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En verdad no quería hacerlo, pero no me dejaron alternativa. La soledad, la envidia, la tristeza y la falta de cariño e atención, hacían que, más mi mente, tomara aquella decisión. No soy alguien con problemas mentales, o por lo menos no me considero así. Soy una persona amable, atenta, cariñosa y que se preocupa por todos. Sin embargo, ellos no hicieron lo mismo que yo hacía por ellos.

Todo comenzó un día en los que iba a la escuela. Hacía algo de frió y lo sentía pese a tener un gran abrigo. Al llegar al aula vi a mis compañeros de clase, que no tardaron y girar sus cabezas para mirarme y saludarme. Un gesto bonito ¿No crees? Pero eso no evitó que sacara una pistola y les disparara en toda la cabeza. Los gritos, llantos y ruegos de perdón, no les sirvió de nada. Mi sedición era firme y clara. Debo decir que a pesar de que solo algunos fueron los que me trataron mal, no me importó matar a los demás, ya que sino se lo dirían a alguien. Fuera del aula se oían los gritos de los demás cursos huyendo, pero para su suerte, ya había acabado, con lo que vine a hacer. Solo abrí la ventana y salté desde el segundo piso. No me morí y tampoco grité o me quejé del dolor. Seguí mi camino a casa, a comer algo y a inventarme una excusa a la inocente de mi madre. Seguro que te preguntarás el porqué, ¿no? Si no ha quedado claro, te lo diré ahora, uno por uno.

Javier, era un amigo mío y compañero de clases. Era alguien que no se estaba quieto, siempre le gustaba hacer deporte hasta en horas de clase, esto hacía que lo regañaran varias veces. Lo malo es que por esa hiperactividad, no me hacía caso y ni siquiera me ayudaba en gimnasia. Algo que lo pagó muy caro e hizo que lo hiciera.

Yolanda, una chica amable y atenta con todos, tanto hombres como mujeres. Ayudaba a todo el mundo, daba igual qué problema tuvieran, siempre estaba allí para echar un cable. Era algo hermosa, por lo que la gente siempre la rodeaban inventándose problemas, y les funcionaba. Sin embargo, nunca me ayudó a mí. Puede ser porque estaba ocupada con los demás problemas, pero un día me torcí la pierna delante de ella y ni se inmutó. Fue la segunda a la que disparé en la cabeza.

Tomas, era el típico ligón y guaperas de la clase. Era buen amigo mío, o eso creía. Él siempre me pedía consejos para ligarse a alguien y dinero, para comprase su comida. Al principio pensé que eso es lo que los amigos hacían, pero no era así, se estaba pasando. Era alguien egoísta y que si ligaba, era gracias a mí. Fue el tercero al que disparé.

Monica, como no olvidarse de semejante mujer. Porque eso es lo que era ella, una mujer que había nacido entre niñas de infantil. Su hermosura y cuerpo, superaban al de todas, pero su carácter de superioridad hacia los demás, derivaba a un gran enojo si alguien se le ocurría tocarla o rozarla si quiera. Yo era el único al que me permitía estar más cerca suyo, no sé el porqué de eso. Lo que hizo que le disparara fue que sin querer golpeó a mi hermana de tal fuerza que sangró por la cabeza e hizo que se cayera escaleras abajo. Sé que me pidió disculpas, pero eso no impidió que mi hermana se quedara toda una semana en el hospital y con pérdida de memoria temporales. Soy alguien compasivo, por lo que fue la última a la que disparé, pero con los demás no fui así.

Victor, era el molote y estúpido de la clase. Era también amigo mío, pero siempre me estaba pegando y molestando. Nadie le soportaba y yo ya estaba perdiendo la paciencia con él. Pudo ser la primera persona a la que disparé, pero creo que no hay otra persona o cosa que supera a la primera.

Claudia, era una zorra de mucho cuidado. Antes era mí novia, íbamos todo el rato juntos y hacíamos cosas juntos, lo típico en las parejas. Ella siempre me apoyaba cada día de mi vida. Me decía cosas hermosas para superar a tales amigos que tenia. Era dulce y para mí era hermosa, pese a llevar gafas y tener algo de acné, era normal en una chica de 11 años. Aunque nunca hablé con ella sobre el tema, pues quería venganza, la vi a ella y otro chico de mi clase besándose y según los rumores, la dejó embarazada por accidente. Si me lo hubiese contado, quizá la hubiera perdonado, o quizá no, la verdad, ahora no estoy tan seguro de nada. A ella la apuñalé repetidas veces en la barriga y le desfigure la cara a base de pistolazos. El que es infiel, es el auténtico malo, no el que la incita a la infidelidad.

Creo que ya he hablado mucho, mi señor. Sabía que hablar con usted de este tema, me libraría de todo pecado. No diga nada, está bajo confesión, no querrá enfadar a Dios, ¿No? ¡Ah, sí! Ya se me olvidaba. Me gustaría contarle una cosa antes de irme a un sitio mejor. Cada noche, tengo unas horribles pesadillas, con las personas que maté aquel día, más bien a las que odio, los demás están de fondo mirándome sin ojos en las cuencas oculares. Mis amigos me dice todo el rato "¿Por qué lo hiciste?" o "No me esperaba esto de ti"  Son muchos días los que llevo escuchándolos, y ya no lo aguanto, padre. El suicidio no me llevará con Dios, no es lo que quiere él que hagamos. Somos personas que cometemos pecados todos los días. Somos imperfectos y de eso no escapo yo. Somos mortales y algún día nos tocará morir y estar en la gloria bendita. 

Padre, voy a perdonar a mi amigos en el más allá, creo que me entenderán. Estoy seguro de ello. No querrán sufrir de nuevo.

Autor: Ike Romanof 07:47 27 oct 2017 (UTC)