el pasar de los días, las secuelas que la soledad deja eran solo signos de locura.

-¡Oh! Leny, ¿oyes eso?- Los sonidos salieron de arriba, ella se acurruco en su lugar, se veía asustada, ya no sabía ni de donde salía aquel sonido, gateo en el suelo mohoso hasta la esquina de la habitación

-¡Hermano, ven sálvame!- A veces suplicaba a su hermano que la sacase, ella se había vuelto loca  en tan poco tiempo.

La comida se acabó, lo que quedaba de Céfiro eran puros delirios y locura, se golpeaba así misma, se lesionaba repetidas veces, Céfiro ya no era ella. Leny no siempre estaba con ella, a veces se iba por una rendija demasiado pequeña y volvía otra veces.  Céfiro notó una desmejora en su amigo, según ella, temía que Leny muriese de hambre así que en un arranque de locura le ofreció de su carne, dejaba que el roedor comiera de ella.

Cuando estaba aburrida husmeaba entre las herramientas que hallaba en la estantería, fingía estar con su hermano jugando, como de niños.

-¡No alcanzo!- Ella grito, estaba de puntilla tratando de tomar algo en la parte de arriba, céfiro saltó moviendo la estantería provocando que algunas cosas cayeron de arriba entre una de ellas una aguja punta roma que atravesó su ojo. Gritó y trato de quitar la aguja, busco a tientas algo que le quitase el dolor y finalmente se arrancó el ojo haciendo palanca con una llave. El lagrimal se le pudrió y la infección se expandió por toda la cuenca de su ojo,  y aún así decidió comerselo  compartiéndolo con su amigo disfrutando del sabor, un extraño apetito se formo en ella, deseó comer más de sí, quiso auto mutilarse y comerse así misma.

A cada momento veía carne, comida, mucha comida... Su cuerpo constantemente tenía convulsiones, y estaba loca, no distinguía su realidad.

Aveces se arrancaba con sus↵dientes pedazos de carne, dejaba que la rata comiera de ella, disfrutaba de esos↵momento, en su retorcidamente quizás estaba viviendo una escena romántica con↵uica con un atractivo chico.

-Te amo- suspiro con el ultimo aliento acariciando al roedor entre sus manos, ahí sentada y toda ella casi huesos, tan delgada como se podía. Céfiro beso a Leny, este creyó que ella le estaba dando de comer así que le mordió, ella rió tras el dolor. Después de un hora de la mordida se irritó,una terrible picazón vino, se rascó con tanta insistencia que se arranco un gran en gran cantidad de carne en esa zona, que al final se comió con la escusa de jamás desaprovechar la comida, sus dientes se quedaron a la vista tras la perdida de su carne y labios.  Esa misma noche la muerte hizo lo que debía, aunque un trabajo mal echo, pues a pesar de haberse llevado consigo el  cuerpo físico de céfiro, su alma se quedo rondando.

Los periódicos se inundaron con falsos rumores acerca de lo sucedido en la casa de los Davis, fue gracias a mensajes boca/boca que aquella historia llego a mí, mi abuelo fue quien me habló de lo sucedido, un hombre de tercera edad que ya no daba para mucho, él afirma haberla visto rondando por las noches, vagar en busca de comida para alimentarse ella y a su Leny. Él dice que el brazo que tiene amputado fue gracias a ella, yo no le creó, es demasiado viejo y siempre es de inventar. Aunque lo que me pareció más que extraño es que la mejor amiga de mi  difunta abuela Volta María tiene de nombre Sara Williams... 

CREEPYPASTA Editar

Desde que comencé a estudiar en un internado católico, los sucesos extraños iniciaron. Fue el día en él que llegó una nueva estudiante, entre rumores llegue a escuchar que estaba aquí por problemas disciplinario, aquella pelinegra me pareció de los más extraña, era de apartarse de los demás, no hablaba mucho y se la pasaba garabateando siempre en sus cuadernos.

Un día recuerdo haberla visto desde mi ventana, yo apenas me estaba vistiendo, alistándome para estudiar, colocándome el uniforme que el colegio exigía que sus estudiantes portasen; una falda que llegase a las rodillas, medias blancas y una camisa de botonar del mismo color.

Ella, Jenell Edward's, daba siempre un paseo antes de iniciar las clases y la oratoria de servicio religioso, era madrugadora y cumplida, quizás por eso siempre tenía ojeras tan marcadas, casi no dormía y siempre seguía un mismo patrón todos los días, una rutina bastante aburrida a mi parecer.

Una vez la vi husmeando entre la basura detrás de los salones, en una de aquellas partes donde se les prohibía a los estudiantes ir, esa fue la primera vez que le hablé.

- ¡Ey! ¿Qué haces ahí? - fueron las palabras que salieron de mi boca, trate de llame su atención, ella me miro confundida.

-Dime, ¿la viste? - De Jenell siempre llegue a pensar que estaba loca, ahora podía confirmarlo.

- ¿Ver qué? – Pregunté de vuelta, ella se movió, camino vaga hacia mí.

- A ella con las ratas, Zaya- Jenell me llamó por mi nombre, muy poca gente lo hace, sólo mi familia. De todas formas ¿Ratas? ¿Qué con ella? Seguro ya perdió la cabeza.

-No me llames así-Farfulle suave evitándola repuesta, ella me sonrió, ¿de qué va?

-Pero es tu nombre- Su excusa era válida, pero eso no significaba que por ello mi nombre me iba a gustar sólo por qué sí. Jenell se cruzó de brazos y se fue dejándome un mal sabor en la boca, miré hacia abajo, a mis costados dos bolsas de basura que debía meter en el cesto, suspiré aburrida. Bien mi primera charla con Jenell no fue nada fuera de lo normal.

Pero ese sólo fue el inició de todo lo que serían mis problemas, todo vino con una secuencia relativamente extraña, desde el día que le hable la veía con más frecuencia, para nada coincidencial.

El fin de semana siempre era lo más ansiado para los estudiantes, puesto que cada 15 días en el internado nos dejan salir por 24 horas, hoy fue uno de esos días, yo tuve la desgracia de tener que quedarme, puesto que, tenía que salir con el permiso previo de mis padres y estos no acudieron ese día. Y tal parece que no fue la única de la clase E, junto conmigo estaba Jenell.

Tuve que lidiar con ella todo el día, y en la noche justo en la hora de dormir, ella me invitó a su dormitorio con la excusa de que le temía a estar sola, al final excedí, toda la noche sentí que su mirada martillaba mi nuca, tenía miedo de voltearme y encontrármela viéndome fijamente, y aunque trate de ignorarla, me voltee a su dirección, la luz de la luna apenas entraba por el cristal alumbrando un poco la penumbra.

Juro que cuando lo vi casi me tiro de mi cama, fingí dormir temiendo a por lo que tenía enfrente, esa 'cosa' estaba duramente encorvada, su mandíbula caía pesada haciendo que su boca estuviese abierta, en el costado de su mejilla una herida seca y llena de cucarachas, su respiración era áspera y silenciosa, cerré los ojos tratando de convérsenme de que era un sueño. Sabía que estaba temblando, oí que mi respiración se engancho junto a lo de eso cosa 

el tiempo que estuvo mirándome paso lentamente, en mi mente podía oír sonidos chirriantes, gritos y el fuerte masticar imaginario. Cuando los abrí esa 'cosa' se estaba moviendo, no caminaba... Más bien parecía flotar poco menos de diez centímetros del suelo, mi respiración se agitó, temía por mí, ¿Qué era esa 'cosa'? En mi mente estaba deseando que aquello se vaya, para mi suerte desapareció de manera extraña. Aparté las sabanas, tomé almohada, y coloqué mi cara sobre ella, ahogando el llanto que el miedo me género. Podía sentir cómo mi pecho se llenaba de aire de manera infructuosa mientras dejaba escapar cada temblorosa respiración mientras lloraba. Quizás se podía oír mi llanto en el silencio. yo estaría  gritando y llorando si no fuera que la almohada amortiguaba mis sonidos. Cuando me calmé, respiraba dificultosamente, con ojos lagrimantes. 

- ¿La viste? - Apenas logró calmarme la voz de Jenell llega a mí, con un miedo aun presente encogí mis piernas, me tapé completa y con ayuda de mi almohada me cubrí los oídos, al menos sé que Jenell también lo vio, así que no me estoy volviendo loca... ¿O sí?

Después de lo sucedido siempre me sentía observada, oía murmullos lejanos en mi cabeza, a veces sin querer cruzaba la mirada con Jenell y la descubría mirándome con una gran sonrisa.

Lo recesos se me hacían largos, ya no podía andar con mis amigas, ya no, no desde aquella vez, puesto que ya no oía, ya no las escuchaba, sé que a veces me están hablando, pero realmente no sé qué dicen, hay voces, pero no son de ellos. También note que mi apetito cambio, la comida ya no me satisfacía, vomitaba consecutivamente después de comer, me asustaba pensar en qué estaba pasando.

En poco tiempo pensé que ya me había vuelto loca, no sabía qué hacer ni a quién acudir, al final terminé dando con Jenell, no me fue para nada complicado.

-Tenemos que hablar, ¿me oíste? –Mi voz trato de sonar como un mandato, pero falle.

- ¿tú crees? – Ella se burló de mí, me sonrió.

- ¿Qué era? – Pregunte tomando asiento al lado de ella, Jenell me mira levantando la ceja.

- No lo sé, zaya – Jenell ríe al final, trate de no tomarle importancia, estoy consciente de que ella seguro sabe más acerca de esto, pero no me quiere decir ¿Por qué? No lo sé

- ¿Qué quiere 'eso'? –Tenía que buscar una manera de que Jenell me tomara en serio si es que quería saber exactamente qué demonios estaba pasando.

-Sólo tiene hambre, le gusta que la gente sienta lo que ella sintió- ¿ella? Jenell la nombra como si de una persona se tratase... Eso para mí no es humano. Estaba a punto de abrir la boca, pero la campana sonó, mis oídos dolieron, para mi sonó más como un pitido que me zumba en el tímpano.

-Te acostumbras- Fue lo que ella dice para después levantarse de su lugar, entonces ella ya sabe que sentí...


Suspiré frustrada, todos estaban caminando a sus respectivos salones, de igual manera yo fui al mío.

Realmente no preste atención, trate de concentrar, pero me fue imposible, a veces también había risas, se burlaban de mí la voces en mi cabeza, hablaban de lo 'puta' que soy...  Al terminar las clases, fui yo de las primeras en retírame, tomando conmigo a Jenell.

-Ahora escúchame, habló enserio, necesito respuestas- Llevaba conmigo a Jenell, quien caminaba arrastrando sus pies. Por un momento me detuve justo bajo las gradas, la enfrente.

- ¿por qué no los puedo entender a nadie, es como si los demás hablaran otro idioma...Pero a ti sí te entiendo? -Fue la primera pregunta que vino a mí, estaba más que irritaba, apenas y entendía de lo que hablaban los demás, era como susurraran y esos susurros se viesen opacados por las carcajadas y los ruidos extraños que se estaban haciendo presente con frecuencia en mi cabeza.

-Por qué yo hago parte de la red- Fue su respuesta, fruncí el ceño ¿Red?

- ¿esa cosa nos mete dentro de su 'red'? –No entiendo, una red...

- Escucha, 'esa cosa' fue humana hace tiempo-Jenell trato de explicarme, incluso hizo un ademan con la mano

-Pero ya no lo es, así que no debería nombrarla como si fuese una- Argumente en contra, ¿a dónde quiere llegar? ¿Qué no lo entiende? Estamos jugando con fuego. – De todas formas... ¿Cómo es que yo hago parte de esto?-

-Tu y yo estamos vinculadas- apenas la alcance a escuchar mi cabeza hizo una mala pasada, pues oí extraños estruendos, risas escalofriantes, se están burlando de mí.

- ¿Qué? ¿Cómo? -

-La viste- Esta es la primera vez que la escucho decir estas palabras en formas de afirmación, ¿desde el inició ella trato de decirme algo con esas palabras?

-si...- Termine por darle la razón, me rasque la nuca nerviosa ante la atenta mirada de ella.

-Ahí está tu error, jamás la mires, jamás escuches su historia o te volverás parte de ella- Dijo para por fin marcharse y dejarme de nuevo con nuevas preguntas, un pitido extraño llego a mis oídos, miré al suelo, vi manos  huesudas de largas uñas tomarme de los zapatos apenas sobresaliendo del suelo, temble en mi lugar, puse mi mano en mi pecho ¡Oh, ya estoy loca!

Me moví, agité mis pies imaginariamente zafándome del agarre, que realmente no era muy fuerte, estaba alucinando... Y me fui de allí, caminé apresurada, unas de mis manos sostuvieron mi cabeza y negué con fuerzan ¿¡Por qué!? ¿¡Yo que hice!?

La viste

La noche era lo que más odiaba, no me gustaba dormir, aunque hoy trate de descansar, no pude realmente, me arrope entre mis sabanas, un dolor extraño llegó a mi estómago y espalda, trate de ser racional, pensé por un momento en cólicos premenstruales. Pero después vi como vientre inicio a crecer pulgada por pulgada de sobremanera, lloré, mis manos cayeron a mi estómago, me dolió, y después se movió de forma anormal, al final se formó una abertura extraña, trate de gritar pero mi voz no salía, de entre la abertura salían ratas y una cantidad inmensa de cucarachas, vomité sangre, estaba inmóvil me dolía respirar y luego desperté. La vi en la esquina de mi cama con su cara fría y podrida, se movió, haciéndose un espacio a un lado en mi cama, sus manos trataron de asfixiarme, estaba temblando de miedo que dure en reaccionar, la mandíbula del espectro cayó lo más que se podía, un aliento pútrido llego a mis fosas nasales, solloce, la mire directo a sus ojos, una cuenca vacía y otra totalmente roja y salida de su órbita, el ojo que me observaba me aterra, el espectro saca su lengua una extremadamente larga y lame mi rostro, pasa por mi mejilla y luego lame mi ojo, sentí como si lo estuviese sacando de mi cuenca, iba a vomitar. Luego todo se nubla, y al final despierto de nueva cuenta sobre mi cama, era de día, estaba sudando frío, estaba más que asustada. Fue un sueño.

Después del día la charla que Jenell por sí dio por concluida, no me volvió a hablar, ella parecía sobrellevar todo bien, o eso creía yo, en el fondo quizás alucinaba y deliraba tanto o más que yo.

Al mes de tan sólo haber hablado con ella fue que nos volvimos a cruzar. No me dirigió la palabra, actuó más extraña de lo normal, caminaba encorvada parecía esconder algo bajo su camisa, yo la seguí. Ella me guio a los baños, estaban vacíos.

Jenell sacó un cuchillo, no evite un chillido de advertencia pensando en que iba a hacer con eso, al principio pensé que me iba a apuñalar, pero después soltó el arma con una mano temblorosa, dudo.

Jenell miró sus propias manos y luego asesto una mordida dañándose algunos tendones, el gemido de dolor que dio lo amortiguo su propia carne, con mucha fuerza se arranco un pedazo de carne, me sonrió de vuelta, y repitió la acción por varios momentos, despechugando su piel, mi ojos se llenaron de lagrimas, sabía que debía ayudarla, trate de acercarme, pero no podía moverme, estaba ahí para ser espectadora, así lo quería...

Céfiro

Ver la escena hizo en mi un nudo, un pensamiento fugaz de que la escena era deliciosa paso por mi mente, quería acercarme y comer.

Las piernas de Jenell cayeron fuerte contra el suelo, volvió a tomar su cuchillo y sin yo poder hacer nada, Jenell Edwuar's acaba con su vida, enterrando aquel cuchillo en su yugular. La sangre salia como una fuente de su cuello.

Babee, mi estómago tenía hambre, pero el dolor emocional que me invadió fue mayor, el cuerpo inerte de Jenell se hallaba tendido en el suelo, de su cuerpo brotó el espectro, como si un alma saliese del cuerpo de Jenell.

Apenas salió el cuerpo se hizo delgado, en un instante parecía estar en descomposición, como si llevase años muerta. La carne se perdió y la sangre olió a pútrido, De Céfiro salían ratas y cucarachas que trabajaban comiéndose lo que quedaba de Jenell.

Yo estaba tan inmóvil como siempre, sentí algo atravesar mi cuerpo y después no recordé nada.

Cuando desperté me encontraba en la enfermería, escuchaba el sonido raro de fuera, moví mi cabeza a un costado y sentado en una silla estaba un viejo, me miraba fijo, su rostro cansado me examinó.

-La viste- Fruncí el ceño ¿Qué nadie puede decir otra cosa? Espera...Lo entendí

- ¿Así qué hace parte de la red? –La pregunta sonó absurda saliendo de mi boca

-Jamás debí escucharla, debí ignorarla ¡Pero, no! Todo sea por amor- Este anciano está loco.

-No lo entiendo- susurre suave acomodándome en mi camilla, me dolía el cuerpo.

-Sara Williams le habló de Céfiro a mi mujer, y mi mujer, María, me lo contó a mí, me obligue a callar, pero... Le conté a mi nieta y ahora... y ahora, la vinculé y, y... Terminó así-el señor tembló en su lugar con su brazo bueno se tomó de los cabellos y tiró con fuerza, me compadecí de él.

- ¿Señor que está diciendo usted? - El hombre me confundía, una risa burlona llegó a mí, agité mi cabeza evitando ese sonido, cerré los ojos y los abrí, por un microsegundo la vi frente a mí, una escena oscura, su sonrisa de dientes burlándose de mí. Parpadeé y se fue.

- ¡Céfiro se llevó mi brazo izquierdo, se llevó a mi esposa y ahora a mi nieta! – el hombre de tercera edad se agitó, preste toda mi atención a él. verdaderamente era una red...Si cuentas su historia entrarás en ella y te volverás su víctima, si la vez tampoco tendrás suerte, es volverte loca y morir, no hay más.

Cuando salga de esta enfermería quizás sea muy tentadora la idea de suicidarme. ‘Ella' me observa, me obliga a hacer lo que hago, si vivir con esto es volverme como el hombre que tengo frente mío, prefiero morir antes que volverme una desdicha y una carga, después de todo no me la quiero pasar en soledad, pues he oído que las secuelas que deja la soledad son signos de locura. Y yo no quiero estar loca...