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Día 1:

Me desperté confuso. Estaba atado con cuerdas a una silla de madera en una sala oscura. No sabía dónde estaba ni porqué no estaba en mi cama. No recordaba nada de lo que me sucedió antes de perder la consciencia por última vez. Luego de varias horas sin poder moverme, se abrió la puerta y entró un hombre encendiendo la luz. La luz era tenue, pero me permitió ver que el hombre llevaba un traje formal y una máscara de payaso puesta, así que no le pude ver el rostro. Pude apreciar que en la habitación no había nada más que una cámara de vídeo. Estaba demasiado asustado como para preguntarle por cualquier cosa, así que le supliqué que no me hiciera daño. El hombre empezó a grabar de inmediato y salió de la habitación dejando la luz encendida. Pasaron varias horas, sin duda, y se me hizo eterno, ya que no pasó absolutamente nada. No podía ver ningún reloj, pero estaba completamente seguro que desde que desperté habían pasado mínimo unas 5 horas sin poder moverme ni un dedo ni comer nada. Ese día fue el día más largo de mi vida.

Día 2:

Desperté porque me dio una bofetada. Vi que la cámara ya estaba grabando cuando desperté. El hombre sacó un bocadillo de pescado y me obligó a comerlo. Estaba asqueroso, aunque me moría de hambre, así que no tardé mucho en acabármelo. El hombre me acarició la cabeza y acto seguido me dio un puñetazo en la mandíbula. Era muy doloroso. Justo después de pegarme me acarició, luego apagó la cámara y salió de la habitación.

Día 3:

Desperté, porque mientras dormía me había puesto auriculares y puso música pop al máximo volumen. Como deduje, la cámara ya se encontraba grabando. Me dio de comer espaguetis con atún y agua, pero el agua se encontraba en el plato, de modo que los espaguetis estaban sumergidos en el agua y el atún flotaba. Me entraban arcadas. Me lo comí igualmente. Salió de la habitación sin parar la cámara. Pasados unos minutos volvió a entrar con guantes de boxeo y empezó a pegarme en la barriga hasta que vomité la comida. Luego lo fregó y me dio una barra de pan para comer.

Día 4:

Desperté debido a que aquella persona me tiró agua hirviendo a la cara. Ya era el cuarto día que pasaba sin poder cambiar de postura ni una sola vez. Me dolía el cuerpo por falta de movimiento. Naturalmente, la cámara estaba grabando. Lo primero que vi fue que había un gran foco delante de mí. El hombre apagó la luz y estaba completamente a oscuras. Dejó pasar mucho tiempo para que me acostumbrara a la oscuridad. Se me hizo eterno, aunque no sabría decir si pasaron 15 minutos, media hora o una hora. Entonces, cuando mis ojos estaban completamente adaptados a la oscuridad, encendió el foco. Este era extremadamente potente y me apuntaba directamente a la cara desde un metro y medio de distancia. Era demasiada luz, me podía haber quedado ciego. La luminosidad era tanta, que aunque si cerraba los ojos, seguía deslumbrándome. Lo dejó encendido un par de minutos y luego lo apagó. Encendió la luz nuevamente, me dio un puñetazo en la barriga, y salió de la habitación. Luego me trajo de comer un plato de macarrones con tomate. A pesar de todo lo que me hizo, estaba totalmente agradecido por la comida.

Día 5:

Desperté porque me cortó el hombro con una navaja. El corte no era muy profundo, pero dolía mucho. Aunque ya lo sabía, comprobé la cámara para confirmar que estuviera grabando. No me llevé ninguna sorpresa, ya que sí estaba grabando. El hombre tenía un corta uñas en sus manos. Me dio miedo. Empezó a cortar las uñas de mis manos cuidadosamente. Como mis manos estaban atadas no las pude mover, aunque si no hubieran estado atadas no hubiera intentado nada igualmente. Cuando terminó me quitó los zapatos, luego los calcetines, y me cortó las uñas de los pies, los cuales hacían un olor repugnante. Cuando terminó acercó el corta uñas a mi cabeza y me arrancó las pestañas de arriba de mi ojo derecho. Era lo que más me había dolido en mi vida.

Día 6:

Desperté porque tiró mi silla hacia atrás y caí de espaldas, de modo que atado a la silla, estaba mirando el techo. Debido a mi postura no podía ver la cámara, pero era evidente que estaba grabando. Quería suicidarme, pero era imposible. Entonces el hombre acercó la cámara para que pudiera grabar mi rostro y prosiguió a torturarme. Utilizó el método que consistía en ponerme una toalla cubriéndome la cara y luego echó agua por encima de la toalla hasta que casi me ahogara. Evidentemente no iba a dejarme morir. La tortura se extendió lo que creía que eran dos horas con descansos de veinte minutos cada diez minutos.

Día 7:

Desperté ya que sentí un cosquilleo en el cuello. Me había puesto una araña pequeña en la cara. Moví mi cabeza para intentar tirarla al suelo, pero no lo conseguí. La cámara estaba grabando. La araña estuvo varios minutos paseándose por mi cara hasta que decidió entrar por mi oído izquierdo. Nunca supe nada más de la araña. En medio de la desesperación me di cuenta de lo delgado que estaba. Estaba en los huesos. Esto se debía a que estaba comiendo muy poco esos días. Luego de un par de horas me empezó a doler mucho el oído. Me dolía demasiado, pero no podía hacer nada.

Día 8:

Desperté porque me había dado una descarga eléctrica con un teaser. La cámara, naturalmente, se encontraba grabando. Ya había pasado una semana desde que desperté allí por primera vez, o eso creía, ya que realmente no sabía la cantidad de días que habían pasado. Para mí, un día era desde que despertara hasta que me durmiera, pero como no tenía acceso a un reloj o a la luz del sol, en realidad no podía saberlo con certeza. El hombre escribió en un cartel que cada vez que parpadeara recibiría una descarga eléctrica y lo enseñó a la cámara. Lo que sentí en ese momento fue lo peor. Una impotencia bestial. Evidentemente parpadee varias veces y recibí una descarga por cada una de ellas. Las descargas no eran demasiado fuertes, pero contando que recibía una descarga más o menos cada diez segundos, es una tortura insoportable.

Día 9:

Desperté porque dejó caer una pesa de dos kilos sobre mi pie izquierdo. Me dolió mucho. Estaba seguro de que me había roto algún dedo. La cámara estaba grabando, como de costumbre. El hombre tenía un pela patatas en sus manos. Me daba mucho miedo. Empezó a pelar mis dedos de las manos como si fueran zanahorias. Me sangraban bastante. Cuando terminó hizo lo mismo con los dedos de los pies. Luego se fue de la habitación dejando la cámara grabando. La cámara grabó mis gritos y llantos, y también como poco a poco me desangraba. Estaba intranquilo, ya que a pesar de que él no estuviera en la habitación, había una cámara grabándome constantemente, así que se sentía como si estuviera conmigo todo el rato.

Día 10:

Desperté porque apretó mis heridas. La cámara seguía grabando. Me apretó los dedos de la mano derecha, así que abrió las heridas y sangré de nuevo. En los otros dedos la sangre ya se había secado y estaba sólida. Ni se molestó en limpiar las heridas. La tortura de ese día fue repetida. Cogió un corta uñas y me arrancó todas las pestañas que me quedaban. Fue horrible. Cada día que pasaba allí tenía más ganas de morir de una vez. Quería que me torturara tan fuerte hasta que finalmente me matara, pero no parecía que llegara ese día. Siempre estaría intentando infligirme el máximo daño sin llegar a matarme. Lo odiaba por eso.

Día 11:

Desperté porque un foco iluminó mi cara. Estaba acostado. Naturalmente, atado y con una cámara grabándome. Estaba en lo que parecía ser la sala de un hospital abandonado. Me miré las heridas que él me abrió el día anterior y me di cuenta que mis dedos estaban hinchados y morados. No podía mover esos dedos. Se podría decir que esos dedos habían muerto. Tenía un cuchillo de carnicero en sus manos, y no había ningún signo de anestesia. Entré en pánico. Empecé a llorar. Después de tantos días me di cuenta de que aunque te torturen a diario, no te puedes acostumbrar a ello. Me cortó la mano derecha. Esta vez sí que trató el muñón para evitar que me desangrara. Evidentemente no lo hizo porque se preocupara por mí, sino para que no muriera por desangramiento. Si muero, su diversión se acaba. Así de simple.

Día 12:

Cuando desperté vi que la cámara no estaba grabando. Eso era porque desperté antes de que él llegara. Escuché pasos en el pasillo, así que asustado, miré por la puerta, que se encontraba abierta, y lo vi a él llevando el cadáver de una mujer a otra sala del hospital abandonado. Colocó su cadáver en una mesa que no alcanzaba a ver porque lo tapaba una pared. Entonces vi como el hombre se quitaba toda la ropa y luego caminó hacia donde estaba ese cadáver. La pared lo tapó todo, aunque deduje lo que pasó. Cuando terminó vino a mi habitación desnudo y encendió la cámara. Me amputó el brazo izquierdo sin anestesia. Después de eso se podía decir que era manco.

Día 13:

Cuando desperté estaba en un bosque. Me encontraba colgado boca abajo por los pies a una rama de un árbol. Había una cámara GoPro atada en el árbol enfrente de mí. No sabía exactamente dónde me encontraba, pero por alguna razón tenía esperanzas de que pudiese haber gente cerca. Grité pidiendo ayuda, pero nadie vino. No me rendí. Seguí gritando durante un rato hasta que escuché un ruido. Algo se movía entre los arbustos. De entre uno de ellos salió un oso. Grité más fuerte. Necesitaba pensar que vendría alguien a salvarme. No fue el caso. El oso me mordió el hombro. Naturalmente no podía defenderme, ya que estaba atado y no tenía manos para apartarlo. Era como un cadáver consciente. El oso empezó a devorarme lentamente, comiendo cada parte de mi cuerpo, arrancando mi cara, mordiendo mis costillas, mientras yo era totalmente consciente y mi indefenso cuerpo se balanceaba sobre aquella rama.




metalrotten (discusión) 17:00 29 nov 2018 (UTC)metalrotten