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La criatura llamada "Hellhound" (o Can Infernal), existe en el folklore actual. "Hellhound" se refiere básicamente a un canino, un gran perro de color negro rojizo, con gran resistencia y brillantes ojos chispeantes. Algunas leyendas afirman que son los protectores de las entradas a la tierra de los muertos, accesos tales como cementerios.

Incluso hay mitos sobre sus habilidades: se dice que poseen la capacidad de controlar el fuego. Este mundo está lleno de mitos y leyendas, sí; pero lo relevante en todos estos relatos, es que siempre sostienen un poco de realidad sobre ellos...



Una familia en Texas se mudaba a California. Carecían del capital necesario para un viaje aéreo, por lo tanto decidieron conducir; no es que fuera una gran distancia, pero el viaje duraría un día o dos.

La familia estaba conformada de la manera siguiente: la madre, una mujer de cabellos marrones llamada Marie; el padre, un hombre rubio de nombre John; y una pequeña, una niña rubia de unos nueve años que respondía al nombre Millie. Era la hija de la pareja mencionada. Así mismo. tenían un perro, "Chi", de raza Golden retriever. Su pelaje era dorado, largo y oscuro, como es común en la raza; era una pequeña canina juguetona, pero muy protectora. Siempre ahuyentó a cualquiera que se acercara a Millie y velaba por la seguridad de ella.

La familia avanzaba sobre la carretera. Chi se encontraba en la parte trasera con Millie, moviendo la cola mientras observaba los autos y árboles en el camino. Su curiosidad fue  atrapada una vez se dirigieron a una especie de desierto cerca de la frontera con México; los cactus y plantas rodadoras eran muy llamativas.

Cuando salieron de dicho lugar, llegaron enseguida a un pueblo. Las casas mostraban un entorno malo, luciendo un poco apocalíptico: caía todo a pedazos. La gente no parecían ser muy amigable tampoco, todos parecían estar al borde de la locura.

Mientras andaban, el coche se averió provocando que se detuvieran a la orilla de la carretera; cerca había una choza un poco más decente que las demás. John trató de averiguar algo sobre la falla en el auto, miró alrededor del motor pero la puesta de sol le impedía vislumbrar algo. Un anciano salió de la cabaña a un costado y, al ver a la familia, se acercó.

-Disculpe, si no logra poner su auto en marcha, yo estaría encantado de alojarlos en mi choza esta noche. -Lanzó una sonrisa amable a John y Marie. John miró a su esposa, quien sonrió en aprobación, respondiendo enseguida:

-Sí, le agradeceríamos mucho. Muy amable, señor.

-No, en absoluto, señorita. Me alegro de ayudar a aquellos que lo necesitan. -El hombre respondió, y entonces los llevó dentro.

-Millie, ven a dentro con nosotros y trae a Chi. -Exclamó la madre de la pequeña. La niña asintió y entró junto con su mascota. Una vez dentro, el anciano comenzó a preparar comida.

-Deben tener hambre; haré la cena. Hay una habitación vacía en el extremo de la sala que tiene una cama, pueden quedarse ahí.

-Oh, gracias. -Marie sonrió; ella y su marido se dirigieron a la habitación. Millie siguió a sus padres, pero Chi permaneció en la habitación con el anciano, mantenía el ceño fruncido. Desde su entrada a la choza tenía un mal presentimiento acerca del hombre.

Él se dio cuenta de ello, pues Chi lo miraba fijamente. Entonces él echó a reír, sacó una pieza en bruto de bistec y la colocó sobre el suelo. -Te soy sospechoso, ¿no es así? No hay de qué preocuparse; ni a ti ni a tus dueños haré algún daño.

Acarició la cabeza de la perrita, y continuó preparando la comida para la familia. Chi se relajó un poco, y luego olió la carne. Nada mal, por lo que ella podía oler. Tomó un bocado, y comenzó a menear la cola. ¡Era bueno! Procedió a comer, y después de terminar fue a donde Millie.

Esa noche, la familia disfrutó de una comida y agradables conversaciones con el hombre. Después de comer, hablaban y reían. Chi miró que la familia estaba pasando un buen momento. Ahora confiaba en el anciano, totalmente.


Era una noche tranquila. Las estrellas y la luna eran claras en el cielo suave, negro y azul. El canto de los grillos y otros insectos sonaba en de la noche, como un arrullo suave a través del pueblo. Chi y su familia estaban durmiendo en la habitación que el anciano ofreció.

El hombre abrió silenciosamente la puerta del cuarto; una daga afilada estaba en su mano. Mientras se dirigía a la cama, una tabla del suelo crujió; Chi se despertó sobresaltándose, inclinó la cabeza hacia el hombre.

-Shhh, Perrito. -Susurró, poco a poco haciéndose camino hacia la cama. Al ver el cuchillo, Chi empezó a gruñir y la piel en su espalda comenzó a subir. El hombre lanzó una mirada dominante a Chi. -Te dije que callaras, animal. -Protestó, y debido a los ruidos de Chi, Millie despertó.

-Nngh... ¿Chi?  ¿Qué suce-...? -Millie miró al hombre con los ojos muy abiertos cuando vio la daga. Estaba a punto de despertar a sus padres cuando el hombre la atrapó y cubrió su boca. Tan pronto el hizo esto, Chi ladraba salvajemente y hundía sus colmillos en el brazo del hombre. Gruñía mientras se sacudía con fuerza. El ruido y el movimiento despertó a los padres de Millie, pero dos hombres armados entraron en la habitación y dispararon a los dos justo en la cabeza.

Ambos cayeron, la sangre salpicó la pared y la cama. Millie intentó gritar mientras luchaba, pero sus esfuerzos fueron inútiles ya que el hombre la inmovilizaba firmemente. El agarre de Chi presionaba el brazo, provocando que gruñera de dplor. La perra fue separada del sujeto por los otros dos hombres, pero volvió a ladrar mientras se retorcía en los brazos de ellos con desesperación.

En el momento en que se había liberado, el hombre había roto el cuello de Millie, quedando el cuerpo de la niña inerte sobre la cama.

-Date prisa y calla al perro para que pueda extirpar los órganos que necesitamos. -Dijo el anciano. Uno de sus acompañantes tomó un bate de béisbol de una de las esquinas de la habitación y con él, golpeó a Chi fuertemente, dejándola inconsciente.

Cuando Chi despertó, estaba siendo botada en una jaula desde un camión. Miró a su alrededor y, se encontró que había sido llevada a la profundidad de un bosque. Delante de ella había un gran espacio abierto, cerca de veinticinco hombres se reunieron en un gran círculo alrededor de ella.

Ellos estaban animando y gritando, Chi podían oír a los perros ladrando y chillando de dolor. Entonces un terrible olor, un olor a muerte, sangre, el humo del tabaco y el alcohol la debilitó. Chi había sido llevada a una pelea de perros.

Los dos hombres que la habían golpeado ahora estaban arrastrando la jaula hacia la zona de batalla. Vio a un perro marrón grande ser arrastrado, cubierto de cortadas verticales, marcas de mordeduras y sangre. El perro ganador fue llevado a descansar y Chi fue empujada hacia un enorme gran danés puesto en el ring también.

Chi saltó cuando un hombre disparó un arma de fuego al cielo y el gran danés embistió contra ella, ladrándole. Chi entró en pánico y trató de correr, pero los hombres no la dejaron salir del círculo formado. Ella corrió lejos del perro mientras era perseguida, la cola entre las patas y las orejas contra la cabeza. Los hombres empezaron a quejarse y gritarle a Chi, y entonces alguien disparó a los pies de ella, provocando que se perdiera de sí.

El susto fue suficiente para hacer que ella estuviera a la ofensiva. Inmediatamente giró y hundió sus colmillos en el cuello del gran danés, tirando de un lado a otro. El perro aulló de dolor, y luego comenzó deslizar sus garras en ella. Un rasguño cortó a través de su ojo y le hizo chillar, soltando al perro.

Éste apretó sus mandíbulas sobre la cabeza de ella y la sacudió de lado a lado como si fuera un juguete. Chi aulló de dolor y logró liberarse de las garras del perro. Los dos lucharon por un tiempo, y Chi parecía estar ganando.

Uno de los hombres  había hecho una apuesta en contra de Chi. "Seguramente perdería", pensó; chasqueó sus dientes y tiró una piedra hacia ella, golpeándole la cabeza y distrayéndola. En el momento en que ella se volvió a ver el lugar desde donde la atacaron con la roca, el ​​gran danés la atacó comenzando a rasgar su cuello. Chi chilló y aulló de dolor, saltando hacia atrás y tropezando. Cayó con fuerza al suelo, sangrando a un nivel alarmante. Su cabeza ahora estaba conectada a medio camino de su cuello y su sangre era derramada.

Algunos hombres echaron a reír, mientras que uno de ellos murmuró algo a los otros hombres. Ellos sonrieron y asintieron, y entonces los nueve sujetos arrastraron a Chi hacía el bosque. Ella cojeaba, su visión se desvanecía; podía ver el color negro comenzando a rodear la parte exterior de su vista. Los hombres la llevaron a un árbol que tenía una cuerda a su lado.

-¡Ustedes, arrojen el final de la cuerda sobre la rama y yo pondré alrededor de su cuello el otro extremo! -Manifestó uno de los hombres; los demás hicieron lo que dijo. Cuando la cuerda ser encontró alrededor del cuello de Chi, ella se acostó a descansar, pero los hombres empezaron a tirar del otro extremo de la cuerda con fuerza.

Chi se sacudió en el aire, y ella empezó a gruñir de dolor; pronto estos se convirtieron en dramáticos aullidos y ladridos; empezó a agitarse. Un sonido repugnante y bárbaro provino de su cuello, Chi quedó en silencio y no pensó más.


Cuando despertó, aún estaba en el bosque, junto al árbol. Algo estaba apagado, pensó. Al mirar a su alrededor, sus ojos se abrieron en un sobresalto por la sorpresa. Tendido en el suelo, junto a ella, estaba su cuerpo; las últimas gotas de sangre goteaban de su cuello decapitado. Quienes lo hicieron se habían ido; volvieron al círculo formado para pelea de perros.

Ahora era un espíritu, dejada allí para vagar por la tierra. Todavía podía escuchar los sonidos de las peleas, los sonidos de la crueldad sobre criaturas inocentes. Chi bajó su fantasmal cabeza, y sintió algo parecido a un ardor en su interior... un odio hirviente. Su ira aunada con su odio a aquellos que le hicieron daño, incitó a su cuerpo a cambiar. Su pelaje acortado, se convirtió en uno más grueso y oscuro.

Sus músculos se fortalecieron, y sus orejas se tornaron de dóciles a unas firmes y puntiagudas. Sus huesos crecieron con fuerza, sus colmillos estaban bastante nítidos. Sus ojos se pintaron de un color escarlata cual si estuviesen inyectados de sangre, y estos comenzaron a brillar. Al final, su cuerpo se transfiguró en uno sólido. Chi era ahora un perro del infierno, iracundo y vicioso.

El fuego le rodeaba mientras lanzaba gruñidos demoniacos, y dejó escapar un terrible rugido colmado de ira, uno tan infernal y fuerte que los hombres al escucharlo, se congelaron. Incluso los caninos involucrados en la riña actual se detuvieron, tratando de huir por temor. Los hombres observaron el fuego desde la lejanía y corrieron a investigar.

Fueron recibidos por un monstruo infernal, que rápidamente los mató uno a uno. Arrancó sus cabezas con su nueva fuerza encontrada, queriendo que sufrieran el dolor que ella sentía.

En cuestión de minutos, todos los hombres estaban muertos, y Chi de pie sobre sus cadáveres con su estirpe goteando de sus fauces. Sangre humana, carne humana... el sabor a su antojo, satisface la sensación de ardor en su interior.

Después de saciar su hambre, se fue. Ahora era una criatura cuya fuente de vida era el odio y la ira.  Se dispuso a matar cuanto humano se pueda, solo con el fin de saciar su sed.