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Yo estaba conduciendo un acceso directo desde Twentynine Palms, California hacia Albuquerque, Nuevo México. Twentynine Palms se encuentra en el desolado desierto al este de Los Ángeles. El acceso directo era todo un camino dividido en dos carriles a través de la nada total, salvo en que pasa a través de Amboy, California.

Amboy es un pueblo casi abandonado casi tan por debajo del nivel del mar como el Valle de la Muerte, con un volcán inactivo y campos de lava en un lado y un salar en el otro. También fue, en su momento, un lugar ideal para las actividades de grupos satanistas.

Así que yo estaba conduciendo por mí cuenta en la tarde. Me detuve en Amboy y saco una foto del signo de la cuidad sólo para demostrar que estaba allí para los amigos que me atrevieron a tomar ese camino a las 1:40 Am. Volví a mi coche y me dirigí a subir a la cordillera.

Una vez que llegue a la cima manejando al norte a través de un cañón con hierva alta en ambos lados de la carretera. Más adelante veo algunas cosas en el medio de la carretera. Al acercarme me detengo para ver un auto rojo (Pontiac Fiero) dejado de lado a través de ambos carriles, y junto hay una maleta abierta con ropa esparcida por todas partes y dos cuerpos yaciendo boca abajo en la carretera, un hombre y una mujer.

Me detengo un centenar de metros más o menos de distancia y el pelo en la parte de atrás de mi cuello esta enrizado como el de un gato. Moví veloz mi mirada y alcance a ver debajo del asiento del vehículo una pistola calibre 9 y una cámara. Algo parecía ir muy mal, parecía demasiado perfecto como si fuera un montaje.

¿Una emboscada?

¿Estaba siendo paranoico?

Salir del coche parecía impensable, era el movimiento de una película de terror.

Como explore el camino había una linea que podía conducir. Y un chico salio de la calle a mi costado izquierdo desviándose hacia el lado derecho de la mujer, detrás del auto rojo salto inhumanamente hacia el otro lado. Me cayó en la primera marcha, dio puñetazos al capo y conduje con el encima a toda velocidad.

Por un momento pensé que planeaba. Pasé la parte posterior del otro auto sin golpear a cualquiera de los cuerpos en la carretera. Seguí adelante un par de cientos de pies y reduje la velocidad para poder respirar y dejar que mi corazón recuperara su ritmo lento. Mientras miraba hacia arriba en el espejo retrovisor vi que los dos cuerpos habían desaparecido y una veintena de personas salieron de la hierba alta los lados de la carretera por el coche y por donde antes estuviesen los cuerpos.

En ese momento mi pie derecho se estrelló al pedal del acelerador y no deje de conducir a una velocidad exagerada hacia el este. Nunca sabre lo que me hubiera pasado a mi si se me hubiera ocurrido salir del auto para comprobar que los cuerpos eran unos cadáveres o si hubiesen dejado mi auto mas cerca de ellos. De alguna manera no creo que hubiera sido bueno. A veces la vida real puede ser más aterradora que una película.


creeptpasta original: Dangerous Roads

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