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Creo que finalmente la he vencido.

Después de todos estos meses de tortura, de temerla, la he destruido.

Ahora, sus fríos ojos grises, hechos del cristal más fino, me miran fijamente, el recordatorio final de su retorcida naturaleza traviesa. Sus ojos son la mejor característica de su cara fracturada; Las grietas dentadas corren por su mejilla izquierda como tantas otras cicatrices.

Clara se sienta en la silla de balancín torcida, aparentemente dócil, pero soy cautelosa por unos segundos más. Quienquiera que diga que las muñecas necesitan a los seres humanos para vivir, no conocen a Clara.

Lentamente, me acerco. Por una vez, sus ojos no me siguen, ni siquiera cuando estoy lo suficientemente cerca como para empañarlos. Puedo verlo ahora: su fuego se ha ido. Lo que había dentro se ha apagado.

Sonriendo, le miro la nariz. ¡Finalmente ha terminado! El ruido de pequeños pies en medio de la noche, encontrarla en lugares diferentes, las conversaciones susurradas entre mi hermana pequeña y ella.

Clara había tratado de alejar a mi hermana de mí desde que se la regalaron a Meg para su cumpleaños. Antes, Meg me miraba; Ahora, apenas lo hace.

Esa muñeca le había susurrado demasiados secretos…

A Clara le encantaba causar problemas, romper cosas, desgarrando nuestros cojines y garabateando en la pared. Al principio, nuestros padres pensaron que Meg lo hacia, pero me culparon después de que Clara volviera a atacar cuando los tres estaban fuera. Por supuesto, no me creyeron cuando les hablé sobre esa maldita muñeca. ¡Como si yo me pusiera a dibujar con pinturas en las paredes!

Eso no fue suficiente para ese espíritu o demonio, o como quiera llamarse. Podía oírla en la noche, correteando en la habitación de Meg y mía, observándonos con sus ojos de cristal. Una forma más de separarnos…

Pero eso ya es el pasado. Clara se ha ido. Y puedo continuar mis planes…

Buen intento de mantenerme alejada de mi hermana, Clara. Pero… ¿sabes que?

Aun pienso matar a Meg.