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En una noche de verano, Renata estaba sentada en una lápida; en ella se podía leer el nombre de Leo Wilson.

Hacía seis meses que habían enterrado a ese chico que murió a manos de su mejor amiga. Aun siendo algo que a muchos había entristecido, Renata sonreía con despreció al pensar en ello. No hacia el hecho de que Leo estuviera muerto, sino hacia esa gente que lamentable la pérdida de su amigo. “¿Acaso no podían comprender que Leo seguía vivo en sus intestinos?” Pensaba ella mientras se tocaba los labios. Pronto iría a por Johanna pero debía esperar a que las cosas se calmaran, aun no era el momento. Ensimismada en sus cosas, Renata se fijó en que a unos metros no muy lejos de ella, había una muchacha pálida y que vestía totalmente de azul, estaba dejando unas rosas negras en una lápida. Normalmente a esas horas Tasterfaces atacaría en un lugar justamente como era el cementerio pero incluso siendo de noche, Renata negó sus instintos.

Ya fuera por el motivo de su visita o el olor a muerte que desprendía la muchacha, Renata no tenía nada de hambre.

La muchacha al darse cuenta de la mirada de Renata, se levantó. Ela hacía dos días que no mataba a nadie pero aun así ya sentía ansias de reventar la cabeza de alguien y poder jugar con los sesos de su víctima. Visitar la tumba de Andy era lo único que junto con matar, le motiva para seguir con sus crímenes de horror.

Ela se dirigió hacia Renata mientras pensaba como repartiría los órganos de la chica por todo el cementerio pero justo cuando ya estaba a un metro y medio de distancia, se fijó en el rostro de la chica. Ela al mirar a Renata, se vio a sí misma reflejada en ella.

- ¿Querías algo? - Preguntó Renata hacia Ela.

- No... es solo que me recuerdas a alguien. ¿Has sufrido la perdida de alguien? - Dijo Ela.

- Más que perder, he ganado. Ahora él y yo somos uno solo.

Entonces Ela sintió una fuerte envidia. Tal vez lo malinterpretó pero incluso si hubiera entendido las palabras de Renata, probablemente se sentiría así de todos modos. Las fantasías que Ela había tenido con Andy solo serían eso, a fin de cuentas; los muertos no pueden ni hacer placer ni mucho menos sentirlo.

- Así que has obtenido gozo... te envidio pequeña zorra. - Dijo Ela.

Al oír eso, Renata soltó una bufido acompañado de una leve risita.

- Es cierto que gracias a él pude saciar mi apetito pero no creo que eso sea de zorras.

- Oh disculpa mis modales, es solo que maté al único chico que amé.