FANDOM


Hace tres días por la tarde vino a mi herrería el  joven Carlos, pobre muchacho que quedó huérfano hace unas semanas por culpa de Cassandra, la bruja del pueblo. Recuerdo que  lo vi muy afligido cuando entró a mi taller, pasaron unos segundos en donde se comportó de forma bastante nerviosa, metió un paño dentro de un balde de agua fría que tenía yo para el acero caliente y luego mojó su rostro.

-¿Te traigo un vaso con agua?.- Le sugerí asombrado al ver su actitud.

-¡Víctor! – me dijo con los ojos desorbitados y agarrándome de los hombros.-… ¡la he matado!,¡ maté al fin a Cassandra!



No pude creer en aquel momento lo que acababa de decirme. La sorpresa me dejó mudo por algunos segundos. Nuestro pequeño pueblo lleva mucho tiempo aislado del resto del país y la triste verdad es que no le importamos a nadie. Nuestra única “autoridad” es el padre Agustín, hombre de Dios a quien respetamos mucho. Si alguien se enferma gravemente debemos esperar al menos 4 días para que venga un buen médico de la ciudad a verlo y decida si hay que trasladarlo o no. Comemos lo que cosechamos y solo hay una escuela donde a los niños se le enseña lo básico.

Tuve que sentarme. Era increíble que Carlos (un muchacho apenas) pudiera haber matado a Cassandra, temía que lo fueran a juzgar de homicidio si esta noticia llegara a salir del pueblo, pero a la vez sentí un alivio de que los oscuros días de Sabbath y maldición jamás se repetirían. El siguiente paso fue hablar con el padre Agustín. Nos reunimos en su iglesia junto con Carlos.

-¿Pero qué es lo que has hecho?.- Preguntó el padre Agustín evidentemente asustado.

-Así es, padre…- Respondió Carlos apesadumbrado.- la vi cargando leños del bosque a su casa y al notar que sus manos no estaban libres, no dudé en atacarla y terminar con todo esto. La golpeé en la cabeza con unas rocas hasta destrozársela por completo.

-Padre Agustín, un momento- interrumpí.-…esto no tiene porqué traer consecuencias negativas para Carlos, él nos ha hecho un bien y sería muy injusto que le culparan de un crimen… deberíamos estarle agradecidos.

El padre Agustín solo se sentó en su silla mecedora con una irrefutable expresión de desconsuelo en su rostro para luego hablar.

-Cassandra  ha sido liberada – nos dijo muy apesadumbrado.- al quitarle la vida no han hecho más que hacerla ahora invulnerable para nosotros… ella volverá… su espíritu, su espíritu ahora inmortal e indomable volverá a atormentarnos…

Carlos y yo nos miramos muy asustados. ¿Sería posible que al matarla hubiésemos sellado también nuestra perdición?

-Padre Agustín…-¿existe una posibilidad de evitar eso?- Pregunté.

-Sólo lo que aconsejan para el entierro de una bruja…-Respondió el padre Agustín.- sepultarla en un ataúd boca abajo y sobre eso poner unas láminas de acero bastante gruesas antes de cubrirlo todo con tierra.

-¿Y si la quemamos?- Preguntó Carlos.- Tengo entendido que así es mucho más eficaz.

-No me parece buena idea -Le contestó el padre Agustín.- Al ser quemadas sus espíritus viajan a través de la noche…montados en la suave brisa que recorre las colinas…, hacen cantar a los árboles y pueden poseer el cuerpo de cualquier animal, serían invisibles a nuestros ojos. En cambio al ser sepultadas se vuelven prisioneras de su cuerpo.  De alguna forma pueden ser “controladas”.

Finalmente fuimos los tres a recoger el cadáver de Cassandra. Pobre mujer hija de una anciana misteriosa. Nadie nunca pudo explicarse como una mujer de tan avanzada edad pudo haber tenido una hija, la anciana mujer la crió hasta los 8 años y luego falleció, muchos dicen que la propia Cassandra quien aun siendo pequeña la asesinó de forma brutal. Recuerdo que en el funeral de la anciana (a quien yo conocía de vista por ese entonces, pues yo era solo un chiquillo) la pequeña niña Cassandra no se presentó y todos hablaban de ella. Hasta mis padres quienes en ese entonces estaban vivos temían de su presencia. Luego con el pasar de los años vinieron los rumores de los aquelarres que hacía en el bosque y de la misteriosa procesión de ancianas que vimos una noche donde sostenían unas velas en medio de la oscuridad de las colinas. Tras esos acontecimientos sobrevino lo terrible, la muerte de Juan quien había sido maestro de la escuela y  la de sus dos pequeñas hijas, a los tres cadáveres le faltaban los ojos. Luego le siguió doña Isidora cuyo cadáver fue encontrado cerca de su maizal, le faltaba el corazón. Más tarde vino la misteriosa muerte de los caballos de Ramiro que de un día para otro fueron encontrados muertos en el establo bajo causas totalmente desconocidas y finalmente hace unas semanas los padres de Carlos habían desaparecido. Entre todos comenzamos una incesante búsqueda que tardó tres días hasta que finalmente los encontramos en el río, desnudos y muertos bajo extrañas circunstancias.

Todas las personas que fallecieron o que les vino la desgracia habían tenido algún problema con Cassandra. Cada vez que su figura se veía descender por las colinas y bajaba al pueblo nos infundía un gran temor y todos la evitábamos. Muchas veces la vi caminar por nuestras calles y la gran mayoría de nosotros nos quedábamos en silencio, como si todo fuese normal y nada ocurriera. Si, en esos días inspiraba miedo, pero el verla después ya muerta con su cráneo partido gracias a Carlos… nos devolvía un poco la tranquilidad.

Sacamos el cadáver de Cassandra del escondite provisorio en el que la había puesto el muchacho luego de matarla y decidimos darle sepultura lo más lejos del pueblo posible. Para ello tuvimos la ayuda de solo tres hombres más, no queríamos que el pueblo entero estuviera en el entierro de la bruja, pero la noticia más tarde igualmente se dio a conocer. Enterramos a Cassandra al pie de una de las tantas colinas que nos rodean, pero nos aseguramos de que fuese la más alejada. Seguimos paso a paso las instrucciones del padre Agustín tomando todas las precauciones que se deben considerar en el entierro de una bruja…